“No hay razón por la que naciones comprometidas con el espíritu empresarial y el libre comercio no prosperen fuera de la Unión Europea. Suiza ha hecho eso en el pasado y Gran Bretaña puede hacerlo en el futuro”.
Publicado el 24.06.2016
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Ayer, en un referéndum nacional, los ciudadanos británicos votaron a favor de dejar la Unión Europea. Cuando el Reino Unido se unió a la Comunidad Económica en 1973, ésta era apenas poco más que una zona de libre comercio. Con el paso del tiempo, sin embargo, la CEE evolucionó en una entidad supranacional que, al menos superficialmente, se parece a un estado federal. La Unión Europea tiene su propia bandera, himno, moneda, presidente (van por el quinto) y servicio diplomático. Es gobernada por una sobre-remunerada y arrogante burocracia basada en Bruselas que no es elegida ni es responsable por sus decisiones frente a los ciudadanos. Era, por lo mismo, perfectamente razonable dar al electorado británico la oportunidad de remirar los cambios que han ocurrido en Europa en los últimos 43 años.

Fue extraña la campaña a favor del Remain. Este comando trató de ofrecer una especie de caso anti europeo a favor de la permanencia. Percibiendo que muchos ingleses tenían una sospecha profunda y de larga data respecto de la Unión Europea, Remain transmitió: “Nosotros también odiamos a la UE, pero sería muy peligroso irnos”. Quizás la campaña fue diseñada para atraer a los votantes indecisos, pero creó una sensación rara. La mayoría de los británicos tienen sentimientos positivos sobre la Unión Europea, en particular muchos de los que votaron a favor de la salida, sólo que estiman que ahora no es lo mejor para ellos.

Y en efecto no hay razón por la que naciones comprometidas con el espíritu empresarial y el libre comercio no prosperen fuera de la Unión Europea. Suiza ha hecho eso en el pasado y Gran Bretaña puede hacerlo en el futuro. Y mostrando al resto de Europa que es posible vivir en paz y prosperidad fuera de los sofocantes confines de la Unión Europea, Gran Bretaña podría ser la primera de las 28 naciones que conforman el bloque en liderar el camino para otras que también desean recuperar la conducción de su propio destino, incluyendo Dinamarca, Francia, Holanda y Suecia.

La independencia no es sinónimo de aislamiento

Es importante notar que independencia no es aislamiento. Esta es una distinción clave que la retórica de campaña del Mejor Juntos del comando del Remain dejó intencionalmente borrosa. Cuando alarmaban sobre las consecuencias de dejar Europa, los ideólogos de la campaña del Bremain evocaban imágenes de una Gran Bretaña abandonando la civilización Occidental. Pero Occidente no es lo mismo que la civilización occidental. Y la Unión Europea no es lo mismo que Europa. Salirse de un mega estado no equivale a retirarse de la civilización.

Los promotores de los súper estados reclaman que la centralización promueve el comercio y la paz: que las uniones aduaneras descomponen las barreras comerciales y que los gobiernos internacionales previenen las guerras. Es cierto que los acuerdos comerciales favorecen el comercio, como fue el caso de la CECA a partir de 1951 y del Mercado Común Europeo en 1957, cuando se concentran en crear lo que su nombre implica, una zona de comercio extensa,  con libre tránsito de bienes, servicios y personas. Pero cuando estos acuerdos pasan a ser súper estados con sus propios intereses como fue el caso de la Unión Europea, tienden a alentar el proteccionismo. Y mientras más grande el bloque, más y mejor puede hacer frente a un aislamiento económico, consecuencia de una guerra comercial, y a tomar a los ciudadanos como rehenes ya que es difícil optar por una salida, “votando con los pies” como se lo conoce en la literatura política. Por el contrario, una unión política chica no puede enfrentar el aislamiento económico; simplemente no tiene los recursos domésticos necesarios en el siglo XXI. De modo que más allá de la retórica aislacionista del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), el resultado práctico de la votación de ayer seguramente será más comercio libre y más movilidad laboral transfronteriza, es decir, más inmigración.

Desde luego habrá consecuencias económicas de corto plazo post Brexit. Los optimistas estiman 2 a 3% de pérdida del PIB, aunque hay incluso quienes piensan que podría evitarse si no se tomara la salida como una represalia ejemplificadora y hubiera buena voluntad. Pero los británicos lo sabían al momento de votar. No estaban hipnotizados. Las encuestas mostraban que esperaban las peores consecuencias económicas para los próximos 5 años, pero con mejorías en el mediano y largo plazo.

Los mercados financieros han estado y están volátiles, como es su costumbre en estos casos. El cambio tiende a ser impopular entre ellos, independiente del tema de que se trate. La literatura que estudia los efectos que se producen en los mercados financieros con los cambios de partidos en la Presidencia de Estados Unidos es contundente: siempre reaccionan negativamente al cambio presidencial de partido, independiente de quienes sean los candidatos o de cuán buenos prueben ser para la economía. En términos de lo que hoy sucede en Londres, los ingleses harán nuevos acuerdos y alianzas que los mercados financieros no están reflejando en esta instancia.

Cameron desde luego ha tenido que renunciar inmediatamente. Habiendo obtenido tan poco en su negociación con la Unión Europea y habiendo ocupado su campaña pro Bremain declarando la debilidad negociadora en que quedaría sumido el Reino Unido frente al resto del mundo de separarse de la Unión Europea, no hay forma que pueda tener un rol en negociar lo que significa Brexit.

Cualquiera sea el camino elegido por el Reino Unido, lo que la experiencia muestra, incluyendo la de Chile, es que deben reaccionar a Brexit siendo más abiertos e integrados al mundo. Seguramente negociarán un nuevo acuerdo con la Unión Europea, aunque ese no es tema ahora. El gran tema es qué nuevos socios se arreglarán para conquistar en los próximos 15 años. Casi con certeza intentarán acercarse a Canadá y Australia commonwealth, con la idea de crear un Cuarto Jugador en la política global, para sumarse a Estados Unidos, Europa y China.

Hoy tenemos una victoria para Brexit. Son buenas noticias para la libertad en Europa. Durante la Revolución Industrial, Gran Bretaña fue un faro de libertad doméstica y progreso económico que estimuló la reforma liberal en el continente europeo. Una Gran Bretaña independiente en el siglo XXI puede cumplir ese mismo rol otra vez. Al hacerlo, ayudaría a Europa a salir de la Unión Europea mucho más de lo que podría haberla ayudado estando adentro. Brexit podría significar la sentencia de muerte para la burocracia de Bruselas pero la gracia salvadora para los ciudadanos europeos.