westworld

WestWorld: La mirada hacia un universo artificial

Publicado el 27.10.2016
Comparte:

La premisa de “WestWorld” asombra por necesidad. Se trata de una distopía distante al presente inmediato pero que a la vez, reflexiona sobre una serie de temas que en la actualidad, se debaten con cierto sabor a ciencia ficción. Los alcances de la inteligencia artificial, la moral y la ética sobre los avances técnicos, la identidad y responsabilidad de las posibles criaturas creadas a través de la experimentación de la robótica y la genética, son tópicos que se entremezclan no sólo en una inteligente visión sobre el futuro cercano, sino que sostienen a “WestWorld” como algo más que una típica serie destinada a un público específico. Y quizás allí resida su temprano éxito y su capacidad para prometer algo mucho más profundo dentro del planteamiento de su historia.

Claro está, se trata de un producto comercial a toda regla en el que la cadena de televisión HBO apostó fuerte: no sólo se trata de un proyecto con abultado presupuesto y visibilidad, sino que además, está llamado a sustituir en la crítica y en el gusto televidente al buque insignia de la televisora: “Games Of Thrones”. De manera que, para bien o para mal, “WestWorld” comienza siendo un éxito por necesidad y transita el complicado camino de convertirse en un icono inmediato, lo que todavía resulta discutible y sobre todo, imposible de predecir.

Con cuatro capítulos al aire y sólo rumores sobre los espectaculares giros argumentales restantes,  resulta muy prematuro predecir cuál será el resultado de este experimento a gran escala que intenta analizar no sólo las paranoias de nuestra época sino además, meditar sobre la sociedad desde el punto de vista más simple de todos: la pérdida de la moral y la humanidad. ¿Qué nos hace ser seres humanos? ¿Qué nos hace tener una consciencia plena de nuestra existencia y lugar en el mundo? ¿Se trata de nuestra historia? ¿De nuestra visión de la identidad y de los elementos que forman nuestra personalidad? ¿O se trata de algo más complejo y profundo? ¿Una idea filosófica más ambigua e invisible?

Cualesquiera sean las respuestas a esas preguntas, “Westworld” parece bastante dispuesto a obtenerlas a medida que avance la recién estrenada primera temporada. Como adaptación de la película del mismo nombre dirigida y escrita por Michael Crichton en 1973, la serie parte de la misma historia pero intenta aumentarla en un universo ampliado que los productores Lisa Joy y Jonathan Nolan intentan llevar a un nivel mucho más complejo. Y lo hacen a través de toda una serie de referencias que beben de todos las dimensiones artísticas. Parece muy claro que “Westworld” no se conformara sólo con crear una visión atractiva sobre el mundo artificial habitado por androides, sino que además, lo dotará de una profunda belleza y profundidad que con toda seguridad, repercutirá en su calidad y en la capacidad de su historia para cautivar. 

De la película, “Westworld” tomó la figura inquietante del “hombre de negro” interpretada en el ’73 por un magnífico Yul Brynner y en que la actualidad, encarna un comedido y siniestro Ed Harris. No obstante, entre ambos la diferencia parece ser obvia: En el filme, el personaje de Brynner es un robot que se rebela contra sus creadores, mientras que en la serie de HBO el misterio del vaquero de traje negro parece ser mucho más enrevesado y sobre todo complejo. A la altura del tercer capítulo, el guión apenas nos ha dado uno que otro esbozo sobre la posible identidad del hombre que recorre “WestWorld desde una especie de mirada omnisciente. No obstante, entre Brynner y Harris hay una enorme diferencia de planteamiento, aunque ambos simbolizan una dimensión acerca de la conciencia colectiva de “anfitriones” y “huéspedes” sobre lo que ocurre en el parque, detalle que las que ambas traman conectan.

Mucho más intrigante aún resulta el personaje del Doctor Robert Ford, encarnado por el ganador del Oscar Anthony Hopkins y que dentro de la trama, es el rostro visible de la misteriosa corporación propietaria del parque. Con una mezcla entre lo maquiavélico y una peligrosa distancia moral, Ford avanza a través de las líneas de la historia como punto de unión entre los diferentes planos que crean el multiverso de WestWorld. Hopkins además logra brindar al Dr. Ford una inusual profundidad. Aunque todo parece indicar que el misterioso ejecutivo se convertirá en el villano de ocasión de la historia, el actor logra crear una meditada tensión que convierte al personaje en un enigma. ¿Se trata de un elemento primordial para comprender el funcionamiento de Westworld como maquinaria amoral y bajo sus propias leyes y límites? Poco puede decirse por ahora de lo que podremos esperar en el futuro de Ford, pero su mirada gélida y sobre todo, su pausada convicción que ejerce el poder absoluto en Westworld, será sin duda un arco argumental definitivo en los capítulos que restan de la serie.

