El sistema electoral americano ha operado pacíficamente por más de 200 años porque el Colegio Electoral cumple con los propósitos para los que fue creado. El proceso de elección presidencial preserva el federalismo, previene el caos, otorga un resultado electoral definitivo y previene mandatos tiránicos o irracionales.
Publicado el 06.02.2016
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Los votantes inscritos del Partido Republicano y Demócrata participaron el pasado lunes 2 de febrero en el famoso caucus de Iowa en el que eligieron a 30 y 52 representantes, respectivamente, para sus grandes convenciones de las que saldrán los dos candidatos a la presidencia que se enfrentarán, como es tradición, “el primer martes después del primer lunes de noviembre” en las elecciones que deciden al hombre más poderoso del planeta.

Se trata de las primarias de los Estados Unidos de Norteamérica, el complejo proceso político para seleccionar al presidente de ese país y que prolonga la campaña electoral durante prácticamente un año, en una batalla que, en esta elección, promete ser larga y disputada.

En el bando republicano se perfila una campaña de a tres. En el bando demócrata, la ventaja en las encuestas de Hillary Clinton se ha esfumado y Bernie Sanders ha conseguido empatar con la antigua primera dama.

Para elegir sus candidatos a la Presidencia los partidos americanos imitan en lo esencial a su propio sistema electoral: no se vota directamente al presidente –al candidato en este caso– sino a delegados elegidos en cada estado que son los que posteriormente votarán al presidente o, de nuevo, al candidato. Es el mecanismo que en la Constitución los Padres Fundadores instituyeron luego de un larguísimo debate, con la creación de un Colegio Electoral y que resulta la esencia de lo que para ellos representaba el gobierno de la mayoría pero con respeto a los derechos de las minorías.

En las primarias se eligen los delegados a la convención nacional de los dos partidos que elegirán el candidato a presidente, la Republicana del 18 al 21 de julio en Ohio, y la Demócrata a partir del 25 de julio en Filadelfia. Y existen dos formas distintas de elegir a estos delegados: las primarias propiamente dichas y los caucus.

En el caso del sistema de primarias, dependiendo del estado y el partido, son abiertas –están llamados a participar todos los votantes del censo– o cerradas, en las que sólo participan los que se han registrado en cada partido. En ambos casos los votantes elijen directamente a los delegados que participarán en la convención nacional y que al presentarse se han comprometido a apoyar a uno y otro candidato. Estas elecciones están organizadas por la autoridad electoral del estado.

Los caucus, en cambio, sí son organizados por cada uno de los partidos y el sistema es diferente, más artesanal por decirlo de alguna manera: son reuniones o asambleas locales en las que los registrados de cada partido se congregan en cada uno de los distritos electorales a lo largo de un estado, pero no eligen a sus representantes en la convención nacional, sino a los que participarán en las de cada condado.

El ganador en cada condado se lleva todos los representantes en juego a la convención estatal, la que luego elegirá el candidato a la convención nacional, pero en el caso demócrata hay un elemento adicional: aquellos que no llegan al 15% en las asambleas no son considerados candidatos viables y deben realinearse con un candidato que sí lo sea.

El calendario de primarias cubre cuatro meses y medio del mismo año en el que se celebran las elecciones. La primera cita es el caucus de Iowa, que acaba de celebrarse el pasado lunes 1 de febrero. Ocho días después, el próximo martes 9 de febrero, se celebran las primarias en New Hampshire con las que se inaugura el calendario de este formato electoral.

Estas dos primeras citas marcarán tendencia y eliminarán a los candidatos más débiles de ambos partidos (de hecho luego del caucus de Iowa O´Malley y Huckabee se retiraron de la carrera por la candidatura republicana). Los resultados en estos estados dan una instantánea de la popularidad del candidato, su habilidad para organizarse y del impulso que gozan en las circunstancias que se inician. Pero no deberían sacarse conclusiones más allá: el proceso que se inicia es largo y duro. Se deberá esperar al ya famoso “súper martes”, que este año tiene fecha para el 1 de marzo, el día en el que se celebran procesos electorales – primarias y caucus – en catorce estados y tan importantes como Georgia, Massachussets, Texas o Virginia.

Habitualmente el candidato de ambos partidos quedará definido antes, pero si la batalla entre los dos candidatos fuese muy enconada su definición podría prolongarse hasta el 7 de junio, penúltimo día de las primarias y momento en el que se decide el estado que más representantes aporta a ambos partidos: California, con 475 electores para los demócratas y 169 para los republicanos.

