Al virtual reinado de la delincuencia, y al ambiente de terror que ya forma parte del paisaje en sectores de la Araucanía… ¿le sumaremos ahora el triste hábito de tener que soportar una temporada infernal cada nuevo año?
Publicado el 07.02.2017
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No será fácil olvidar este enero de 2017.  Vivimos el mes literalmente en llamas, y la ciudadanía, atónita, no cuenta con una explicación categórica y convincente sobre el  origen real de esta situación, ni cómo se piensa evitar que se repita en un verano  futuro. Parece evidente que la insinuación de una acción espontánea de la naturaleza, cual castigo bíblico, no sería plausible.

Dos semanas de pasantía en el infierno con creación espontánea y permanente de focos independientes por doquier debieran haber dado luces suficientes a un estado medianamente diligente.

Algunas autoridades tímidamente habrían indicado intencionalidad en algunos casos, y que habría algunos detenidos, pero… hemos pasado un mes entero en llamas y sin explicaciones. También hay quienes parecieran creer que con la censura se apagan los incendios y amenazan con drásticas sanciones a quién divulgue por medio de las redes sociales, información, a su juicio, tendenciosa. Pero, de nuevo…  vivimos un mes en llamas y no hay explicaciones.

Una persona a quien estimo y juzgo como de fino y certero juicio, me indicó en una ocasión que  las explicaciones sobre la ocurrencia de un determinado evento adverso podrán ser buenas o ser malas, pero que no por ello dejan de ser explicaciones. Normalmente no es cómodo explicar.

Pero el problema de no explicar lo que requiere a gritos ser explicado, es mucho más complicado. Es que no por callar, no se comunica; todo lo contrario. Con ello puede involuntariamente comunicarse ignorancia, incompetencia, o incluso, más grave, que se intenta ocultar deliberadamente información relevante. La ciudadanía merece una explicación creíble. Mientras ello no ocurra, más intensa será la especulación, la señal de radio pasillo y la confusión.

Pero no solo se trata del siniestro en curso, el que ya, lamentablemente, ha derramado abundante leche y cobrado vidas humanas; se trata de emitir una sólida señal de coherencia que inhiba comportamiento indebido (¿criminal?) en un futuro. Si  la tesis de la intencionalidad es la correcta y se cae en la tentación de “hacerse los cuchos”, las autoridades y funcionarios responsables de tal omisión estarían literalmente subsidiando y promoviendo nuevos veranos incendiarios. Presumo que compartirá Ud. conmigo que ello sería gravísimo.

Lo que está en juego no es menor. Juzgando generosamente, el Estado y sus instituciones han exhibido un modesto desempeño en materia de seguridad ciudadana. Al virtual reinado de la delincuencia, y al ambiente de terror que ya forma parte del paisaje en sectores de la Araucanía…  ¿le sumaremos  ahora el triste hábito de tener que soportar una temporada infernal cada nuevo año?

Pablo Ihnen de la Fuente, ingeniero y consejero de Libertad y Desarrollo.