“¿Quién habría sospechado, veinte, quince o hasta cinco años atrás, que fuese posible encontrarnos en la situación actual?” me decía mi amigo imaginario que actúa como Pepe Grillo.
Publicado el 10.12.2016
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Tengo un amigo imaginario que ocasionalmente, con o sin invitación previa, actúa como una especie de Pepe Grillo. La mayoría de las veces ha demostrado tener un juicio certero, por lo que la experiencia me ha aconsejado escucharlo. Lo he llamado Intuito Grillo, o IG. Pese a que IG normalmente es sereno, desde hace algún tiempo ha estado particularmente inquieto. No hace mucho, se hizo presente en sueños luego haber visto un programa de análisis político en  televisión.

“Preocupantes los tiempos que corren”, me decía. “Pareciera que la fuerza de gravedad hubiese cambiado de sentido, y que los walking dead se estuvieran tomando este país”.

Reflexionaba: “¿Quién habría sospechado, veinte, quince o hasta cinco años atrás, que fuese posible encontrarnos en la situación actual? Estos últimos tres años he incluso escuchado cuestionamientos acerca de la solidez del estado de derecho. Para qué decir sobre la percepción de incompetencia en la acción del Estado en relación a la seguridad ciudadana”.

En materia de iniciativas recientes, se lamentaba: “El sistema tributario chileno, hasta hace pocos años reconocido por su eficiencia y pro ahorro, ha sido literalmente desarticulado por una reforma que destila ideología y poca prolijidad. Las finanzas públicas, lejos de fortalecerse, han terminado en una situación de peligrosa precariedad. El marco institucional educacional, otrora respetuoso de las libertades ciudadanas, ha sido víctima de un acto de matonaje ideológico-político impuesto por mayorías transitorias, limitando severamente la libertad de elección de los padres y apoderados respecto de la educación de sus hijos. De mantenerse la política vigente sobre educación superior –bajo la consigna de universidad gratis para todos–, enfilaría hacia un estado de segregación límite y un creciente control estatal vía financiamiento. La legislación laboral se ha tornado cada vez más rígida, y proclive a inducir conflictos. Definitivamente, antagónica a los requerimientos de un país pequeño y abierto al comercio exterior. Sectores ideologizados extremistas y  sectores vinculados a la coalición de gobierno se aprestan a saquear el ahorro previsional de propiedad de quienes hemos contribuido a nuestras cuentas individuales por años. En apariencia buscan el apoyo de los estudiantes –o más, propiamente dicho, protestantes– bajo la promesa de ser la generación privilegiada que gozará del ahorro expropiado a sus padres.  Pero además, como si fuese poco, también se empeñan en cambiar la Constitución y últimamente, en debilitar los derechos de propiedad e incentivo a la eficiencia en el sector agrícola ganadero. El sector público, salvo honrosas excepciones, se ha ido plagando de operadores burocráticos ideologizados, cuya finalidad pareciera ser la de ahogar cualquier iniciativa privada emprendedora”.

“Con tal relato”, me decía IG, “¿le cabría a alguien sensato esperar que el país crezca? El que siembra, cosecha. Y como la siembra de estupideces ha sido generosa, la cosecha también lo será, y. . . presumiblemente por largo tiempo”.

Yo le repliqué que compartía muchas de sus aprensiones, pero que me parecía que era demasiado pesimista, y que la gente en definitiva reaccionaría, y así el país podría enmendar el rumbo en un plazo relativamente mediato. Le insistí que así parecían sugerirlo las encuestas.

Se mostró incrédulo. Me miró con una expresión que me hizo sentir un tanto ingenuo, y me refutó: “No te equivoques, muchos de los destrozos no son para nada fáciles de corregir, aún en condiciones favorables, por la dinámica e imperfecciones de los mercados políticos. Solo a modo de ejemplo, ¿conoces alguna ley, dentro de los últimos 30 años, que haya promovido alguna flexibilización de la legislación laboral?”. Tuve que guardar silencio. Luego indicó: “¿Cómo crees que los mercados políticos van a resolver el problema de la falta de competitividad de la empresa local luego de instalarse los monopolios legales que florecerán al amparo de las negociaciones por sector económico?”. Ironizó, “Very simple, but also very stupid: subiendo aranceles, cerrando nuestra economía, y así… anulando nuestra única posibilidad de crecer competitiva y sostenidamente en el largo plazo”.