Ese día termina la campaña republicana mientras que la demócrata se prolonga hasta el 14 de junio cuando se elige a los tres delegados del Distrito de Columbia, es decir la capital -Washington- que no pertenece a ningún estado y cuya incorporación al circuito electoral se produjo a partir de la 23° enmienda con la asignación de los tres electores fijos.

Para la elección del candidato a presidente de los Estados Unidos en total se eligen 4.764 delegados demócratas y 2.472 republicanos que se reúnen en sus respectivas Convenciones Nacionales durante el verano: la Republicana, que este año tendrá lugar del 18 al 21 de julio en Ohio y la Demócrata que será la semana del 25 de julio en Filadelfia. En estos encuentros los candidatos son proclamados oficialmente y anuncian el nombre del elegido para la vicepresidencia, con lo que quedan configuradas las boletas –los tickets- electorales de ambos partidos.

El martes 8 de noviembre será finalmente la elección nacional de los electores de los Estados Unidos de América los que se reunirán el primer lunes luego del segundo miércoles de diciembre en cada estado, para elegir a quien será investido como el 45° presidente de Estados Unidos el 20 de enero de 2017.

Cada estado recibe el mismo número de electores como número tiene de diputados y senadores –mientras más grande el estado, más electores tiene en virtud de la cámara de representantes. En todos los estados menos en Maine y Nebraska, se aplica el sistema de “el ganador se lleva todo”, de modo que si se gana el 60% de los votos de un estado, se ganan todo los electores de ese estado. Por ejemplo, en 2012 Obama ganó el 51% de los votos a nivel nacional que se trasladó al 61% de los votos del Colegio Electoral.

Los Padres Fundadores ocuparon meses de extensa deliberación en el tema de la elección presidencial: lo consideraron uno de los temas más difíciles que enfrentaba la Convención. Y la razón por la que decidieron proveer esta “capa extra” de protección a los ciudadanos frente al poder del gobierno a través de la creación del Colegio Electoral -en lugar de decidir la elección directa del presidente- fue por la reserva que la mayoría de los fundadores de la nación norteamericana tenían respecto del asambleísmo, de ese estilo de democracia directa que, pretendiendo emular los debates de la Antigua Grecia, nunca había podido funcionar en comunidades más grandes, para terminar siempre en formas de gobierno con auras de tiranía como tan cerca habían visto en el tiempo con la revolución de los jacobinos.

James Madison se preocupaba de lo que él llamaba las “facciones”, que definía como grupo de ciudadanos con un interés común en alguna propuesta que podría violar los derechos de otros ciudadanos o dañar a la nación como un todo. El miedo de Madison –que más tarde Alexis de Tocqueville apodó “la tiranía de la mayoría” –era que la facción podía crecer para abarcar más del 50 por ciento de la población, en cuyo caso podía “sacrificar a su pasión o interés gobernante el bien común y los derechos de otros ciudadanos”. Como escribe Alexander Hamilton en los “Papeles Federalistas”, la Constitución está diseñada para asegurar “que la oficina del Presidente no caerá nunca en manos de ningún hombre que no esté provisto de las calificaciones requeridas. El punto del Colegio Electoral es preservar “el sentido del pueblo”, a la par que asegurar que el presidente sea elegido por “hombres capaces de analizar las cualidades necesarias y que actúen bajo circunstancias favorables a la deliberación…”.

Los Padres Fundadores crearon así una república democrática que incorporó el espíritu del compromiso y la deliberación en la toma de decisión. Tal forma de gobierno permitió alcanzar dos objetivos: evitar la “tiranía de la mayoría” inherente a los sistemas democráticos puros y “reflejar el espíritu del pueblo”. Los autores de la Constitución habían estudiado la historia de muchos sistemas democráticos fallidos y lucharon por crear una forma de gobierno diferente. James Madison en particular, delegado por Virginia, tenía claro que las mayorías sin restricciones como las que se encuentran en las formas puras de democracias tienden hacia la tiranía y así puede leerse de sus escritos.

