Este año puede y debe ser un punto de inflexión para avanzar hacia un Gobierno que ponga a las personas en el primer lugar de su preocupación, que esté convencido que es de justicia que la gente viva mejor, que es necesario un sistema económico que crezca y genere beneficios para todos, que tenga el progreso social como uno de sus motores de acción.
Publicado el 04.01.2017
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Ha comenzado un año decisivo para Chile. Lo lamentable es que la primera noticia ha sido muy negativa, por el incendio que ha azotado una vez más a Valparaíso, dejando a familias sin casa y provocando daños diversos. Felizmente, ha resurgido la tradicional solidaridad de los chilenos, que han comenzado a reunir bienes para ir en ayuda de los damnificados en estos difíciles momentos.

Sin embargo, el año se presenta como una gran oportunidad. Nuevamente los chilenos tendremos que concurrir a las urnas para definir al Presidente de la República y también para elegir a los miembros del Congreso Nacional para los próximos años. Se trata de un momento decisivo de la democracia, cuando el pueblo puede decidir quién gobernará al país. En los últimos tres años Chile ha sido gobernado por la Nueva Mayoría, proyecto político que prometió cambios sustanciales en un programa de casi 200 páginas, que muchos han reconocido no haber leído antes de aprobarlo.

Es  más, en los últimos días nos hemos informado que dentro del gobierno incluso hay ministros que no pudieron leerlo.

Así se desprende de las declaraciones de la ministra de Salud, quien ha señalado: “Vamos a dejar los 20 hospitales comprometidos por la Presidenta construidos…” De ellos, 10 estarán operativos en 2018, cuando se termine este Gobierno. ¿Cuántos hospitales prometió la candidata Bachelet en 2013? El programa es bastante claro: “Este [Plan Nacional de Inversión Pública en Salud 2014–2018] incluye la construcción de 20 nuevos hospitales, dejar en construcción otros 20 y avanzar tanto en los estudios técnicos de arquitectura e ingeniería como en la licitación de obras civiles de otros 20”. Es decir, se pasará de 60 hospitales prometidos en distintos niveles, a diez hospitales operativos.

El problema de fondo no son los hospitales, es la salud de la población; no son las declaraciones de alguna autoridad, sino la calidad de vida de los chilenos; no es una promesa más incumplida, sino lo que ello significa realmente en la vida de las familias. En otras palabras, no se trata simplemente de un Gobierno que hace mal las cosas, o que promete lo que no puede cumplir, sino que perdemos la oportunidad de hacer lo que se pide de los políticos y las autoridades en general: promover mejores condiciones de vida para la población.

Lo mismo se podría decir en la educación. La ministra Secretaria General de Gobierno, Paula Narváez, ha señalado que la educación es un “desafío país” (El Mercurio, 2 de enero), lo que es evidente y genera un acuerdo amplio. El problema no está ahí, sino en las realidades educacionales promovidas por el Gobierno y en los resultados efectivos. Es verdad que el marco ideológico de las reformas hacía muy difícil preocuparse por la calidad de la educación, aunque hubiera promesas ambiguas al respecto: “El Estado debe garantizar el ejercicio del derecho a una educación de calidad, fortaleciendo la educación pública, entregando garantías explícitas y exigibles a ciudadanos y ciudadanas”. ¿Qué se ha hecho al respecto? Poco o nada.

Por ello este 2017 es tan importante. Puede y debe ser un punto de inflexión para avanzar hacia un Gobierno que ponga a las personas en el primer lugar de su preocupación, que esté convencido que es de justicia que la gente viva mejor, que es necesario un sistema económico que crezca y genere beneficios para todos, que tenga el progreso social como uno de sus motores de acción. Esto exige, para Chile Vamos, un desafío importante, que incluye la capacidad de gestar un programa de gobierno y un conjunto de ideas que recojan su tradición y enfrenten los nuevos desafíos de la sociedad chilena, y sin promesas que no se vayan a cumplir. Pero además, exige comprometer a mucha gente en la elaboración de propuestas y, sobre todo, a muchos candidatos a senadores y diputados, para lograr una victoria electoral importante y poder llevar a Chile nuevamente a la senda del desarrollo.

Y por supuesto, requiere tener una candidatura presidencial competitiva, ganadora, capaz de triunfar y entusiasmar, y de hacer que este 2017 sea inolvidable.

 

 

Julio Isamit, coordinador general Republicanos

 

 

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