Para cualquier amante de la ciencia ficción, las directrices que rigen la vida en “WestWorld” no son desconocidas: se tratan de las tres leyes fundamentales ideadas por Isaac Asimov para comprender la realidad aumentada de un mundo habitado por robots. Las tres leyes, que incluyen parámetros estrictos sobre los niveles de actuación y desempeño de los robots fueron incluidas por primera vez en el cuento corto “El círculo vicioso” del escritor y luego, convertidas en elemento esencial de la visión sobre la robótica en la ciencia Ficción que se elaboró a partir de la visión de Asimov. Para los productores de esta serie, parece de enorme importancia conservar la esencia de esa percepción del robot supeditado al poder y control humano.

Es inevitable que el mundo de “WestWorld” haga referencia al primer universo de androides que marcó época en la cultura popular. Hay un eco evidente y reconocible de la estética, trama y esencia de “Blade Runner” en el comportamiento de los robos que habitan el misterio parque temático de Nolan. De la misma manera que ocurre en “Blade Runner”, la trama de “WestWorld” parece encaminarse hacia una toma de progresiva autoconciencia de los robots, lo cual podría tener quizás las mismas consecuencias inmediatas y violentas que las que tuvo en la película de Ridley Scott. Una percepción sobre el conocimiento como capas de aprendizaje que ya se ensayó con éxito en la historia de la celebrada serie de ciencia Ficción “Battlestar Galactica”.

La metaconciencia y la percepción de la individualidad

Uno de los puntos más interesantes de “Westworld” es que parte de la acción se narra desde el punto de vista de los llamados “anfitriones” del parque. Es una mirada inquietante sobre los alcances de la vida artificial como fenómeno autónomo, pero más allá de eso, un análisis certero sobre las consecuencias morales de los avances tecnológicos en el mundo actual. ¿Hasta qué punto somos responsables de lo que creamos como cultura? ¿Cuál es la frontera del juego entre creador y criatura a través de la tecnología?

Son incógnitas que se plantean con una enorme visión sobre las posibilidades que ofrece la incertidumbre. Incluso, en el juego de las nostalgias y las referencias al arte como contexto general de todo lo que el hombre hace y sueña“Westworld” parece muy decidido a elaborar todo un discurso nuevo con respecto a las relaciones de los productos tecnológicos y el hombre.

Tal vez la conclusión a estos enigmáticos e intrigantes primeros capítulos, la encontremos en el ambiguo personaje de Dolores, que parece deambular en la fina línea entre el temor y el desconcierto que atraviesa la historia que “WestWorld” intenta contar entre líneas. Luego de evolucionar con rapidez durante los episodios anteriores, Dolores enfrenta en uno de los capítulos una ruptura que la lleva a la frontera misma entre quién y la verdad que se oculta en el mundo artificial que habita.

Atormentada por recuerdos y luchando contra una transformación invisible que no comprende, Dolores levanta un arma y de pronto, asume el poder que tiene sobre su cuerpo, su futuro y el ejercicio de la violencia. Nada será igual en “WestWorld”, luego que esta delicadísima criatura construida para, en palabras de Anthony Hopkins (Dr. Ford, uno de las mentes detrás de este extraño mundo) -,  “ser disfrutada por otros” tome el control sobre su identidad y sus implicaciones.

De esta manera, las líneas de “WestWorld” parecen debatirse entre la noción de la realidad y la fantasía, el miedo y la belleza y algo más confuso que apenas comienza a delinearse con claridad. En medio de todo lo anterior, la posible nueva serie favorita del público deberá responder todo tipo de incógnitas sobre los alcances tecnológicos y su confrontación con espíritu humano y avanzar el tortuoso camino de plantearse una original versión acerca de los límites de la realidad. Sólo resta comprobar qué encontraremos en el resto de la historia y qué tanta expectativas podrá cumplir en el trayecto.

Aglaia Berlutti, fotógrafa y escritora venezolana

WestWorld

Temporadas: 1

Capítulos: 10

Creador: Lisa Joy y Jonathan Nolan

Dónde verla: HBO, todos los domingos a las 23:00 horas. Los capítulos se repiten a los jueves a las 22:00 hrs.

Calificación en IMDb: 9,2