El día de la fiesta nacional está cargada de simbolismos que van más allá de la convocación de la primera Junta de Gobierno.
Publicado el 19.09.2014
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El 18 de septiembre es la fiesta nacional por excelencia, nacida de la Primera Junta de Gobierno de 1810, y consolidada después de que se fueran descartando otras celebraciones, como las del 12 de febrero (Batalla de Chacabuco en 1817 y Jura de la Independencia un año después) y el 5 de abril (Batalla de Maipú en 1818).

La década de 1830, además, tuvo un significado republicano especial. Precisamente el 18 de septiembre de 1831 asumió como Presidente de la República el general Joaquín Prieto, después de varios años de dificultades de organización republicana, asonadas militares e incluso una guerra civil. Lo interesante es que desde entonces en adelante la situación se consolidaría de manera inédita en la América heredera de la Corona española.

La asunción de Prieto coincidió con las celebraciones patrias, en una situación que fue bien resumida por el periódico oficial El Araucano: “El 18 de septiembre de 1831 empiezan a hacer efectivos los grandes objetos que se indicaron en igual día de 1810. Un Presidente de la República aclamado por todos los ciudadanos; un Congreso Nacional elegido por los pueblos; un Código que establece los deberes de las autoridades, restituido a su veneración y respeto; un Ejército disciplinado, unas guardias cívicas que asombran a los que las observan; una población, en fin, contenta y satisfecha con el régimen gubernativo, dispuesta a fomentar toda clase de mejoras, que corre con ardor a la moralidad y a la civilización ¿no forman un cuadro el más halagüeño para un ciudadano chileno?”. La misma idea se aprecia en el informe del cónsul norteamericano John Hamm, que asistió a las ceremonias, destacando que las preparaciones fueron espléndidas y todo se condujo con gran orden y decoro.

Al dejar el mando, tras dos periodos consecutivos de cinco años, el gobernante destacó: “¡cuán grato me es contemplar el espectáculo que presenta la gran familia que he presidido diez años, y compararlo con las épocas de vici­situdes y azares que precedieron a mi administración!”. En su reemplazo asumió el general Manuel Bulnes –vencedor de la Guerra contra la Confederación– como Presidente de la República, cargo que también ocuparía diez años, al igual que sus sucesores Manuel Montt (1851-1861) y Joaquín Pérez (1861-1871). Después de ello habría cuatro gobernantes por cinco años: Federico Errázuriz Zañartu, Aníbal Pinto, Domingo Santa María y José Manuel Balmaceda. Todos asumieron un 18 de septiembre.

Balmaceda enfrentó una dolorosa guerra civil. Después de la derrota a fines de agosto de 1891, se asiló en la legación de Argentina en Chile, donde estuvo casi tres semanas. Ese 18 de septiembre fue especialmente solitario, y Balmaceda lo gastó escribiendo cartas  a sus familiares, amigos y partidarios. Es especialmente destacado su Testamento Político, donde recuerda que de hecho entregó el mando al general Manuel Baquedano tras la derrota del 28 de agosto, y “de derecho termino hoy el mandato que recibí de mis conciudadanos en 1886”. Al día siguiente se suicidó, sellando con ello la tragedia.

Curiosamente, o quizá no tanto considerando la tradición republicana, el Presidente Jorge Montt, habiendo asumido el cargo en diciembre de 1891, decidió retirarse el 18 de septiembre de 1896, lo que recuperaba el símbolo y era también una muestra de desprendimiento del poder. La fórmula se mantendría hasta 1910, cuando en torno a las conmemoraciones del Centenario se produjo la muerte del Presidente Pedro Montt, e inmediatamente también falleció Elías Fernández Albano el vicepresidente, que había asumido interinamente el cargo. Tras estas dos muertes, las fiestas fueron presididas por Emiliano Figueroa Larraín, gobernante ocasional, mientras paralelamente se desarrollaba la Convención que elegiría al próximo Presidente de la República, Ramón Barros Luco. Esta situación fue admirada y comentada por los numerosos visitantes que recibió Chile ese 18 de septiembre, en que nuevamente se unían las fiestas patrias y la consolidación republicana.

Este nuevo 18 de septiembre, cuatro años después del Bicentenario de la Primera Junta de Gobierno y a cuatro de los doscientos años de la Declaración de la Independencia, es un excelente momento para que Chile piense su historia, con sentido republicano y de futuro.

 

Alejandro San Francisco, Doctor en Historia,  Académico Pontificia Universidad Católica de Chile y Director de Formación Instituto Res Publica.

 

FOTO:  MARIBEL FORNEROD/AGENCIAUNO