Hay que ocuparse de generar políticas públicas pensando en nuestros mayores y destinar recursos municipales y del Gobierno central para los que actualmente necesitan con urgencia ayuda. Para los que en un futuro no muy lejano tendrán más de 60 años y requerirán también un espacio en la sociedad activa, debemos crear condiciones de empleabilidad que respondan a sus múltiples habilidades e intereses.
Publicado el 25.05.2017
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Que la población de adultos mayores superará a los niños de 15 años o menos es una realidad que está a la vuelta de la esquina: 2025. Pero no podemos esperar  que el paso del tiempo resuelva problemas que sabemos de antemano vendrán. Los adultos mayores son un grupo que requiere de ser apoyado en dos dimensiones. La primera es paliativa y la segunda estructural.

Probablemente a nivel municipal se encuentran quienes están más cerca de la casa donde hay un adulto mayor, y es esperable que con nuestras acciones comunales, aborden sus problemas con más eficacia y focalización. Esto resulta ser obvio, porque siendo la comuna la unidad más básica del Estado, tiene la mejor forma de entenderlos e ir en su ayuda.

En cuanto a lo paliativo, sabemos que según el INE al 2015 había cerca de 2,6 millones de personas que tenían 60 años o más y por lo tanto, con necesidades que deben ser abordadas hoy. Junto a lo anterior, al 2025 habrá cerca de 3,8 millones de adultos mayores, es decir 100 mil más que niños de 15 años o menos, por lo que en solo diez años la población adulto mayor se habrá incrementado en 1,2 millones de personas. Ésta es la señal de alerta.

Hoy las municipalidades deben estar conscientes de que hay múltiples necesidades y se requiere tener una serie de programas focalizados en los más vulnerables de los adultos mayores de hoy. En particular, hay que hacer muchos esfuerzos para dar soluciones a los no valentes, enfermos y también a quienes tienen más de 70 años.

Éstos últimos tienen capacidades que probablemente quieran seguir usando en algún tipo de empleo que les permita mantenerse activos, ya que de lo contrario el deterioro cognitivo que se les produce al no tener una actividad los lleva a situaciones de depresión muy complejas.

Esta semana se aprobó un acuerdo en la Cámara de Diputados para pedir al Ejecutivo que envíe un proyecto de Ley que reconozca una nueva clasificación etaria, la cuarta edad. Esta iniciativa tiene todo el sentido del mundo, considerando que la población entre 60 y 80 años tiene un nivel de actividad superior a los mayores de esa edad y que están en condiciones de seguir realizando alguna actividad remunerada.

En definitiva, hay  que ocuparse de generar políticas públicas pensando en nuestros mayores y destinar recursos municipales y del Gobierno central para los que actualmente necesitan con urgencia ayuda. Para los que en un futuro no muy lejano tendrán más de 60 años y requerirán también un espacio en la sociedad activa, debemos crear condiciones de empleabilidad que respondan a sus múltiples habilidades e intereses.

 

William Díaz, economista

 

 

FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO