Este es el partido que se ha convertido el tercero más grande de Alemania. Una época llega así a su fin y la roca más sólida de la Europa democrática comienza a debilitarse.
Publicado el 25.09.2017
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Alternative für Deutschland (AfD) fue fundada a comienzos de 2013 a fin de participar en las elecciones federales de septiembre de ese año, en las que la nueva formación obtuvo el 4,7% de los votos, es decir, a un paso del 5% exigido para entrar al Bundestag. De allí en adelante, los éxitos electorales no dejaron de sucederse, obteniendo el 7,1% en las elecciones para el parlamento europeo de mayo de 2014 y luego niveles siempre ascendentes de sufragio que en 2016 oscilaron entre el 12,6% en Renania-Palatinado y el 24,4% en Sajonia-Anhalt. Este ascenso electoral se desarrolló en paralelo a fuertes conflictos internos, donde los principales líderes iniciales de AfD, encabezados por el economista Bernd Lucke, pierden el control y abandonan el partido en julio de 2015 ante el ascenso de Frauke Petry. Este cambio refleja una evolución política que lleva a AfD desde ser un partido fundamentalmente eurocrítico a uno que prioriza fuertemente el tema migratorio, la lucha contra el islam y los temas identitario-culturales.

Los orígenes del partido están bien reflejados en su declaración de principios aprobada a comienzos de mayo de 2014. Se trata de un programa esencialmente social-liberal, que se dice fiel a la tradición de economía social de mercado de Ludwig Erhard, a la estabilidad macroeconómica y al principio de subsidiaridad. Su foco es el restablecimiento de la soberanía nacional y la democracia, amenazadas por la UE y la implantación del euro. En ese contexto se declara favorable de la democracia directa plebiscitaria, inspirada en la experiencia de Suiza. En temas valóricos es moderadamente conservadora y pro familia, abogando por la igualdad entre los sexos pero rechazando toda política de cuotas así como “las políticas abocadas a la abolición de la identidad sexual” y puntualizando que “el matrimonio entre un hombre y una mujer es deseable”. Respecto de la inmigración su planteamiento es cauteloso, declarándose “partidarios de la inmigración a Alemania de quienes estén deseosos y sean capaces de integrarse a nuestra sociedad”, abogando además por la legalidad y la creación de un sistema de selección de los inmigrantes inspirado en los modelos de Australia y Canadá. La palabra islam no aparece en el texto.

La evolución que transforma lo que en su momento fue llamado “el partido de los catedráticos” (“Professoren-Partei”) en un partido nacional-populista, cuyos dirigentes incluso recuperan conceptos fuertemente estigmatizados como “völkisch”, asociado al nazismo y a sus antecesores, tiene que ver con una serie de factores, entre ellos la existencia de un sentimiento de orgullo nacional contenido por largo tiempo (como se dice, por mucho tiempo el orgullo alemán consistió en no tenerlo), así como con la gran crisis migratoria de 2015, el surgimiento del movimiento PEGIDA (acrónimo de Patriotische Europäer gegen die Islamisierung des Abendlandes: “Patriotas europeos contra la islamización del Occidente”) y una serie de lamentables incidentes y agresiones que tuvieron a refugiados como protagonistas, entre ellos la agresión masiva contra mujeres alemanas durante las celebraciones de fin del año 2015 en la ciudad de Colonia.

El partido ha cosechado sus éxitos mayores en el este de Alemania, es decir, la vieja Alemania comunista, donde una difícil transición ha sido campo fértil para diversos partidos y movimientos radicales de izquierda y derecha, pero su implantación alcanza hoy a todo el territorio alemán. En este contexto cabe mencionar, como elemento dinamizador del voto por AfD, el miedo extremo que sus votantes dicen sentir ante el proceso de globalización. Un amplio estudio sobre el votante populista europeo muestra que quienes apoyan a AfD exhiben, con un 78%, el más alto nivel de temor a la globalización de los 16 partidos populistas considerados y mucho mayor que el de los votantes de los demás partidos alemanes. Al mismo tiempo, los votantes de AfD muestran grados más altos tanto de ansiedad económica como de tradicionalismo valórico que los votantes del resto de los partidos alemanes, pero esos niveles no son extremos comparados con los votantes de otros partidos populistas.

En la convención nacional de abril de este año Petry pierde el liderato ante la caída de popularidad que reflejaban las encuestas. Su posición fue ocupada por e l abogado y periodista Alexander Gauland, cuyos dichos sobre el orgullo que se debe sentir por los soldados alemanes que participaron en la Segunda Guerra Mundial, de la cual Alemania debe dejar de culparse, han causado escándalo.

Este es el partido que se ha convertido el tercero más grande de Alemania. Una época llega así a su fin y la roca más sólida de la Europa democrática comienza a debilitarse.