El que logra ir más allá de la realidad y crear algo nuevo es quien realmente aporta a la comunidad global, pero con cientos de modelos naciendo cada día, la innovación ha de ser constante y realista.
Publicado el 10.12.2014
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En 1997 la serie “Hey Arnold” estrenaba el capítulo “The High Life” (o la buena vida, en español). Gerald, el mejor amigo de Arnold, descubrió su talento para las ventas y por medio de un consenso con la compañía “Wacko” UCV4comenzó a comerciar relojes de pulsera por toda la ciudad. El éxito fue tal, que hasta los bebés acabaron usando los “wacko”, y Gerald pudo costearse una vida de lujos que cualquier otro niño podría desear. Sin embargo, llegó el momento en que ya no vendía tantos relojes como antes (o ninguno), porque ya no había demanda para ellos. Hoy, 17 años más tarde, parece que la serie pretendía ser una moraleja no solo para los niños, sino para toda la sociedad, algo parecido ha pasado no con los relojes –ya casi obsoletos- sino con los nuevos productos que han hecho estallar el mercado en los últimos años: los tablets y otras tecnologías.

Desde su aparición, los iPads y sus similares han revolucionado el negocio de la tecnología, con un porcentaje de ventas al año que creció exponencialmente desde 2011, su irrupción generó una demanda que los usuarios ni siquiera sabían que tenían y ha constituido un ingreso que, al menos a la compañía precursora “Apple”, le han significado 45.600 millones de dólares solo en el segundo semestre de 2014, más que el total de ventas en acciones –y aun así es menos de lo que se vende en iPhones-. Esto alude directamente a la “Ley de Say” (no puede haber demanda sin oferta) donde la aparición de un producto incide en la oferta y la demanda, y abre un mercado inexistente, es decir, se crea un negocio al inventarse el producto. Si se ve una curva de ventas, (ésta sacada de Forbes magazine) se refleja esa curva casi vertical en las ventas de IOS.

No obstante, la demanda está disminuyendo. En abril de este año, el diario ABC de España publicó en su sección de tecnología un titular que decía “El iPad se estanca: Apple necesita su renovación”. En el mismo artículo explicaba que“en concreto, se vendieron unos 16 millones de tabletas (en las previsiones de esperaban unos 20 millones), pero esta cifra representa una caída del 16% con respecto al trimestre anterior. Y como el objetivo de las empresas es ganar dinero y discurrir por la senda del crecimiento hacia el infinito, aunque los resultados globales son buenos, este punto puede activar el encendedor del laboratorio de ideas más rápidamente”. ¿Será que los IPads podrían convertirse en los nuevos relojes Wacko?

Esto significaría que el público interesado en adquirir un iPad ya lo tiene, por lo que la renovación de un producto de este tipo no viene de hacer una nueva versión del producto, sino en inventar algo nuevo. Otro factor que, aludiendo a lo que ha pasado tanto en el mercado como en la ya mencionada ley de oferta y demanda, es el de bajar el precio de los productos para llegar a más público. De hecho, el precio de los tablets ha bajado casi en un mismo porcentaje, lo que ha contribuido a mantener las ventas, pero bajando el porcentaje de ganancias.

Los verdaderos relojes Wacko

Por último y para mostrar un ejemplo claro de qué es lo que le pasó a Gerald en el final del capítulo de “The High Life”, hay unos relojes Wacko que, a pesar de que no se les has tomado tanta atención, han sufrido las mayores pérdidas del mercado. Los PC y los notebooks son los únicos productos que comparativamente han dejado de crecer, y tienen una venta en picada que comenzó a bajar precisamente en los años que iPhone y posteriormente iPad hacían sus apariciones. Los PC no habían dejado de crecer desde 1984, por lo que la curva constituye un reflejo poco conocido de la realidad que vive la tecnología en estos años. Los computadores ya no responden a las necesidades de una sociedad portátil, y Microsoft / Windows ya no ha lanzado productos de innovación que pudieran ser replicados por otras compañías, sino que se ha dedicado a realizar versiones propias de las innovaciones de otros.

A partir de estas gráficas, es posible deducir que hay una tendencia ley que se ha generado sola con la competencia tecnológica del siglo XXI: el que logra ir más allá de la realidad y crear algo nuevo es quien realmente aporta a la comunidad global, pero con cientos de modelos naciendo cada día, la innovación ha de ser constante y realista.