No hay que apelar primero al derecho de prensa, sino al deber de la prensa libre de contar los hechos, independiente de qué opinemos al respecto.
Publicado el 10.12.2014
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“El gobierno premió al medio donde estoy trabajando ¿qué opinas?”, me dijo un amigo y colega por chat el otro día. Él es venezolano y su madre, quien lo contrató de community manager, es ferviente chavista y dirige un canal de televisión. Les va bien, pueden costearse viajes a Europa, EstadUCV4os Unidos etc… Por lo que el chavismo les ha dado una vida que muchos periodistas podrían envidiar. Sin embargo, mi respuesta fue corta: “si el objetivo del periodismo es limitar o criticar el gobierno, exponer la injusticia y generar debate en la opinión pública entonces recibir un premio de Maduro significa que no estás haciendo bien tu trabajo”.

A través de la historia los gobiernos socialistas o autoritarios han sido expertos en hacer pasar las relaciones públicas de sus hazañas como verdades y hechos periodísticos. La gente lee los diarios (o medios online) esperando encontrar al menos los hechos, pero cuando un periodista no cumple con su deber, y solo con su derecho, acaba auto-limitándose la libertad de prensa, y luego, el gobierno solo tiene que censurar a un par de rebeldes que quedan por ahí (como Globovisión).

Eso es lo que pasó en Venezuela, y lo que podría pasar en Chile si no actuamos con responsabilidad. Creo que no solo les molesta a los periodistas no tener libertad de escribir los hechos, al menos mostrando una posición distinta, sino que a la gente también le molesta que le mientan. Mientras menos libertad de prensa = menos medios y contraste de visiones = más chances de mentir y que nadie te rebata.

En la opinión pública nacional la palabra derecho se ha hecho cada vez más utilizada para hablar de esas cosas que el Estado debe garantizar sea como sea. Pero siempre se olvidan de los deberes, en todo los sentidos, incluso al deber del periodismo libre.

Por eso no hay que apelar primero al derecho de prensa, sino al deber de la prensa libre de contar los hechos, independiente de qué opinemos al respecto. Todos tenemos convicciones, unos más que otros, y aunque yo las tengo también, no las mezclo con mi vocación. Tomás Mosciatti no es simpatizante de la derecha, pero desde su deber de periodista ya nos advirtió que el gobierno de Bachelet quiere generar cambios culturales, y si uno de esos cambios va a que no nos importe si los medios nos mienten, y cerrar los medios que no vayan de acuerdo a lo que piensa el gobierno, acabaremos perdiendo también nuestro derecho a tener, al menos, algo parecido a la verdad en nuestras manos. Mi llamado no va a la alarma, sino a contrarrestar visiones, saber qué medios hablan directamente desde los intereses políticos y cuales quieren fiscalizar la injusticia. Es un trabajo difícil, no existe la objetividad periodística porque todos venimos con una forma de ver el mundo, pero alguien tiene que comenzar a hacerlo.