¿Usted tiene autoridad sobre sí mismo? Muchos, demasiados, dirán que no en su fuero interno, y es por eso que la autoridad está agonizando. El mal ejemplo logra que el ciudadano común y corriente trate de eludir impuestos, no respete un disco Pare o el control de un carabinero, o le mienta a su hijo o jefe… hemos perdido el respeto a la excelencia, el amor por hacer las cosas bien. ¡Nos hemos perdido el respeto a nosotros mismos!
Publicado el 20.06.2018
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¿Se ha preguntado si usted tiene autoridad sobre sí mismo? ¿Lo que hace, piensa o dejar de hacer, es legítimo en su vida diaria? ¿Ha hecho respetar su autoridad en el sentido de hacer valer su prestigio y crédito que se le reconoce por su legitimidad o su calidad y competencia en alguna materia? ¿Es digno de que la gente lo respete?

La discusión que ha marcado al siglo XXI sobre legitimidad, desobediencia, falta de respeto a las instituciones y lo establecido, y lo que es peor, dejar de creer en ellas, sin duda, tiene su origen en el individuo y la familia.

Si la gente ha depositado en mí la confianza tácita de guiarme en lo espiritual, en lo académico, en lo empresarial, en lo gubernamental, entonces, por Dios que es fuerte la caída y la desdicha cuando todo en lo que yo creía no era lo que realmente me decían: autoridades eclesiásticas pedófilas y encubridoras; profesores o jefes que han abusado sexualmente de una mujer porque saben que tienen poder sobre ella; que han jugado con nuestras finanzas y cariño por una marca al existir carteles o colusiones de empresas; gobiernos que han despilfarrado dineros y recursos en falsos exonerados o indemnizaciones para favores políticos y no han utilizado esos dineros en los chilenos más vulnerables (44 chilenos mueren al día esperando ser operados en hospitales, por ejemplo). Entonces, y sabiendo, y aún esperando, que estos casos sean aislados, ¿cómo la gente no va a perder el respeto por el otro y por el que lidera, desde los distintos ámbitos, un país?

Todo parte desde lo más básico, en que le hemos perdido el respeto a la excelencia, disciplina, el amor por hacer las cosas bien, el decidir, ser consistentes. ¡Nos hemos perdido el respeto a nosotros mismos! ¡Hemos dejado de tener autoridad!

Por eso vuelvo a preguntar: ¿Usted tiene autoridad sobre sí mismo? Muchos, demasiados, dirán que no en su fuero interno, y es por eso que la autoridad está agonizando, porque el mal ejemplo logra que el ciudadano común y corriente trate de eludir impuestos, no respete un disco Pare o el control de un carabinero, o le mienta a su hijo o jefe… todo parte desde lo más básico, en que le hemos perdido el respeto a la excelencia, disciplina, el amor por hacer las cosas bien, el decidir, ser consistentes. ¡Nos hemos perdido el respeto a nosotros mismos! ¡Hemos dejado de tener autoridad!

¿Y por qué ocurre esto? En el origen creo que mucho tiene que ver la disgregación de la familia, el egoísmo, el buscar lo fácil y los malos ejemplos. Antes, los padres educaban –papá y mamá- a los hijos; hoy los hijos mandan a sus padres y éstos no alegan para evitar el conflicto. Además, los creen seres humanos de cristal, los sobreprotegen a más no poder, entonces el niño no se puede ensuciar, no se puede caer, no puede embarrarse, no puede jugar con lombrices, no puede ir al colegio porque está lloviendo y se puede mojar y resfriar. ¡Horror!

A estos niños -a estas alturas víctimas, porque se les está haciendo un flaco favor- se les da el mundo en bandeja, entonces, no conocen lo que es el esfuerzo, se les da cariño con juguetes y no jugando con ellos. Pero un día el padre amanece empoderado, y por la más mínima falta (no guardó su ropa) lo castiga una semana sin celular. El niño se desorienta, ayer le pegó a su hermana y no le dijeron nada y hoy por la ropa=no celular. Pero al día siguiente vuelve la manga ancha como es la tónica y el menor puede hacer lo que quiera, no hay límites. Y esos son los adultos de hoy… que no conocieron la autoridad en la casa.

Si queremos que las instituciones vuelvan a ser valoradas y se les tenga respeto, debemos recuperar y trabajar la autoridad individual y familiar.

Los padres deben entender que no son amigos de sus hijos, sino que sus guías y deben enseñarlos con dedicación y cariño, pero firmes. Además, los niños no aprenden de lo que se les dice, sino que de lo que ven. El ejemplo es lo más importante. Si quiero formar niños con autoridad en la vida, ellos deben verme como una autoridad. Y todo esto que he explicado, aunque cueste, se lo puede extrapolar a la vida de la empresa, las corporaciones, los gobiernos, etc.

Si queremos que las instituciones vuelvan a ser valoradas y se les tenga respeto, debemos recuperar y trabajar la autoridad individual y familiar. Parece simple, pero requiere mucho trabajo y constancia. La buena noticia es que con actitud, se puede.

Rosario Moreno C., periodista y Licenciada en Historia UC

 

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO