El Estado ha iniciado un profundo proceso de cambio que busca deliberadamente marginar a las minorías con el cuestionable objetivo de imponer los deseos de una supuesta mayoría.
Publicado el 10.12.2014
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Los mismos que reiteradamente escuchamos pronunciarse a favor de una mayor inclusión de las minorías en la sociedad, los vemos hoy alzarse con gran fervor en defensa de un sin número de iniciativas que, paradójicamente, barren con las minorías. Por esta razón, cabe cuestionarse si realmente quienes suelen autodenominarse con gran orgullo defensores de las minorías, lo hacen con pretensiones más bien políticas y no por convicción.

Precisamente hoy, vemos cómo el aparato estatal ha iniciado un profundo proceso de cambio que busca deliberadamente extirpar y marginar a las minorías con el cuestionable objetivo de imponer los deseos de una supuesta mayoría, cuyos intereses son, al parecer, incompatibles con los del resto. Por lo tanto, si vamos a hablar de minorías, seamos consecuentes al reconocerlas en su amplio abanico y no sólo cuando se trata de conveniencia política.

¿No son los colegios particulares católicos una minoría? ¿O los colegios que imparten una mayor cantidad de idiomas, y cuyos proyectos educativos simplemente requieren de un determinado proceso de selección? ¿O los padres dispuestos y capaces de aportar adicionalmente para entregar una mejor educación a sus hijos? ¿No son aquellos trabajadores cuyos intereses difieren a los del sindicato de la organización en la cual trabajan, una minoría? ¿Y qué podemos decir de los trabajadores que han logrado complementar su vida personal y laboral sólo gracias a la flexibilidad que el contrato aceptó? ¿No son acaso todas estas, minorías que simplemente están siendo pasadas a llevar sin pudor por este brutal proceso homogeneizador que avanza a rienda suelta en nuestro país?

Si se va a defender y a alentar la arrolladora bota del Estado en su intento por imponer las pretensiones de una mayoría (ficticia en muchos casos) al resto de las asociaciones y agrupaciones civiles, no utilicemos falsos eslóganes y consignas para disfrazar el curso de acción que este gobierno ya dictó.

Lo que estamos presenciando y viviendo es un violento y arbitrario proceso que, desde donde se le mire, pretende anular y arrancarle los derechos a la minoría más esencial de la sociedad, el individuo.

 

FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO