Los elementos principales de la definición de acoso son la connotación sexual y la unidireccionalidad de la conducta. De esta forma se logra distinguir de lo que coloquialmente se denomina un “piropo”.
Publicado el 25.06.2018
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El pasado 25 de mayo el Juez de Policía Local de Casablanca afirmó, mediante una publicación en su tribunal, que, en Casablanca, recomendar ensalada a una mujer para mantener la figura no constituye infracción ni acoso sexual callejero, agregando que “si usted es citado por este hecho entregue la boleta en el mesón y será absuelto”. Esta conducta representa un retroceso en materia de protección de la víctima de acoso sexual callejero. No cabe duda de que la decisión del juez puede ser criticada desde varios puntos de vista. Por ejemplo, la circunstancia de que el magistrado alude e interpreta una ordenanza municipal fuera de su jurisdicción, y por tanto excede sus competencias. Sin embargo, me gustaría abordar aquellas consecuencias negativas relacionadas con la protección de la víctima de acoso callejero.

Vamos al hecho en cuestión: un vendedor de ensaladas expresa a una mujer que coma ensaladas para mantener su linda figura. ¿Acoso callejero o piropo? Según mi opinión, estamos ante un claro caso de acoso callejero. ¿Qué debemos entender por eso? Marco Billi, profesor de la Universitá Luigi Bocconi, define acoso sexual callejero como toda practica de connotación sexual, explícita o implícita, de carácter unidireccional, ejecutada en espacios públicos, que provenga de un desconocido y que tenga el potencial de provocar malestar en la persona acosada. Los elementos principales de esta definición son la connotación sexual y la unidireccionalidad de la conducta. De esta forma se logra comprender que la diferencia entre un acoso callejero y lo que coloquialmente se denomina un “piropo” es la cualidad “unidireccional”.

Estaremos de acuerdo en que el hecho de recibir un comentario de un vendedor no puede por sí sólo entenderse como acoso. Sin embargo, aquí estamos frente a alguien que se expresa desde su calidad de sujeto pero hacia alguien que está siendo concebida como objeto. Aquí el vendedor sobrepasa su espacio de “creatividad publicitaria” vulnerando la privacidad de la víctima refiriéndose a su cuerpo, y ella no ha consentido en ello. No debemos olvidar que privacidad significa, desde su origen, “el derecho a ser dejado en paz”.

Conductas como la del Juez de Casablanca dan luz verde a que se sigan validando comportamientos de acoso sexual callejero. La respuesta es simple y sencilla: si el mensaje posee connotación sexual y es unidireccional, es acoso, no piropo. Basta. Ordenanzas como las de Recoleta y Las Condes no sólo deben ser replicadas, sino que deben constituir el paso inicial en medidas efectivas contra el acoso sexual callejero.

Felipe Pereira, egresado de Derecho UDP