La nueva película de Silvio Caiozzi transcurre en Chiloé y conmueve con sus personajes profundamente humanos y chilenos y un relato realista de las cotidianeidad.
Publicado el 12.04.2018
Comparte:

Poética ya desde el título, la nueva película de Silvio Caiozzi, “…Y de Pronto el Amanecer”, nos envuelve en su lenguaje de perfecta fotografía, postales maravillosas y personajes tremendamente humanos y chilenos, como los que ya nos ha mostrado en “Coronación” o “La luna en el espejo”, por nombrar sólo alguna de sus cintas emblemáticas.

Esta vez, la historia transcurre en Chiloé, a donde vuelve Pancho Veloso, el protagonista (Julio Jung), luego de 45 años, para terminar una serie de cuentos de la Patagonia para una revista. Pero su visita de un par de días se alarga cuando se reencuentra con sus amigos de la niñez: Miguel (Sergio Hernández, genial) y Luciano (Arnoldo Berríos). Comienzan así los recuerdos y va recreando escenas: cuando espiaban la casa de “la loca”; cuando jugaban en el bosque y descubrieron a un mendigo/duende; sus primeros amores, los militares y sus tragedias. Aquí el rol de los protagonistas jóvenes recaen en Mauricio Riveros (Pancho), Diego Pizarro (Miguel) y Pablo Schwarz (Luciano).

La acción va y vuelve desde la niñez y la juventud, armando un puzzle que quizás se toma más tiempo del necesario, pues la película dura un poco más de tres horas. Tal vez Caiozzi siguió el consejo de uno de sus personajes: “Es mucho mejor (decir las cosas) con rodeos”.

Esta dispersión y demora de Pancho en su escritura hacen que lo reemplacen en la revista y por tanto marca su destino para que se sumerja en su propia historia, y transforme los cuentos en la novela de su propia vida en ese villorrio de tejuelas de alerce hasta que arrancó para salvarse de las balas del marido militar de su Rosita (Magdalena Mûller).

La música de Valentina Caiozzi realza la atmósfera de preciosismo visual -casi mágico- como la nevazón a orillas de la playa con personajes que sobrecogen, en el caso del padre de Pancho (Nelson Brodt), cuando trata de agarrar el sol con la mano.

Quizás porque Caiozzi co-escribió el guión con Jaime Casas, autor nacido en la Patagonia chilena, el relato es tan vívido en la cotidianeidad de las costumbres de los pescadores, desde sus celebraciones hasta sus funerales. Pancho, sepulturero como su padre, se convierte en “el poeta de los muertos” cuando comienza a escribir inspiradores epitafios en cruces y tumbas… “Los sueños pueden sangrar”, pone en una de ellas.

La producción de la película cuenta que al no ser posible encontrar locaciones que aún hoy mantuvieran la particular arquitectura de madera y tejuelas, fue necesario trasladar casas palafíticas abandonadas para recrear el antiguo caserío chilote. Todo ello contribuye al realismo de la cinta, de cuyo desenlace sólo les contaremos que la amistad sana las heridas.

“Grand Prix” como mejor película en Festival Cine del Mundo de Montreal, Canadá. Linda historia y maravillosos paisajes. Gran elenco. 195 minutos. En todos los cines.