El gobierno ha mantenido programas que se duplican o incluso triplican en distintos ministerios, con el mismo fin; con gastos de administración que comprometen a veces hasta la mitad de sus presupuestos; y lo más grave, que no cumplen con el objetivo para el cual fueron creados. Además, ha cruzado la frontera de lo prudente, multiplicando la contratación de funcionarios, que hasta ahora no ha logrado justificar.
Publicado el 10.11.2017
Comparte:

Tal como la temperatura alta y la humedad del Caribe alimentan la vegetación exuberante, el clima previo a una elección presidencial favorece la divulgación de verdades a medias, terrores nocturnos, proyecciones excesivamente optimistas o, de frentón, falsedades, que corren a la velocidad del rayo por WhatsApp y otras redes, y que se toman los cafés y sobremesas con la familia y los amigos.

Permítame exponer acá algunas verdades, frente a dos de esos “matorrales” que han emergido en los últimos días. Uno está siendo alimentado por el gobierno y la izquierda, el otro por una derecha que no forma parte de Chile Vamos, y aspira a probarse electoralmente en esta campaña.

Partamos por la actitud ofendida que ha adoptado el gobierno de la Presidenta Bachelet ante una de las propuestas de Sebastián Piñera, para financiar parte de su programa: reformular programas mal evaluados y cortar “grasa”, dos filtraciones de valiosos recursos, archiconocidas por quienes tienen experiencia en el funcionamiento del Estado de Chile. Ministros, subsecretarios y toda la cadena de mando hacia abajo, advierten desde salas de prensa y redes sociales, que con Piñera se viene un cataclismo, el desamparo a los más pobres, despidos masivos, etc.

La verdad es más sencilla y lamentable. De los 79 programas evaluados por la Dirección de Presupuesto entre 2014 y 2017, más de la mitad (47) fueron calificados con desempeño “Insuficiente”, comprometiendo casi dos mil millones de dólares entre esos años. Tengamos presente que lo anterior es una muestra (desconozco cómo se selecciona) y no la evaluación del 100% de los innumerables programas que financia hoy el Estado.

Respecto de la “grasa” o, si lo prefiere, la plata fiscal mal gastada, sólo un par de datos, para que no se deje emocionar por las lágrimas que derraman en La Moneda. Durante la actual administración se han contratado 50 mil nuevos funcionarios y se han destinado más de dos mil millones de dólares adicionales para el pago de sueldos y viáticos en el sector público. Adicionalmente, y entre otras excentricidades que se han admitido en estos años, se han multiplicado los viajes fuera de Chile y el tamaño de las delegaciones oficiales.

En síntesis: el gobierno ha mantenido programas que se duplican o incluso triplican en distintos ministerios, con el mismo fin; con gastos de administración que comprometen a veces hasta la mitad de sus presupuestos (sueldos, papelería, arriendo de oficinas, viáticos, etc.); y, lo esencial, que no cumplen con el objetivo para el cual fueron creados. Además, ha cruzado la frontera de lo prudente, multiplicando la contratación de funcionarios, que hasta ahora no ha logrado justificar. Lo responsable e inteligente no es aceptar con resignación los malos resultados ni el despilfarro, sino corregirlos o destinar esos recursos para otras causas, que contribuyan de verdad a mejorar las oportunidades y calidad de vida de sus beneficiarios.

El segundo hecho político que se alimenta al calor de la campaña es la invitación que se está haciendo a los electores que muestran preferencia inicial por Sebastián Piñera, a votar por José Antonio Kast, para que “ambos pasen a segunda vuelta”.

Aun concediendo la posibilidad de que las encuestas se equivocan, tampoco son tan groseramente distantes de la realidad (revise los sondeos previos a las primarias y podrá comprobarlo). No se entiende de qué manera un candidato que hoy registra una intención de voto por debajo del 8%, puede superar en los próximos días a Alejandro Guillier -el candidato que probablemente obtendrá la segunda mejor votación- quien, puntos más o menos, registra en torno al 20% de las preferencias. Eso es una ficción y me temo que quienes han diseñado esa campaña lo saben.

Por nada del mundo me atrevo a imaginar que lo que se pretende es captar votación de Piñera con el propósito de debilitar su posición el próximo 19 de noviembre y, con ello, forzarlo a enfrentar una segunda vuelta, más difícil y más incierta. Pero es lo que probablemente ocurría, de tener éxito. Si un elector aspira a que Sebastián Piñera sea el próximo Presidente de la República, lo sensato, lo obvio, es que vote por él en la primera vuelta, porque mientras mejor sea su resultado, mayores las posibilidades de derrotar en diciembre a la izquierda. Es así de simple.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile

@isabelpla

 

 

FOTO: RODRIGO SAENZ/AGENCIAUNO

 

Ingresa tu correo para recibir la columna de Isabel Plá