Seamos maestros unos de los otros, especialmente de las generaciones que vienen ya que de ellos es el Chile que viene, nosotros pasaremos, sólo permanecerá lo que podamos legar en valores universales.
Publicado el 22.11.2015
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Cuando se quiere hablar de autoridad y liderazgo, creo que debemos partir por observar lo que está ocurriendo al interior de las familias, considerando que éstas son la unidad básica de la sociedad.

Y ¿qué vemos hoy? En general hace unos años venimos escuchando que la familia está en crisis. Si consideramos como familia al grupo más cercano de contención y afecto que rodea a la persona, en sus dispares composiciones y fórmulas; lo que aparece como una constante es la falta de figuras que lideren adecuadamente y con éxito a dicho grupo ejerciendo autoridad. Esto es importante, porque así como todos necesitamos un grupo dentro del cual sentirnos contenidos, también necesitamos que nos lideren; además de que nos guíen e inspiren nuestra admiración, ya que al fin y al cabo alguien tiene que ostentar la autoridad para que el caos no impere, con sus sucesivos fracasos particulares y grupales. Mirándolo así, a mí no cabe duda que la familia está en crisis.

Luego, muchos entonces confían en que de alguna manera este rol “educador” lo cumplirá la escuela y pregunto nuevamente ¿qué vemos? El sistema educacional completo está en entredicho y eso sería lo de menos, cuando la figura del profesor está desvirtuada, desvalorizada y prácticamente “pisoteada”, porque en la práctica no son respetados por sus alumnos, no reciben apoyo de los directivos de sus escuelas y son blanco de críticas y exigencias personales de cada apoderado por vía directa. Poco espacio le queda a ese profesor para liderar con libertad y ejercer la autoridad que sus alumnos tanto necesitan, en realidad ellos lo “piden a gritos” desafiándolos constantemente a través de las más creativas formas que rayan con los límites del respeto entre profesor y pupilo. No podemos esperar entonces que los profesores sean los verdaderos maestros y guías que en su justa medida podrían ser. Un buen educador es lo que siempre los niños y jóvenes han necesitado para crecer, desarrollarse y formarse, para emerger del sistema escolar preparados para enfrentar el futuro que les toca y tomar adecuadas decisiones vocacionales.

El “maestro” es un sabio experimentado que guía con cariño y firmeza transmitiendo sus conocimientos y experiencia, figura hoy en extinción. Los tiempos cambian muy rápido y muchas veces el profesor no alcanza a actualizarse a la misma velocidad que sus alumnos; sin embargo, yo no esperaría una total actualización tecnológica, por ejemplo, de parte de ellos; si espero que transmitan valores universales que van más allá de los tiempos. El mundo cambia y evoluciona, pero lo eminentemente humano queda. Y volviendo al entorno familiar, lo mismo se espera de los padres o cabezas de familia.

Demás está decir que estos mismos principios se aplican a todo grupo humano, como los equipos y sus jefes en los lugares de trabajo, las autoridades del tipo que sean y en lo más alto el gobierno, quien es el que entrega el mayor ejemplo y tiene el deber de guiar a su pueblo sustentado en los valores universales que trascienden a los tiempos, para lograr el bien común y el mejor y mayor desarrollo de su gente.

Pero, al final del día ésta es labor de cada uno de nosotros en el ámbito que nos compete, ya que la familia, la educación, la sociedad y el país lo hacemos entre todos. Por eso, manos a la obra, estamos llamados a liderar, ejercer autoridad y educar. Seamos maestros unos de los otros, especialmente de las generaciones que vienen ya que de ellos es el Chile que viene, nosotros pasaremos, sólo permanecerá lo que podamos legar en valores universales.

 

Mónica Reyes R., profesora UC.

 

FOTO : PABLO OVALLE ISASMENDI/AGENCIAUNO