Pareciera que la única idea válida es la que se reduce al género sin que pueda aportarse ningún otro matiz, como si la violencia y la necesidad de demostrar poder frente a otros fueran atributos masculinos y no universales. Esa reducción no solamente es falsa sino que atenta gravemente contra el individuo.
Publicado el 16.03.2018
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Pasado el 8M seguimos con el foco puesto en una efervescencia dentro de la que es muy difícil proponer – para las mujeres que tenemos una mirada alternativa – un ejercicio reflexivo sin el riesgo de arder en la hoguera de las traidoras, ingratas, ciegas y fascistas. 

Pareciera que la única idea válida es la que se reduce al género sin que pueda aportarse ningún otro matiz, como si la violencia y la necesidad de demostrar poder frente a otros fueran atributos masculinos y no universales. Esa reducción no solamente es falsa sino que atenta gravemente contra el individuo. De acuerdo a este planteo el logro o el fracaso individual tendrían una relación directa con ser hombre o mujer, y el individuo quedaría camuflado, perdido dentro de su género, con una relevancia marginal.

Entendemos que en el devenir de la humanidad el género ha sido bastante determinista y no se trata acá de ser históricamente desconsideradas, ni de creer que no queda nada más para hacer, pero ver a los hombres como seres amenazadores donde cualquier tipo de manifestación de su deseo es una agresión, iguala irreal e irresponsablemente actos de intencionalidad muy diferente (evitaremos aclaraciones obvias respecto al respeto del deseo y cuerpo ajeno).

Y no casualidad que gran parte de los contenidos que consumimos de alguna manera se hagan eco de esta mirada reduccionista, aún en un abanico de imaginarios. Nos presentan personajes aplanados, con una única motivación, donde el género lidera su accionar y pensamientos. WestWorld, la serie  de HBO donde los personajes que llegan del mundo real (casi todos hombres) son puro instinto básico y animal. Se trata solamente de sexo, de violencia y de subyugar al cautivo robot (¿otra vez la pobre mujer?) que, en su inocencia, no comprende que vive su vida en un eterno loop que se repite y repite solo para sufrir. Muy en sintonía, y casi al mismo tiempo, The Handmaid’s Tale ( ganadora de variosGolden Globes en el 2017) también es un ejemplo de esta pareja reducida, con  personajes femeninos que obran a mero efectivo reproductivo.

Pensamos que la línea que planteara Catherine Deneuve junto a otras 100 francesas en sus declaraciones para Le Monde el pasado 8 de enero aporta una sensatez refrescante. Bajo el título “Nous défendons une liberté d´importuner, indispensable a la liberté sexuelle” declaran por ejemplo que “en lugar de ayudar a las mujeres, este frenesí por enviar a estos “cerdos” masculinos al matadero ayuda, en realidad, a los enemigos de la libertad sexual: los extremistas religiosos y el peor tipo de reaccionarios”. Suena bastante realista.

Tal vez podamos dejar descansar un poco las lanzas y preguntarnos qué tipo de dinámica queremos para nuestro futuro. Qué tipo de convivencia, o más aún, qué tipo de vida somos capaces de imaginar. Ahora que nuestra existencia es tan larga, que los años productivos son tantos y que los roles en todo sentido ya no están tan predeterminados – o tienden a depender más de las capacidades que de los estereotipos – sería mucho más interesante y beneficioso para todos pensar qué se necesitaría para que se pueda entrar y salir de la competencia laboral, se pueda volver a los 50 si se salió a los 35, se puedan repartir mejor y de una manera más feliz los roles de proveedor y cuidador de la familia y, sobretodo, de una manera que no sea estática. Pero mientras manifestaciones como la del 8M en la Argentina conviertan cualquier pensamiento alternativo sobre el rol del la mujer en anatema, todo esto será tema para otro texto en otro contexto!