“Pero la gravedad de la situación”, continuó, “no se limita a que una mayoría (hoy minoría) de turno esté imponiendo su ideología en la contingencia. En efecto, el  impacto del relato anterior se agudiza aún más cuando se cae en cuenta de que  hemos sido víctimas de un proceso deliberado de deslegitimación y desprestigio de los principios y fundamentos que sustentan una sociedad libre. Tal es el ánimo que grupos de operadores ideologizados, enquistados en las más diversas posiciones, han transmitido sistemáticamente al país. ¿No has notado que se ha exacerbado un ambiente anti empresa y anti cualquier cosa que huela a iniciativa privada? ¿Acaso crees que es casual? ¿Sabías que uno de los determinantes clave que explica el explosivo crecimiento y desarrollo de las economías occidentales a partir de la revolución industrial es precisamente la valoración social del emprendedor, el comerciante y empresario?”. Luego indicó: “Si bien cada vez hay más consenso en que la incompetencia se ha ido instalando en el ámbito de las políticas públicas, cabría –con espanto– reconocer que los operadores aludidos han sido especialmente efectivos en ensuciar y tergiversar ideas e instituciones claves para el desarrollo de una sociedad libre; entre otras, la del valor social del rol del empresario”.

Entonces le pregunté su opinión sobre aquellos casos de abusos que habían alcanzado notoriedad pública: su reacción fue inmediata. “No se puede justificar el doble standard moral con que se miden y juzgan genéricamente los empresarios en nuestro país hoy. Resulta a lo menos infantil suponer que el comportamiento impropio o deshonesto es  exclusivo de un determinado ámbito del quehacer nacional. ¿Quién se siente con la superioridad moral suficiente para tirar la primera piedra? Habrá buenos y malos políticos, así como habrá buenos y malos empresarios, buenos y malos artistas, y buenos y malos ciudadanos etc. ¿Quién juzga lo que es bueno o es malo? A lo más podemos aspirar a determinar lo que es ilegal”.

Luego enfatizó que el rol del empresario en una sociedad libre “es el de satisfacer necesidades de otros por medio de acuerdos libres y voluntarios. De eso vive el empresario. Si lo hace bien, será preferido a otros; si lo hace mal, será rechazado. ¡Que inmoralidad! ¿Se  te ocurre acaso alguna forma alternativa más poderosa para inducir el bien que la conveniencia de quien lo provee?”.

Y continuaba: “Pero nuestros amigos ideologizados se esmeran por evitar que ello ocurra. Quieren, por ejemplo, declarar morboso y pecaminoso el que dos personas se pongan de acuerdo para lograr un beneficio mutuo que no le produce daño o perjuicio a terceros. Gustan de juzgar los propósitos de las personas, pero no ofrecen soluciones más efectivas. ¿Con qué autoridad moral? ¿Quién los iluminó? ¿Qué propuesta moral de valor ofrecen? ”

Luego, con cierta ironía, me dijo que si un marciano sobrevolara nuestro país y tuviese que resumir la situación local, comunicaría algo así como:

“Curiosas especies son las que habitan la región bajo observación. Hay unos que trabajan y progresan y otros que lo intentan, pero tienen que soportar el peso de mantener a un creciente grupo de otros, los que paradojalmente se dedican principalmente a vivir de ponerle obstáculos a los primeros.  Aparentemente, los líderes más ideologizados del segundo grupo añoran volver a un período, que vivió la especie bajo análisis, llamado de caza y recolección. Los informes también parecen sostener la hipótesis de que una  cantidad creciente de los miembros del segundo grupo no quieren –o no saben y no quieren saber– trabajar en cosas que sean útiles y efectivamente valoradas por sus semejantes, y que por ello les resultaría atractivo y funcional a para procurar su mantención; el apoyar a los líderes ideologizados en su propósito de hacer crecer esa suerte de agujero negro que llaman Estado. El resto de la especie sufre, por el momento, pasivamente las consecuencias.

Se recomienda postergar la invasión hasta lograr mayor claridad sobre la evolución de las tendencias ya observadas. De persistir, es probable que el grupo dos de la especie bajo estudio termine por exterminar mayoritariamente al grupo uno, para que así los terrícolas en su conjunto ya no tengan que comer”.

Intuito Grillo (IG) se fue, dejándome con insomnio. Ya no había forma de conciliar el sueño.