Nos referimos a un mercado que entre los cuatro miembros de la Alianza del Pacífico abarca a más de 200 millones de personas, convirtiéndose en la octava economía del mundo. Frente a esta innegable oportunidad debemos ser críticos con todo aquel que vea en esta iniciativa un objetivo político, pues no lo tiene ni debe tenerlo nunca. Es una instancia económica que debe impulsar desde la vereda de lo público el libre tránsito de bienes y velar por que no existan trabas que lo frenen, remar por que tengamos cada vez más libertades en pos del bien común.
Publicado el 23.03.2017
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A días de que Chile fuera el anfitrión de la primera reunión entre once países para analizar el futuro del comercio en la región tras la decisión del Presidente Trump de retirar a EE.UU. del acuerdo Transpacífico (TPP), quiero rescatar las palabras de nuestro canciller, Heraldo Muñoz: “El mensaje básico es que el comercio no es un juego en el que uno gana y el otro pierde, todos podemos ganar en conjunto.”

Y cuando se habla de todos, nos referimos a un mercado que entre los cuatro miembros de la Alianza del Pacífico abarca a más de 200 millones de personas, convirtiéndose en la octava economía del mundo. Frente a esta innegable oportunidad debemos ser críticos con todo aquel que vea en esta iniciativa un objetivo político, pues no lo tiene ni debe tenerlo nunca. Es una instancia económica que debe impulsar desde la vereda de lo público el libre tránsito de bienes y velar por que no existan trabas que lo frenen, remar por que tengamos cada vez más libertades en pos del bien común.

Nuestro país ha sido un acertado líder de la Alianza, como lo demostró el martes cuando en medio de su presidencia pro tempore se acordara la creación de la figura de miembros asociados, el primer paso para firmar acuerdos comerciales con nuevos países y abrir (aún más) las fronteras.

No hay duda alguna de que la AP ha actuado como un fuerte bloque, incrementando de manera notable su poder de negociación frente a México, Colombia, Chile o Perú por separado, además de lograr la circulación sin aranceles de más del 90% de los productos, la eliminación de visados, la integración de sus Bolsas y hasta la movilidad académica para sus alumnos, entre otras cosas. La misión de la Alianza, de incentivar negocios conjuntos, brinda oportunidades para la inversión extranjera, pero todo sería aún más fácil si los Gobiernos pusieran mayores esfuerzos en simplificar procesos y regulaciones para promover inversiones conjuntas.

Lo anterior también debe verse como una oportunidad para fomentar el desarrollo y el impacto del emprendimiento y la innovación en los países miembros. Sin sus emprendedores y el apoyo público/privado necesario para que estos crezcan, se internacionalicen y lleguen a ser verdaderos casos de éxito, los países de la Alianza del Pacífico no llegarán a desarrollarse: son los emprendedores de alto impacto quienes hoy tienen la capacidad real de transformar las economías locales en donde están presentes, sobre todo estas cuatro economías que, en mayor o menor medida, han caído en la recesión mundial y ya no crecen como hasta hace pocos años atrás.

Como concluyó el canciller Muñoz: los países de la Alianza “igualmente podemos perder en conjunto si tomamos el camino del proteccionismo”.

 

Jorge Errázuriz, director Endeavor Chile

 

 

FOTO: PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO