Revolución constituyente

Publicado el 19.06.2015
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Hace pocos días, José Francisco García, profesor de Derecho Constitucional UC, citó a Frédéric Bastiat en una columna sobre la agenda de probidad[1]. Bastiat (1801-1850) fue un economista francés que sobresalió no sólo por la claridad de sus ideas sobre economía, sino también por la forma de entender la función de la ley en las sociedades.

Los escritos del francés también pueden ser recordados a propósito del debate sobre la nueva constitución, especialmente en relación a dos temas: los ánimos de reformas institucionales y la filosofía que debería inspirar una nueva carta.

Reformas

En cuanto a la ansiedad por reformar, en uno de los párrafos de su ensayo La ley, Bastiat comentó el objetivo al que los revolucionarios franceses -con Robespierre a la cabeza- aspiraban mediante un tipo de gobierno conocido como “El Terror”: una dictadura que suspende la vigencia de la Constitución y las leyes en Francia hasta erradicar los males morales que asociaban a la monarquía que acababan de vencer.

El fin de la revolución era eliminar la existencia de vicios del pueblo francés como el egoísmo, la insolencia, la vanidad, el amor al dinero y la miseria. Como respuesta, Bastiat criticó esas visiones, diciéndoles: “¡Ea, miserables! ¿Os creéis tan grande y juzgáis a la humanidad tan pequeña que todo lo queréis reformar? Reformaos vosotros mismos; con esa tarea os basta”. [2]

En nuestro país existen varios discursos reformistas que se asemejan al de los revolucionarios franceses, en la medida que comparten las mismas intenciones: frenar sentimientos nefastos en la política y en los negocios. Un ejemplo de lo anterior es el llamado a redactar una nueva Constitución, anunciada como una medida para acabar con la corrupción.

Proponer cambios institucionales para terminar con los males morales es justamente lo que Bastiat descarta. Lo anterior no significa que los casos de corrupción no puedan tener sanciones jurídicas, sino que es imposible mejorar la disposición ética de la gente mediante leyes. En vez de grandes promesas de revoluciones morales, para los cambios en este ámbito, Bastiat sugiere una solución mucho más simple, pero menos atractiva: el cambio interno de cada persona.

¿Por qué propone una solución tan aburrida? Porque Bastiat, en el fondo, adhiere a la visión de que los problemas más importantes de los humanos -como la calidad moral de las personas- no tienen una solución política. Lo anterior no quiere decir que la inmoralidad individual no tenga paliativos mediante otro tipo de soluciones, pero difícilmente puede ser vencida mediante el orden institucional.

Constitución

El autor francés también da luces de la filosofía que debe adoptar una constitución. En otro ensayo llamado “El Estado”, Bastiat señaló las diferencias entre la entonces constitución de Francia y la de los Estados Unidos. En cuanto a los fines del Estado, mientras que en la carta magna de los galos se hablaba de ideas muy abstractas [se señalaba que “Francia se constituye en República para llevar a todos los ciudadanos a un grado siempre más elevado de moralidad, de luz y de bienestar], la Constitución de los Estados Unidos establecía metas más concretas y realistas: “Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos, para formar una unión más perfecta, establecer la justicia, asegurar la tranquilidad interior, proveer a la defensa común, acrecentar el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad…”

Bastiat afirmó que ese extracto de la constitución francesa daba pie a la personificación del Estado (definido por él como “la gran ficción a través de la cual todo el mundo se esfuerza en vivir a expensas de todo el mundo”). La consecuencia de entender la relación con el poder de distinto modo es que mientras los franceses dan origen a un ser abstracto llamado Estado o Francia -al cual le pueden exigir cosas-, los estadounidenses tienen claro que el poder son ellos mismos, por lo que toda iniciativa para mejorar algo de sus vidas debe provenir de ellos como personas y no de esa creación.

Si bien es cierto que hasta este momento no existe ningún proyecto concreto de reforma constitucional, se puede apreciar en ciertos sectores sociales una visión de las relaciones persona-Estado más cercana a la de la Constitución francesa señalada: el Estado, como una especie de ser superior, una persona con alma e inteligencia propia, diferente de los chilenos, con más dinero y poder, vendría a resolver nuestros problemas.

Lo que ciertos sectores no perciben es que el poder y el dinero que se pretende dar a este ser superior es el poder y el dinero que los chilenos le entregan al Estado; y que los problemas que algunos pretenden que les sea solucionado por aquella gran ficción, son temas que nosotros mismos, como ciudadanos, podemos resolver.

 

[1] http://ellibero.cl/opinion/agenda-de-probidad-lo-que-se-ve-y-lo-que-no-se-ve/

[2]FrédéricBastiat, La Ley y El Estado, Editorial Biblioteca Americana, 2006, Santiago de Chile, p. 50.

 

FOTO: AGENCIA UNO