Publicado el 02.01.2017
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Con motivo de las celebraciones de año nuevo, mi amigo imaginario Intuito Grillo (IG), se hizo nuevamente presente en mis sueños. Estaba francamente furioso por la determinación del gobierno de establecer el 2 de enero como feriado legal. Me dijo en tono severo “¿Has visto algo más parecido a un aumento compulsivo y arbitrario de sueldos? Te pagan lo mismo por trabajar menos. Todo ello, y aunque parezca mofa, ¡precisamente en el año que el mismo gobierno lo declara como el de la productividad!”. Con ironía exclamó: “¿Será que se referían a la productividad de la holganza?”.

Entre sueños le repliqué que compartía su objeción. Y con cierto ánimo pícaro le dije que entendía; lo habrían justificado en que el día primero este año caería un día domingo. También que había escuchado que se decía que para la economía era poquita cosa y que no era para tanto.

Dicho aquello, sentí que comenzaba a arder Troya. Me dijo con tono severo: “Ya no hallan la forma de sacar la vuelta al trabajo. Si se tratara sólo de ellos, serán libres de hacer lo que les plazca sin molestar a terceros. Pero obligarnos a todos a ser cómplices de este hurto colectivo, y con el soterrado propósito de disponer 24 horas garantizadas –y este año adicionales al domingo- para pasar la borrasca, ya parece  cruzar la línea. Personalmente creo una burla grotesca esa insinuación de que se trataría de fortalecer los lazos familiares, pues sin pretender justificarlo tampoco -¿cómo se explicaría que no se hubiese hecho en Navidad, que sí tiene connotación familiar?”.

“Como gran concesión nos dicen que este feriado sería renunciable. Esto es, debemos irrenunciablemente cobrar como extraordinarias las horas dedicadas a nuestro trabajo del día 2 de enero. Todo ello gracias a la infinita generosidad de nuestros gobernantes de hacer regalitos con el producto del esfuerzo ajeno”.

“Respecto de los poquitos”, dijo IG: “Y como si no fuera suficiente con los ya significativos muy poco poquitos, los poquitos – poquitos, ya parecen ser persistentes, y potencialmente graves de continuar su acumulación -si no, consulte a Darwin. Pero lo más grave consiste en que el argumento de los poquitos esconde lo esencial, que son los principios, y las señales que con su violación  se transmite a la ciudadanía. Con esta dádiva, como ya se indicó, no sólo se estaría gravando implícita y demagógicamente toda la actividad económica que demanda trabajo humano y que se habría desarrollado normalmente un día hábil, también se atropellan las libertades individuales, se  establece un peligroso precedente, y además se ningunea el valor del trabajo”.

Al retirarse indignado exclamó con evidente ironía: “¡Gratificante y educativo mensaje nos deja este insólito feriado de comienzos de año!”.

Como ha sido la tónica desde hace algún tiempo, cada vez que me visita Intuito, me cuesta recuperar el sueño. En esta ocasión, solo lo logré cuando decidí trabajar en mi casa el día 2.

 

FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO