Walker le dejó en claro al Ejecutivo que esta primera cuenta pública es un acto de independencia, mientras Núñez jugó a ratificar su condición de buzón del Ejecutivo, a congraciarse con la Presidenta del primer tiempo.
Publicado el 23.07.2015
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La Primera Cuenta Pública del Senado y la Cámara de Diputados (entregadas por separado), dejó entrever dos visiones opuestas de la agenda reformista y de país que se debe construir desde nuestro poder legislativo. Por una parte la del Presidente del Senado que convirtió a Bachelet, de forma sutil y estratégica, en cómplice y partícipe de algo más significativo que una agenda de probidad parlamentaria: la invitó durante toda su alocución a caminar por un realismo CON renuncia, dirigido desde el Senado y desde la misma DC. Walker le dejó en claro al Ejecutivo que esta primera cuenta pública es un acto de independencia, una alternativa a recientes 21 de mayo cercanos al monarquismo de supermercado, a una dictadura que cuenta su versión del país a través de un checklist propagandístico construido desde una mayoría espuria y un desconocimiento de la ciudadanía. Y de paso, sentenció el avance inequívoco hacia un equilibrio de poderes y una democracia auténticamente parlamentaria, dialogante, no arrogante ni absolutista. Dejó en claro que el Senado es un actor que en comunicación estratégica se denomina “definitivo”. Tiene el poder de paralizar la agenda “reformista” del Ejecutivo, de enmendar su rumbo, o al menos podar de manera significativa sus contenidos. Núñez, en tanto, jugó a ratificar su condición (y la de la institución que preside) de buzón del Ejecutivo, a congraciarse con la Presidenta (y su programa ideológicamente falso) del primer tiempo. Una Presidenta perdida hace rato bajo el timón de la retroexcavadora y de un progresismo en cuñas.

Walker, por su parte, hizo un acertado diagnóstico del clima de desconfianza reinante pero no para insistir en un mea culpa y recetas fallidas que a esta altura sólo ahondan un distanciamiento con los electores. Sino para poner en relieve la importancia del Senado y de una agenda modernizadora que va mucho más allá de los alcances de una veintena de proyectos de ley pro transparencia y probidad y del puritanismo de Engel. Una agenda que busca optimizar el proceso de generación de leyes, el funcionamiento de la administración interna del parlamento, su comunicación simétrica con múltiples stakeholders y su transformación gradual en auténtica asamblea de intereses de la ciudadanía. En la misma materia, Núñez, al igual que en Tolerancia 0 hace pocos días, hizo gala de una falta de orden y coherencia para clarificar y convencer, más allá de los titulares, respecto de los avances, ejes y desafíos que tiene su institución para modernizarse y legitimarse ante el soberano.

Por último, y mientras Walker se despidió invitando a retomar una senda épica política (no sólo moral), recurriendo a un historial de liderazgos parlamentarios constructores de acuerdos como Alessandri o Frei Montalva, Núñez finalizó con la idea de una Cámara de Diputados mediocre, que remite sus desafíos al terreno mediático y coyuntural de la probidad. En suma, Walker y Núñez hicieron gala de dos cuentas que proyectan dos visiones legislativas y dos Chile posibles. Ya veremos cuál prospera.

 

Juan Cristóbal Portales, Director Magister Comunicación Estratégica Universidad Adolfo Ibáñez.

 

 

FOTO : PABLO OVALLE ISASMENDI/ AGENCIAUNO