En aproximadamente 1.300 páginas, este libro relata la delirante lucha de los hombres libres e independientes por sobrevivir a la coerción de la clase dirigente.
Publicado el 10.12.2014
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“El Magnum Opus de todo liberal” o “el libro sagrado del capitalismo” son definiciones adecuadas para referirse a la ya clásica novela La rebelión de Atlas (Atlas shrugged originalmente).

DSC03742 (2)Comenzada en 1946 hasta su publicación en 1957 por la filósofa y escritora rusa Ayn Rand, esta obra ha sido progresivamente considerada un imperdible de la literatura liberal y a su vez imprescindible para quien pretende defender de manera férrea y apasionada los principios liberales, en un entorno muchas veces no favorable para ello.

Ayn Rand (1905, San Petersburgo-1982, Nueva York) fue uno de los rostros más comprometidos y apasionados al momento de defender los fundamentos de una sociedad libre.

En 1926 y con solo 21 años, agobiada y espantada por la realidad soviética, decidió emigrar a Estados Unidos para emprender la vida que quería. Allí comienza su carrera y su trabajo literario, cuyo primer gran fruto fue la obra El Manantial, otro imperdible para el liberalismo. Veinte años más tarde comienza a escribir lo que sería la creación más importante y completa de su carrera literaria.

En aproximadamente 1300 páginas, La rebelión de Atlas relata la delirante lucha de los hombres libres e independientes por sobrevivir a la coerción de la clase dirigente. Los primeros, los no saqueadores, son representados por científicos independientes, empresarios honestos, artistas y trabajadores apasionados por sus labores, mientras que sus adversarios, los saqueadores, son en su mayoría políticos, sindicalistas e intelectuales alineados con las ideas colectivistas.

Con un alto contenido filosófico, y lejos de la frialdad y aridez con la que se suele asociar la defensa del liberalismo, esta apasionante obra relata de manera fascinante y emotiva lo que sucede cuando los “hombres de la mente” (los no saqueadores), deciden renunciar a una sociedad colectivizada que día a día ahoga al individuo y roba con descaro el fruto de su esfuerzo, mediante intervenciones e imposiciones fiscales. Una sociedad que al mismo tiempo que se encarga de demonizar el accionar de esta clase de personas, pretende vivir a costa de su trabajo y producción. Es entonces cuando estos hombres, cansados de sostener esta sociedad que los aplasta, deciden renunciar y declararse en huelga. Grandes empresarios, científicos y artistas comienzan a desaparecer misteriosamente, sin dejar huellas ni rastros sobre su paradero, abandonando sus instalaciones y dejándolas a merced de los saqueadores, que no demoran en apropiarse de ellas.

En este punto se comienza a aclarar el enigma de John Galt, pues a lo largo de todo el relato se repite constantemente la pregunta: “¿quién es John Galt?”. Esta interrogante, envuelta en misterio e incertidumbre, no logra resolverse sino hasta el tramo final del libro. John Galt representa en La rebelión de Atlas al ser humano ideal, íntegro y heroico que Ayn Rand buscó exaltar en todas sus obras literarias. Un ingeniero brillante que decide desertar de la sociedad colectivista para emprender un nuevo proyecto en la profundidad de las montañas, lejos del dominio colectivo. Una próspera comunidad comienza a surgir, basada en la libertad y el irrestricto respeto por el individuo. De esta manera, es John Galt quien comienza a reclutar a las mentes que aún viven sometidas a la voluntad de terceros, para enseñarles esta nueva opción de vida, a la que ninguno quiere renunciar, cautivados por la paz y prosperidad que se alza ante sus ojos como resultado de relaciones humanas voluntarias y armoniosas.

Como es de esperar, a pasos de gigante el mundo exterior comienza a desmoronarse y hundirse bajo el peso del intervencionismo estatal, en ausencia de mentes brillantes para exprimir y sin nada más que saquear.

Este interesante contraste e interacción que se da entre la distopía de una sociedad que se cae a pedazos y la utopía liberal, acontece en medio de una apasionante historia de amor entre sus protagonistas; Dagny Taggart, la mujer que dirige la línea ferroviaria más grande de Estados Unidos y que debe luchar día a día contra las presiones de los burócratas, y Hank Rearden, dueño y creador de un revolucionario metal, también perseguido y sometido por burócratas que buscan apoderarse y administrar su creación. Todos estos elementos entrelazados resultan en una sensacional y electrizante obra que logra retratar con gran sensatez el conflicto y desastre que se genera cuando una sociedad olvida el valor de la libertad y el respeto por los proyectos de vida ajenos.

Es de esperar que esta obra haya generado gran polémica y controversia en la escena política de Estados Unidos, pues fue publicada en momentos en que los postulados intervencionistas de Keynes se hallaban en su apogeo en dicha nación. El rechazo fue total y unánime. La idea de que el valor de la sociedad residía en los individuos y no en la clase dirigente, y que la prosperidad proviene del sector privado y no del Estado, pareció indignar a varios. Sin embargo, con el pasar de los años la obra comenzó a captar adherentes y a calar profundo en la sociedad americana, y en la década de los ochenta, la biblioteca del Congreso de Estados Unidos realizó una encuesta sobre el libro más influyente para los lectores de dicho país. Los resultados fueron contundentes, La rebelión de Atlas fue únicamente superada por la Biblia.

Esta obra es una gran alegoría que reivindica al individuo y la libertad como los motores del progreso de la sociedad. El impacto que genera en el lector es profundo y nadie logra quedar indiferente ante ella. Fredy Kofman, escritor del prólogo en la primera edición del libro en castellano, resume muy bien la sensación que persiste al leerla:

“Al terminar su lectura, algo extremadamente significativo había tenido lugar en mi vida: la virtud y la nobleza de la libertad brillaban tan radiantes que me dolían, quemaban mis retinas y penetraban hasta lo más hondo de mi corazón. Al mismo tiempo, me resulta intolerable y opresiva la oscuridad maligna del totalitarismo en que vivimos. Había descubierto que no tenía que ser así, que había una alternativa luminosa: una sociedad libre basada en el respeto incondicional por el ser humano.”

Sin lugar a dudas, La rebelión de Atlas ha sido y puede ser hoy, más que nunca, una fuente de inspiración para no desistir en la cruzada de la libertad. En un momento en que en Chile podríamos estar ad portas de cometer nuevamente el error de construir nuestra propia jaula, este libro parece retratar de manera muy acertada, las actitudes y pretensiones de ciertos sectores que pretenden llevar a cabo sus proyectos de ingeniería social a toda costa.

Francisco D’Anconia, un importante personaje en esta obra, insinúa en su discurso:

“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto sacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada”.

Indudablemente, una obra que ningún liberal puede dejar de leer y que para algunos marca el inicio en el camino del liberalismo y para otros la cúspide de él.

FOTO: Flickr / Alex