El impuesto al alcohol y los cigarros no es solo injusto para quienes los consumen, sino que al final del día es injusto para todos, pues todos de alguna manera lo pagamos.
Publicado el 10.12.2014
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La subida de los impuestos específicos al alcohol y los cigarros no es solo una medida ineficiente, sino que injusta. ¿Qué tiene que decidir el Estado por lo que yo introduzco en mi cuerpo? ¿Por qué castigar los bolsillos de los productores, los trabajadores y el de Chile?

10576353_10152415146695825_829245606_oYa Hayek, a principios de siglo, llamaba a esta actividad el “Estado Moral”, no como oposición al Estado Inmoral, sino como al Estado que decidía por uno, quitándoles la libertad a las personas a quienes decía servir. Un Estado que pudiendo decidir por nosotros, podía elegir tanto el bien como el mal.

El hecho es que sin importar el fin, el Estado no está legitimado para imponerle a una persona adulta qué consumir (argumento que utilizan con la misma fuerza algunos oficialistas para legalizar las demás drogas). Podría ser bueno para nuestra salud dejar el alcohol y el cigarro, pero no significa que por medio de la fuerza, expresada en los impuestos y sus sanciones, se nos deba imponer no consumirlos.

Algunos dicen que si el Estado no hace esto, habrá más enfermedades relacionadas al consumo del alcohol y el tabaco y que tarde o temprano deberemos pagar con nuestros tributos los tratamientos. Pero, la cuestión debería ser otra: ¿por qué se nos debe obligar a pagar con nuestro dinero enfermedades que personas adultas sabían que arriesgaban al momento de consumir?

No solo que se nos grave consumir es injusto, también lo es la sanción. Los impuestos deben pagarlos todos los consumidores, es decir el alcohólico sufre la misma sanción de quien compra un vino para un asado, o el adicto al tabaco con aquel que consume de vez en cuando un cigarro.

Para finalizar es bueno preguntarse: ¿quién paga al final del día? ¿Son solo los productores y consumidores o hay alguien más? Hazlitt nos decía que en economía hay que ver lo que no se ve a simple vista; cuando uno grava con impuestos un bien de alto consumo, no va a conseguir que se deje de consumir el bien, sino que solo se pague más por él. ¿Quién pagará esto? Los consumidores de alcohol y cigarros al tener menos dinero en su bolsillo, dejarán de consumir otros productos menos importantes; a modo de ejemplo si ellos valoran menos tomarse un café, preferirán comprar alcohol y cigarros y la cafetería dejará de vender, sufrirán el dueño del negocio y sus empleados, después el productor y sus empleados, para llegar a quienes le vendían productos a los empleados del mercado del café, y así en un círculo de proporciones incalculables.

El impuesto al alcohol y los cigarros, no es solo injusto para quienes los consumen, sino que al final del día es injusto para todos, pues todos de alguna manera lo pagamos.

 

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO