Los autores de "Diálogos de Conversos II", reviven un capítulo de su libro, ahora bajo el prisma del futuro segundo gobierno de la centro derecha.
Publicado el 29.12.2017
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Sería un error fatal creer que con una victoria de Sebastián Piñera se arreglan las cosas y se pasó el susto, como parecieran pensar algunos. Para ello habría que enfrentar decididamente los grandes desafíos de largo plazo, como crear una nueva hegemonía y un nuevo imaginario político capaz de darle estabilidad al país y convocar a una gran mayoría de nuestro pueblo a la realización de un potente proyecto de futuro.

Roberto: Qué bueno poder volver a dialogar en este Madrid que nos acoge tan bien, con el amable calor de junio y su inagotable vitalidad. Hemos dejado lo más inmediato en el tintero y ahora nos corresponde darle una mirada.

Mauricio: Así es y tal vez podríamos partir de una pregunta que me formuló ayer Jorge Edwards mientras caminábamos por el Paseo de Recoletos en dirección al viejo Café Gijón: “¿Cómo ves a Chile?”. “Bien”, le dije a nuestro ilustre compatriota, y luego me explayé: “en el corto plazo, pero complicado en el mediano”, y podría haber agregado: “y totalmente incierto en el largo plazo”. A mi juicio, sería un error fatal creer que con una victoria de Sebastián Piñera se arreglan las cosas y se pasó el susto, como parecieran pensar algunos. Para ello habría que enfrentar decididamente los grandes desafíos de largo plazo, como crear una nueva hegemonía y un nuevo imaginario político capaz de darle estabilidad al país y convocar a una gran mayoría de nuestro pueblo a la realización de un potente proyecto de futuro. Ahí está el gran dilema que no se va a resolver en la elección presidencial que tenemos ad portas. ¿Cómo ves tú el asunto?

R: Veo con igual preocupación que muchos piensen que todo esto tiene una solución en el corto plazo si gana Sebastián Piñera. Eso es no darse cuenta de la profundidad de los cambios y la crisis en que estamos insertos en este momento, y los desafíos que implica volver a colocar al país en un ritmo y en una dirección que le permita desarrollarse con cierta estabilidad, cierta seguridad, paz, cohesión y también justicia. La probabilidad de que Sebastián Piñera llegue nuevamente a La Moneda es alta y las tareas que deberá acometer son enormes, pero así y todo solo va a ser parte de un proceso de horizonte mucho más largo, amplio y complejo.

M: Me recuerdas la célebre frase de Churchill: “Este no es el final. Ni tan siquiera el comienzo del fin. Pero es, quizá, el fin del comienzo.”

R: De ser electo, la misión inmediata del presidente Piñera será frenar la caída económica del país y contribuir al reencuentro nacional y al fortalecimiento en el plano sicológico. Para ello, más allá de las medidas concretas, deberá insuflar confianza y esperanza, bajar los decibeles de la crispación y recuperar el diálogo, buscar consensos y alianzas nuevas. Tiene que ser un gobierno que realmente convoque a los chilenos a reencontrarse y a creer en sí mismos. Pero eso no es más que el piso para todo el resto, para la obra de construcción apuntando al futuro. Es decir, será lo urgente que hay que resolver para poder pasar a lo importante. Si esto no se logra, el nuevo gobierno de Sebastián Piñera puede ser un muy buen gobierno, tal como lo fue el anterior, pero, como en ese caso, no podrá garantizar la continuidad del esfuerzo ni la persistencia del rumbo, y eso es lo decisivo. De otra manera, el país volverá a una situación de estancamiento, porque no superará el pantano de la división, la polarización, la fragmentación y los bandazos políticos.

M: En medio de toda la agitación de un momento electoral como el actual es muy importante no perder de vista la idea o el proyecto de país en el largo plazo, y lo que se debe hacer para marchar en esa dirección. Y aquí hay que entender que la lógica del corto plazo electoral, que tiende a agudizar las diferencias, las visiones simplistas y la incapacidad de ver lo positivo en los adversarios, puede complotar contra la lógica del largo plazo, que requiere justamente de lo contrario. Lo más difícil en el caso de Sebastián Piñera no será, a mi juicio, ganar la elección, sino hacerlo de una cierta manera y saber administrar, con generosidad y visión abierta y convocante, la victoria. Contra ello conspirará el partidismo, el sectarismo y, sobre todo, el “sectorialismo”: “nuestro sector” contra el “de ellos”, como si se tratase de tribus enfrentadas y no de una comunidad nacional. Mantener la vista fija en el futuro, en el largo plazo, en la lógica de construcción de una amplia hegemonía, ese será el gran desafío de Sebastián Piñera, por más que la calle se agite y que algunos quieran “negarle la sal y el agua”, y por más que sus partidarios confundan el hoy con el mañana y lo urgente con lo importante.

