¿Qué tipo de moral, puede promover que el particular punto de vista de una persona o grupo, sea a priori considerado superior al de otro, y validar su imposición por la vía de la violencia?
Publicado el 09.10.2015
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Parece natural sostener que si usted y yo habitamos este planeta, entonces, tenemos un natural derecho a ejercer la libertad para  realizar en plenitud nuestras vidas. En cuanto a nuestros semejantes, tales derechos, no debiesen representar o imponer obligación, salvo una de carácter negativo para ambos. Esto es, que ellos se  abstengan de violar nuestros derechos, y nosotros los de ellos.

Sólo mediante el uso de la fuerza tal derecho a la libertad puede ser violado. La historia ha sido testigo de cómo mediante el uso de la violencia, se ha asesinado, robado y esclavizado.

Consecuentemente, cualquier sociedad civilizada respetuosa de los individuos que la componen, debe necesariamente erradicar el uso de la fuerza y establecer que el principio relacional fundamental entre seres humanos es el mutuo acuerdo voluntario.

La exclusión de la violencia en las relaciones sociales, requiere de una institución que proteja los derechos señalados de acuerdo a reglas objetivas, y ésta es, la justificación moral de la existencia de un gobierno. Es un monopolio del uso legal de la fuerza, con el fin de proteger las libertades de los individuos. Pero, si se ha de delegar el uso de la violencia en una instancia ad- hoc, las reglas para su uso deben ser objetivas y estrictas. De allí, por ejemplo, que en el ámbito del derecho público se pueda hacer sólo aquello que está expresamente permitido, y que en el del derecho privado la libertad sea el principio general, y la prohibición, la excepción.

Desde hace algún tiempo, han cobrado fuerza posiciones que  promueven el colectivismo. Si bien ellas responden a motivaciones de diversa índole, desde buenas intenciones hasta posiciones extremas violentistas, lo que es inequívoco es que para llevar a cabo sus propósitos, deben necesariamente recurrir a la coerción y, eventualmente, a su brazo ejecutor, la violencia. El resultado final es la degradación de su derecho humano más fundamental: su libertad.

¿Qué tipo de moral, puede promover que el particular punto de vista de una persona o grupo, sea a priori considerado superior al de otro, y validar su imposición por la vía de la violencia? ¿Sobre qué bases podría llegarse a justificar tal tipo de cultura? ¿Qué poder extraterrestre  habrá ungido a los seguidores de esta corriente de tal superioridad moral?

Para salvar tan inconveniente objeción, pareciera que los promotores del colectivismo discurren la existencia de un todo colectivo integrado por todos los individuos supuestamente iguales y actuando interdependientemente (¿?).  Tal instancia, pese a que no puede representar en la realidad más que la suma de individuos, misteriosamente, parecería, en opinión de sus seguidores, estar investida de una moral superior. Por lo mismo, el hombre sería en su visión, un medio sacrificable en beneficio del todo colectivo.

Ante el evidente menoscabo a la libertad que conllevan tales visiones,  en ocasiones también se utiliza otro término: la denominada “libertad positiva”. Sin pretender discutir la pertinencia de asignarle tal tipo de adjetivo al término, lo peculiar es que se opone al concepto que la mayoría tenemos de la libertad. Es decir, sería una libertad, que no es en realidad libertad (¿?). Supone el poder alcanzar estados más elevados o superiores que los que permitiría la libertad a secas. Quién decide y cómo se determinan esos estados, es un asunto poco claro. El uso de esta “maula”, complementada con el todo colectivo de arrogada superioridad moral son algunos de los caballitos de Troya  invocados para vestir de legitimidad al colectivismo, y su fauna acompañante, la coerción y la violencia.

Si a lo anterior agregamos la expresión, “un hombre, un voto, y mayoría siempre  gana”, entonces, bastaría para que una mayoría transitoria, tenga el poder total y  pueda además,  autodenominarse democrática. ¡Voilá! Ya tenemos una regla de oro para el gobierno de una sociedad colectivista. Y así entonces, en una sociedad del tipo señalado, de por ejemplo, tres miembros, basta que dos se pongan de acuerdo y puedan robar, esclavizar, e incluso matar al tercero.  ¿Qué tal?

¡Qué paradoja y que oda a la violencia puede conllevar el colectivismo! Qué distante de aquella democracia respetuosa de las libertades individuales, y en la que el hombre es reconocido como anterior al estado. Que distante de aquella a la que se le reconociera ser el mejor método conocido hasta ahora para dar solución “pacífica” a visiones alternativas en conflicto en una sociedad. Que monumental falta de respeto a nuestro derecho humano más fundamental: la libertad.