Hoy está de moda hablar de la “disfuncionalidad de Washington” para aludir a la parálisis legislativa del Congreso americano cuando no logra sancionar más que unas pocas leyes en un período de sesiones ordinarias. Como es habitual en burócratas y políticos lo primero que hacen es echarle la culpa al sistema electoral y proponer cambiarlo. No se les ocurre –no les conviene– pensar que precisamente lo que se intentó al diseñar un sistema constitucional de protección a las libertades es que no fuera fácil aprobar normas que interfirieran con la libertad de los individuos. De hecho, el sistema estaba pensado para evitar que el gobierno federal o los gobiernos estaduales así lo hicieran. Si continuara la tendencia creciente hacia la federalización de cada vez más temas que se entrometan en la vida de los ciudadanos, recortando su margen de libertad, los consensos seguirán siendo muy difíciles de lograr y, en tal caso, el sistema constitucional norteamericano estará, justamente, cumpliendo su propósito.

A pesar de sus declaraciones contra la democracia directa los Fundadores eran también férreos defensores del auto gobierno, y a menudo hablaban de la necesidad de permitir que la voluntad de las personas operara en el nuevo gobierno. George Mason, delegado por Virginia, declaraba que “la genialidad de las personas debe ser siempre consultada”. James Madison concordaba, hablando sobre la “honrosa determinación, que anima a todo devoto de la libertad y que permite descansar todos nuestros experimentos políticos en la capacidad de los hombres para el autogobierno”.

Por ello los delegados a la convención de Filadelfia enfrentaron un dilema. Su oposición a la tiranía de la mayoría iba a la par que su determinación de permitir a las personas gobernarse a sí mismas –y sabían que los votantes en los estados pequeños necesitarían ser libres para gobernarse a sí mismos, tanto como los ciudadanos de los estados grandes. Reconciliaron estas necesidades en conflicto creando un gobierno republicano, organizado sobre principios federales, en el que las minorías tendrían muchas oportunidades para hacerse oír. El Colegio Electoral fue el instrumento que consideraron encajaba perfectamente dentro de este gobierno republicano y federal. El sistema permitiría –y sigue permitiendo más de 200 años después- a las mayorías gobernar, pero sólo en tanto fueran razonables, tuvieran amplio apoyo popular y no fueran tiránicos respecto de los derechos de las minorías.

No es ocioso dedicarse a profundizar el sistema electoral norteamericano y no lo fue a la hora de su discusión en la Convención de Filadelfia. Aunque podría resultar a simple vista una cuestión operativa, lleva implícito principios que fueron y son centrales al espíritu de ese país. La libertad de asociación, la libertad de expresión y el control del gobierno central de parte de los gobiernos estatales así como las alternativas de elección de un estado sobre otro para los ciudadanos, quedan reflejados en este tema dado el enorme margen de decisión que tienen los estados y los partidos políticos a nivel nacional y estatal para elegir la forma de selección de sus candidatos a las primarias.

Cada estado puede decidir elegir sus candidatos a través de primarias –proporcionales, del tipo “el ganador se lleva todo” o híbridas- o a través de caucus que pueden tomar infinitas formas. Ambos sistemas pueden variar de elección en elección. Cada estado puede establecer sus propias fechas de votación e incluso decidir adelantar las fechas respecto de las que hayan establecido los partidos a nivel nacional y los partidos pueden decidir rechazar las votaciones que desobedezcan esas fechas. Los partidos pueden establecer cuáles son los estados que tendrán el método “el ganador lleva todo” y adelantar las primarias en esos estados a la par que establecer el número proporcional de delegados para esos estados en los que su candidato tendrá más votos. Cada estado puede decidir incluso si va a realizar o no primarias. Después de todo son los ciudadanos con sus impuestos los que pagan estos gastos.

El sistema electoral Americano ha operado pacíficamente por más de 200 años porque el Colegio Electoral cumple con los propósitos para los que fue creado. El proceso de elección presidencial preserva el federalismo, previene el caos, otorga un resultado electoral definitivo y previene mandatos tiránicos o irracionales. Los Fundadores crearon un sistema estable, bien planificado y cuidadosamente diseñado, y funciona. Elecciones en las que el presidente ha perdido el voto popular son testamento del ingenio de los Padres Fundadores. En cada caso el ganador pudo triunfar porque su oponente no construyó la coalición nacional que requiere el Colegio Electoral. En cada caso, los estados más pequeños fueron protegidos de sus vecinos más grandes. En cada caso, el sistema de elección presidencial funcionó efectivamente para dar al país un presidente con apoyo a lo ancho y a lo largo del territorio.

Alexander Hamilton tenía razón cuando describió al Colegio Electoral en El Federalista N°68. Quizás el Colegio Electoral es imperfecto –pero es dudoso que se pueda alcanzar una solución perfecta. Sin embargo, el proceso de elección presidencial diseñado por los Fundadores es ciertamente excelente.

 

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