Aunque nunca son perfectas, como los procesos electorales tienen similitudes, las comparaciones son útiles para entender, a partir de las realidades que mejor conocemos, las realidades electorales y las dinámicas de campaña de otros países.
Publicado el 29.01.2016
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Mostrar similitudes entre los aspirantes presidenciales estadounidenses y los presidenciables chilenos ayuda a entender las dinámicas que han marcado la contienda por suceder a Barack Obama y permiten sacar lecciones para los compatriotas que aspiran a suceder a Michelle Bachelet en marzo de 2018.

A tres días de que las asambleas de Iowa inauguren la temporada de primarias en Estados Unidos, la campaña estadounidense cautiva por el éxito que ha tenido el magnate Donald Trump. Con un discurso agresivo y posturas ofensivas contra latinos y otras minorías, Trump ha sabido apropiarse del descontento de los más conservadores —y en su mayoría blancos— marginados por la globalización. El éxito de Trump ha ayudado a que otros republicanos igualmente extremistas desplacen a los candidatos más moderados del partido. El favorito inicial, Jeb Bush, está quinto en las encuestas. El senador cubano americano por Florida, Marco Rubio, estrella emergente republicana, ha sido desplazado por su colega, el senador cubano americano por Texas, Ted Cruz.

En el Partido Demócrata, la favorita Hillary Clinton se ha visto complicada por la irrupción del senador socialista por Vermont Bernie Sanders (que compite en las primarias demócratas). Irónicamente, uno de los temores que tenían los estrategas de Clinton era que a sus 68 años, la ex Secretaria de Estado tendría problemas para conectar con votantes más jóvenes. Pero a sus 74 años, Sanders ha generado un entusiasmo entre los votantes jóvenes similar al que en 2008 ayudó a Obama a arrebatarle la candidatura a Clinton.

Las leyes electorales y de financiamiento de campaña en Estados Unidos son muy distintas a las chilenas. Además, a diferencia de Chile, en USA los ex Presidentes no pueden buscar la re-elección. Con todo, hay algunas similitudes entre lo que pasa en la carrera presidencial estadounidense y las dinámicas que se empiezan a observar en la contienda en Chile.

Aunque ha sido la candidata presunta desde que fue derrotada en las primarias de 2008 por Obama, Hillary simplemente no convence a la base demócrata. En eso, Hillary se parece al ex Presidente Ricardo Lagos. En el papel, es la candidata perfecta, pero las encuestas muestran que aunque los estadounidenses de izquierda y moderados aceptarían votar por ella, la ex primera dama simplemente no entusiasma. A Hillary, igual que a Lagos, le va mejor con las bancadas de los partidos que en las ferias con votantes indecisos. En Chile, los partidos de la NM no tienen alternativa al candidato inevitable. El PDC Ignacio Walker es como el ex gobernador de Maryland, Martin O’Malley. En el papel, tiene todos los atributos necesarios —centrista, pragmático y con una carrera incólume—, pero no entusiasma a nadie.

En USA, Bernie Sanders apareció de la nada y ahora tiene a Hillary contra las cuerdas. Porque igual que Sanders, intentará una toma hostil de la NM, Marco Enríquez-Ominami aparece como la principal preocupación de Lagos, el candidato inevitable del oficialismo. Igual que el aparato demócrata hace con Sanders, el aparato de la NM está entre los que dan por muerto a ME-O y los que lo quieren frenar a como dé lugar. Una lección que debiera aprender la NM de la experiencia de los demócratas en USA es que, cuando no hay química, la gente se resiste a tragarse al candidato impuesto por la elite.

Si la NM son los demócratas, la Alianza son los republicanos. La irrupción de Trump es como la irrupción de Parisi en 2013. Aunque el economista chileno era más amigable, su discurso de winner y de que todos ganarán si él gana debilita a los candidatos del establishment. El candidato obvio, Jeb Bush, simplemente no dio el ancho en la arena de la campaña. Ahí hay una advertencia a los que creen que Sebastián Piñera tiene la carrera ganada. Es cierto que Piñera ya ganó una elección nacional, pero su pasivo, al igual que el de Bush, es que su presencia hace que la gente inevitablemente piense en los logros y fracasos del último gobierno de su sector.

Ted Cruz representa la insurgencia dentro del Partido Republicano. Su discurso en defensa de los principios conservadores y su tendencia a ir de frente y pelear con facilidad, hace que Cruz se parezca al senador Manuel José Ossandón. Aunque el senador republicano tiene menos carisma que el ex alcalde de Puente Alto, ambos son vistos por los poderes fácticos de sus partidos como piedras en el zapato.

La larga lista de otros aspirantes republicanos (llegaron a ser 16, ahora quedan 12 en carrera) se completa con nombres menos relevantes (lo mismo que ocurre con la creciente lista de candidatos que aspiran a liderar la oposición a la NM). Igual que en Chile, esos nombres son más bien para notas al pie de página que poseedores de opciones reales de llegar a la presidencia.

Aunque nunca son perfectas, como los procesos electorales tienen similitudes, las comparaciones son útiles para entender, a partir de las realidades que mejor conocemos, las realidades electorales y las dinámicas de campaña de otros países.

 

Patricio Navia, Foro Líbero y académico Escuela de Ciencia Político UDP.

 

 

FOTO:FRANCISCO CASTILLO D./AGENCIAUNO

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