R: Esto requiere un equilibrio difícil de mantener y manejar. La tentación evidente, especialmente mirando lo que fue el primer gobierno del presidente Piñera, será atrincherarse en la gestión eficiente y apostar menos por el discurso convocante. Lo clave aquí es no descuidar ninguna de estas dos tareas, trabajar con las dos manos por así decirlo: la mano que busca los grandes acuerdos duraderos, la construcción de hegemonía, la continuidad del rumbo por sobre el partidismo, y la que se aboca al día a día y a las políticas públicas de impacto cercano en el tiempo. Se tratará de unir, progresar y avanzar, y también de contener la seducción que intentarán ejercer los populismos sobre la población.

M: Este es un tema central ya que será vital mantener la capacidad en ambos frentes. El frente del relato, del imaginario social y la visión o proyección del país en el largo plazo, y el de lo inmediato y lo abarcable en el lapso de un período presidencial. La disociación de esos dos aspectos fue el problema decisivo del primer gobierno de Sebastián Piñera. El imaginario social fue captado por la izquierda radical, mientras que el gobierno se encerraba en una gestión extraordinariamente eficiente, pero que por ello mismo no pudo brillar como se lo merecía ni lograr continuidad. Esa es una dura lección que debe ser aprendida, no menos pensando que en un nuevo gobierno de Sebastián Piñera la tarea de convocar, entusiasmar y proyectarse en el largo plazo será aún más importante que en el anterior. Es decir, la política pasará a cobrar, en ese caso, aún más importancia que la política pública, sin querer por ello desmerecer la importancia de esta última. Ese, el de la política, es el campo donde se va a jugar el futuro de Chile porque, por más que se administre bien, si finalmente no se gana el gran debate acerca del Chile a construir como sociedad solidaria, justa y próspera, se terminará nuevamente como terminó el gobierno anterior del presidente Piñera.

R: También hay que subrayar que la búsqueda de grandes acuerdos no implica desdibujar la identidad propia, ni renunciar a la “batalla de las ideas”. Eso es clave para la vitalidad de una sociedad abierta, pero hay que saber hacerlo, sin antagonizar innecesariamente.

M: Un elemento muy importante a tener en cuenta es la precaria situación de la centroizquierda tradicional y la irrupción del Frente Amplio. Puede que la vieja centroizquierda mantenga, en el corto plazo, algo de sus posiciones, pero a mediano plazo el asunto se ve muy complicado. Y lo que aquí hay que entender es que el desfondamiento de la centroizquierda augura un futuro político extremadamente complejo y peligroso.

R: Esto se ve claramente mirando experiencias internacionales, como las de Grecia, Francia y España, donde la izquierda militante ha arrollado o, al menos, arrinconado a la izquierda de corte más moderado y socialdemócrata. Ello, junto al surgimiento de una derecha radical, agresiva y nacionalista, ha creado un escenario polarizado que está a años luz de aquel que le dio tanta estabilidad y progreso a Europa durante las décadas de posguerra.

M: Si en el flanco izquierdo del escenario político desaparece o deja de ser relevante una alternativa de gobierno relativamente moderada y dialogante, y si su espacio es ocupado por una izquierda radical que eleva la demanda refundacional a cotas que harán palidecer las propuestas del actual gobierno, entonces el hecho clave de la democracia, que es la alternancia en el poder, se transforma en algo dramático y el país queda expuesto a bandazos políticos desastrosos. Este es, de hecho, el peor escenario posible y el que más daño le haría, por la gran incertidumbre que conlleva, a nuestro desarrollo de largo plazo. La necesidad de evitar una deriva de polarización de este tipo –y tampoco hay que excluir, para complicar aún más las cosas, el surgimiento de una derecha radical con rasgos populistas y nacionalistas–, debe ser un dato esencial del análisis y las actitudes de una centroderecha responsable. Hay que entender que es fácil hacer leña del árbol caído y que en el corto plazo, especialmente en una coyuntura electoral, puede ser muy práctico concentrarse en un rival extremo que se maneja con propuestas que por su irrealidad y desmesura realzan las propias. Sin embargo, de esa manera se le puede entregar un rol protagónico inmerecido, como adversario electoral hoy y como oposición mañana, que puede terminar siendo altamente contraproducente.

