Los resultados del estudio Values and Worldviews de la Fundación BBVA, realizado en diez países europeos, muestran que la población española es la más estatista de los países estudiados.
Publicado el 17.01.2015
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Según las últimas encuestas Adimark-Bicentenario UC la población chilena valora mucho más el mérito, el esfuerzo y la responsabilidad individual como fuentes de bienestar de las personas que lo que el Estado pueda hacer. Así, un 53% de los encuestados señala que la responsabilidad por el sustento económico recae en las personas, mientras que quienes lo atribuyen al Estado sólo alcanzan a un 12% del total.

Esta visión, que la responsabilidad por el progreso en la vida está radicada fundamentalmente en la persona y no en el Estado es un valor que hay que cuidar, en especial cuando Chile está gobernando por Michelle Bachelet, la cual llegó al poder más por empatía que por la claridad de su programa, ofreciéndole a la gente una lluvia de promesas, tal como lo hizo su colega socialista español, Rodríguez Zapatero, quien no solo dejó a España sumergida en un déficit cercano al 10% en diciembre de 2011, sino que hizo que los españoles olvidasen la relación existente entre deberes y derechos, esfuerzo y resultado. Sí, que los españoles olvidaran la fuente del desarrollo y la prosperidad: el trabajo y el esfuerzo.

Los resultados del estudio Values and Worldviews de la Fundación BBVA, realizado en diez países europeos, muestran que la población española es la más estatista de los países estudiados. Aspira a que el Estado se encargue de proporcionarle no solo todo tipo de seguridades y servicios esenciales, sino amplios derechos sociales y económicos. En España, algunos comentaron la encuesta diciendo: “La encuesta coloca a los españoles en la cima de los aprovechados vocacionales, firmemente dispuestos a vivir mejor incluso en tiempos de crisis pero siempre que sea a costa de los demás”.

Así, frente a un promedio europeo que va del 55 al 65%, entre el 77 y 86% de la población española piensa que el Estado debe desempeñar un gran papel en los ámbitos relacionados con el bienestar social (sanidad, educación o pensiones). También lo quieren muy presente en otras áreas, por ejemplo, en el control de beneficios, precios y salarios. Los españoles partidarios de este Estado tan ubicuo son porcentualmente el doble que la media europea.

El estudio muestra que una gran mayoría de la población española quiere que se mantenga el actual modelo de Estado del Bienestar, a pesar de que está en quiebra. Los españoles defienden un aumento del gasto público para salir de la crisis, y predomina la preferencia por un amplio sistema estatal de seguridad social (81%, frente al 66% del promedio europeo). Quieren que se incremente el gasto público en sanidad (78%), en atención a discapacitados (75%), mayores (73%) y desempleados (69%); en educación (65%) y en investigación científica (62%), lo que está muy por encima de la media europea. Mientras el 39% de los europeos está de acuerdo en hacer ajustes para cuadrar las cuentas públicas, en España sólo el 2, % defiende los recortes de gasto público (políticas de austeridad) para reducir el déficit y la deuda, frente a un 59% que está por mantener o aumentar el gasto público. Así, la población española es la que menos se inclina por hacer ajustes para combatir la crisis.

Si miramos ahora hacia Chile, vemos que en relación al tema de la desigualdad, un 50% de los encuestados señala que se debe premiar el esfuerzo aun cuando se produzcan importantes diferencias de ingresos. A los españoles, por su parte, no les gusta que se recompense el esfuerzo. En general, los europeos aprueban que haya diferenciación en los ingresos a partir del esfuerzo individual, percepción que se acentúa en países como Dinamarca y Holanda. Sin embargo, los españoles se alejan del promedio europeo: un 55% aboga por unos ingresos más equilibrados, con independencia del esfuerzo personal, frente al 42% que cree que los ingresos deberían diferenciarse en función del esfuerzo.

En otras palabras, los españoles aspiran a tener un gran Estado-niñera, controlador, interventor y protector, y por eso están como están.

Ojalá que a Chile no le pase lo mismo. Es de esperar que la crisis de los países del sur de Europa y en especial la española sea un llamado a no dejarse embaucar por la demagogia de la presidenta Bachelet sobre la gratuidad universal y los derechos adquiridos.

La mejor vacuna ante promesas populistas es no olvidar que la fuente del desarrollo, la prosperidad y el bienestar está en el trabajo y el esfuerzo, todo lo demás son cuentos.