Si queremos un país más desarrollado y más humano, urge tener una educación de calidad, mejores oportunidades laborales, fortalecer las familias y no seguir presentando el aborto como una receta milagrosa a los problemas de abandono, violencia y pobreza.
Publicado el 24.02.2016
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El lunes de esta semana, la Presidenta Bachelet regresó de sus vacaciones. Lo hizo en medio de un complejo clima de opinión pública, marcado por los eventuales nuevos casos de corrupción y tráfico de influencias al interior de Palacio y de otra baja en las encuestas que sitúa el rechazo a su gestión en un 65% según CADEM.

La Presidenta hizo llamados al orden, a la lealtad con el gobierno y a dar celeridad legislativa a la reforma laboral y al proyecto de aborto.

Sin detenernos a considerar las graves consecuencias que una mala reforma laboral puede tener para los trabajadores de nuestro país -y para quienes no tienen trabajo y lo desean- creo que es necesario hacer algunos comentarios respecto a la obsesión abortista que parece existir en una parte del oficialismo.

Es interesante constatar que durante el año que el proyecto de ley se ha discutido en el Congreso ha sido posible derribar muchos de los mitos en los que se funda dicha iniciativa.

Así ha quedado claro que en Chile no existen 200.000 abortos clandestinos y que los únicos estudios serios permiten estimarlos en un máximo de 18.000 al año. El típico argumento que Chile sería uno de los “escasos” países que junto al Vaticano o El Salvador prohíben todo tipo de aborto ha sido rebatido gracias al contundente informe de la agrupación pro aborto Center for reproductive rights que en su informe sobre legislación mundial reconoce que existen otros 65 países del mundo cuya única legislación es el principio de doble efecto de amplia aplicación en nuestro país.

Del mismo modo se ha tenido que explicar la diferencia fundamental entre despenalizar y legalizar. Por un lado la eximición de un castigo o pena a cierta conducta y del otro la abierta consagración del aborto con la obligación médica y hospitalaria de aplicarlo, salvo que el médico realice una objeción de conciencia, lo que no obsta a que la institución seguirá obligada a realizar el aborto.

La consideración del aborto como un problema de salud de las mujeres chilenas fue rebatida por el propio gobierno gracias a las declaraciones de la ahora ex ministra de Salud, Helia Molina. Esto es así a tal punto que la iniciativa legislativa se encuentra a cargo de la ministra Claudia Pascual (PC) del Servicio Nacional de la Mujer y no en manos del Ministerio de Salud. Por eso cabe recordar que Chile sin ley de aborto tiene la tasa de mortalidad materna más baja de América Latina y la segunda en la región, solo superado por Canadá.

En segundo lugar, al presentar el proyecto de ley de aborto, la Presidenta Bachelet pidió un debate amplio y respetuoso. Por desgracia, éste no ha tenido lugar. Las maratónicas jornadas en la Comisión de Salud del Congreso, si bien cansadoras, no han permitido un diálogo fecundo y la presentación de una contundente argumentación científica, jurídica o filosófica no provoca efecto alguno en las posiciones parlamentarias. Muchas veces la comisión sesionó con el quórum mínimo requerido y otras tantas fue necesaria suspenderla por no cumplirlo.

Incluso esta semana, la presentación de tres iniciativas legislativas por parte de algunos diputados de la Democracia Cristiana y la ex ministra Soledad Alvear, tendientes al cuidado de la madre y a la protección de la vida del que está por nacer, ha sido dura e incluso violentamente criticado por sus propios “aliados” en el gobierno.

Soledad Alvear es el ejemplo de una mujer con ideas claras, valentía y liderazgo. Le ha tocado desempeñar importantes labores como ministra del Sernam y de Justicia, así como lideró la cartera de Relaciones Exteriores como la primera Canciller mujer en la historia de nuestro país. Fue también una destacada senadora por la Región Metropolitana Oriente. Sin duda su trayectoria política es un orgullo para las mujeres chilenas. Se pueden concordar posiciones con ella o bien tener contradicciones con sus puntos de vista, pero ella siempre expone con respeto, una argumentación racional y estudios que avalan su visión, como es propio en el debate republicano. Por eso llama la atención el extremismo ideológico que incluso la ha calificado como “una mujer en contra de todas las mujeres” solo por la defensa irrestricta del derecho a la vida y del apoyo a la mujer embarazada.

Por último, no hay mejor remedio contra la ideología que una buena dosis de realidad. Mientras el gobierno promueve la consagración legal del aborto es necesario recordar la realidad, lo que pasa en los hospitales o lo que experimentan miles de mujeres.

Cuando me tocó exponer en la Comisión de Salud a propósito de esta ley, insistí en que ninguno de los problemas de las mujeres: las presiones de sus padres; el abandono de su pareja; la enfermedad de su hijo; la pobreza en que vive o incluso la falta de preparación profesional, ninguno de esos problemas se soluciona con una ley de aborto.

Si queremos un país más desarrollado y más humano, urge tener una educación de calidad, mejores oportunidades laborales, fortalecer las familias y no seguir presentando el aborto como una receta milagrosa a los problemas de abandono, violencia y pobreza.

 

Julio Isamit, Coordinador General Republicanos.

 

 

FOTO: AGENCIAUNO.

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