R: Es fundamental evitar un desarrollo en que el país se polarice y vaya de bandazo en bandazo. De que cada nuevo gobierno llegue con el propósito de cambiarlo todo y realizar su proyecto soñado, cueste lo que cueste, a matacaballos y con mentalidad de retroexcavadora, como ocurrió en un momento dado con el gobierno actual. Gobiernos opuestos que al final suman cero es algo letal para un país. E igualmente insufrible es que el bando derrotado pase a hacer una oposición desmesurada y destructiva, apoyando cualquier movilización y sumando fuerzas con quien sea a fin de hacer ingobernable al país, como en gran medida intentó la Concertación/Nueva Mayoría durante el anterior gobierno de Sebastián Piñera. En relación a esto, es clave entender que con lo que está pasando en Chile, en lo económico, lo político, lo social y lo internacional, nadie puede aspirar a imponer cien por ciento y sin concesiones sus propuestas e ideas, ni tampoco nadie que tenga un mínimo de sentido común y responsabilidad puede permitirse hacer una oposición a ultranza.

M: Coincido plenamente. Pero también la actitud de los partidos que apoyan a Sebastián Piñera será importante y en ello veo problemas que deben ser expuestos y enfrentados con toda franqueza. Lo que a mi parecer deberían hacer es, para decirlo de manera drástica, anteponer el patriotismo al partidismo, lo que no es fácil tomando en consideración la dinámica natural de la vida partidaria. Los miembros de un partido están convencidos, y por ello militan en ese partido, que si se aplicasen todos sus principios y propuestas tendríamos el mejor de los países posibles. Pero ello no es verdad, porque “el país” alberga una diversidad de valores, intereses y situaciones vitales que ningún partido, justamente porque es un partido o facción y no el todo, puede representar. Hacer política con sentido de país en una sociedad abierta requiere, por tanto, incorporar al que piensa y siente distinto, conciliar propuestas y, sobre todo, hacer un ejercicio de modestia y conceder que la verdad y lo bueno están repartidos, tal como lo están el conocimiento y las mejores soluciones para nuestros problemas comunes. Esa es la actitud que especialmente hoy, dada la necesidad imperiosa de crear las bases de un consenso nacional muy amplio, debería primar entre las fuerzas que apoyan a Sebastián Piñera.

R: Exigente demanda la que haces. ¿No le estarás pidiendo peras al olmo? Pero apuntas bien a lo contradictorio y problemático de la lógica partidaria, a la vez que los partidos son esenciales para que funcione la democracia. La gran distancia actualmente existente de parte de la ciudadanía respecto de los partidos tiene mucho que ver con lo que dices, el partidismo, que al final puede terminar degenerando, como lamentablemente hemos visto, en el mero favoritismo y la “empleomanía” o “afán con que se codician los empleos públicos retribuidos”.

M: Más allá del partidismo, con lo que se debe romper es con lo que considero el componente más nocivo de la política chilena: la idea de los dos sectores. Esa especie de división tribal de nuestro país que a mí me repugna. Hay que redefinir las líneas de las distintas alianzas posibles, para lo cual hay que salir de la idea de los sectores, porque de seguir con ello aceptaríamos que la cancha del juego político esté eternamente rayada por el pasado de Chile y no por su futuro. En ese sentido, cualquier intento de monopolizar, hegemonizar o lisa y llanamente apropiarse de la campaña o de la figura de Sebastián Piñera por parte de alguno de los partidos que lo apoya sería tremendamente negativo, y de ello ya hemos visto intentos.

R: He visto que algún partido quiere ser “el corazón del nuevo gobierno”, y otro querrá ser su cerebro, y alguno el estómago, etcétera. Ojalá que se entienda de una vez por todas lo mal que esas expresiones de partidismo le hacen a un candidato que debe ser tremendamente inclusivo, amplio, ecuménico, polifónico, pero no por táctica electoral, sino porque es lo que Chile necesita.

M: Es un momento donde la grandeza debe caminar junto a la modestia y la generosidad, porque lo que está en juego, aquí y ahora, es mucho. Es una gran suerte que Chile tenga a un Sebastián Piñera como alternativa, pero a la suerte hay que cuidarla y abonarla con mucho esfuerzo y dedicación.

R: Es una persona que conocemos: se exige a sí mismo y exige a los demás, y que apreciamos por lo mismo, y lo que más rescato en este momento, más allá de su innegable capacidad de trabajo e inteligencia, es su capacidad de aprender de la experiencia y de dar la cara. Lo primero es vital para no repetir errores e ir madurando, lo segundo para enfrentar las dificultades que sin duda vendrán y que no serán pocas. No va a ser un Chile fácil el que le va a tocar gobernar, y frente a un mar tormentoso nada ayuda tanto como la madurez que da la experiencia y el valor para enfrentar derechamente las dificultades y los desafíos.

M: Poco tengo que agregar, y la noche ya ha caído. Es tiempo de interrumpir, por esta vez, nuestro diálogo. Será entonces hasta la vista, en el Chile de la primavera, presentando nuestro segundo Diálogo de Conversos.