Es triste que el Gobierno de la Nueva Mayoría, que ha hecho de la memoria una razón de vida, haya decidido prácticamente borrar el 27 de febrero del calendario.
Publicado el 27.02.2015
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Probablemente la mayoría de los chilenos amanecimos dando gracias por la vida. Muchos vimos demasiado cerca la muerte hace cinco años, mientras la tierra se remecía bajo nuestros pies. Desde un piso 12, mientras oía una estruendosa orquesta de vidrios rotos en los edificios de la cuadra y entregada ya a lo que viniera, mi preocupación era la dificultad que tendrían mis hermanos en los siguientes días para reconocernos (nadie duerme con el carnet en la mano).

Para 550 familias hoy será un día doloroso: perdieron esa fatídica madrugada a hijos, padres o al amor de sus vidas, unos bajo toneladas de escombros, otros arrastrados hasta el fondo del mar. Miles recordarán el esfuerzo y valorarán el coraje que han tenido durante estos años para levantar una vez más sus casas, restaurantes, almacenes, botes y, en fin, el hogar o el medio de subsistencia que perdieron el 27 de febrero de 2010, en tan solo unos minutos.

Como sea, para toda una generación, la fecha está grabada en nuestra biografía. Somos sobrevivientes de uno de los peores desastres naturales que haya golpeado a Chile y vamos a contarle el resto de nuestras vidas a los hijos, nietos y bisnietos, dónde estábamos y cómo vivimos esos interminables 3 minutos.

La memoria del terremoto y el tsunami del 27 de febrero de 2010 tiene una dimensión más humana que material, es el recuerdo de lo frágil que somos ante una naturaleza que no pide permiso para actuar; y de la fuerza que tenemos los chilenos para pararnos una y otra vez sobre nuestros pies.

Por eso es triste que el Gobierno de la Nueva Mayoría, que ha hecho de la memoria una razón de vida, haya decidido prácticamente borrar la fecha del calendario. La Presidenta Bachelet no asistirá a ningún acto de conmemoración y permanecerá en Santiago, en una reunión con “líderes mundiales” organizada por el Gobierno de Chile y ONU Mujeres, programada sorprendentemente justo para el 27 y 28 de febrero.

Es entendible que el 27 de febrero sea un día incómodo para la Presidenta Bachelet y para la Nueva Mayoría. Debe ser un trago muy amargo recordar cómo, desde la ONEMI en Santiago, esa madrugada la Mandataria llamaba a la tranquilidad y a permanecer en sus casas a los habitantes de las zonas costeras que, a esa hora, eran arrasadas por un violento tsunami.

Tampoco parecen haber superado que en la reconstrucción, el desafío de levantar a Chile nuevamente, esté grabada la huella del ex Presidente Sebastián Piñera. Mientras los resultados de esa tarea titánica, que lideró su gobierno y cuyos protagonistas son los propios afectados, han sido reconocidos en todo el mundo, en Chile, el oficialismo –entonces oposición– decidió prácticamente el mismo 11 de marzo de 2010 iniciar una campaña de desprestigio, buscando errores bajo las piedras, tendiendo mantos de sospecha y descalificando un trabajo que hoy su gobierno no ha sido capaz de continuar al mismo ritmo (hace un año, sin delegada presidencial con dedicación exclusiva, se entregaban 5 mil viviendas al mes; hoy se entregan mil).

La Presidenta Bachelet nos recordó esta semana que es madre. Con la misma emoción que mostró entonces para referirse a la situación que afecta a su hijo, esperábamos verla hoy abrazando a cientos de madres que perdieron bajo el mar a sus hijos hace cinco años y felicitando a cientos de miles de madres que, con un esfuerzo sobrecogedor con el único privilegio del amor, han reconstruido sus existencias y las de sus familias en este tiempo.

El liderazgo es precisamente para enfrentar situaciones incómodas. Es en esos momentos cuando los líderes pueden demostrar que, desde la máxima responsabilidad pública en una nación, las incomodidades personales pasan a segundo plano.

 

Isabel Plá, Avanza Chile.

 

 

FOTO:JUAN GONZALEZ/AGENCIAUNO

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