Fue un recital de más de dos horas y media. Una diva que tuvimos el lujo de tener en ese escenario por primera vez. Su presentación fue y será por lejos lo mejor de Viña de este año.
Publicado el 23.02.2017
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Porque Viña tiene festival (seguro que lo leyó con el tono inconfundible de Vodanovic), esta semana la columna es para analizar el mítico evento veraniego, que ya va en su 58° edición y, les guste o no, es el amo y señor de los festivales.

Ustedes dirán, pero por qué lo presenta así, más si ahora (casi) cada canal tiene su “propio festival” e incluso, en algunos casos, estos tienen mejores artistas en sus parrillas programáticas: Festival del Huaso de Olmué, Festival de Talca y un largo etc. Pero bueno, el de Viña es un clásico y aunque critiquemos que no tiene “la novedad del año”, lo esperamos, seguimos los programas satélites, todos los canales se trasladan a la ciudad jardín y (aunque no lo asumamos en público) cada noche lo vemos.

Y si no me creen, acá tenemos las cifras en las primeras dos jornadas: lunes promedió 25,4 en el rating, con un peak de 40,2 con el humor de Juan Pablo López. Mientras que el martes promedió 25,7 puntos, con un peak de 44 puntos, en la presentación de la académica de la lengua, Daniela “Chiqui” Aguayo.

En cuanto a la programación de artistas de este año, mi juicio es que es variada, aunque no necesariamente novedosa. La selección temática diaria me agrada, es decir, si usted quería cantar clásicos noventeros, miraba el programa el lunes. Luego, si quería disfrutar con su pareja o llorar las penas de amor (sirve en ambos casos), echaba un vistazo el martes y se deleitaba con el romanticismo popular de Sin Bandera y Camila.

El resto de la semana tendría clásicos como la mítica y guapa Olivia Newton John. Y el infaltable en estos tiempos, un poco de reggaetón, con el más codiciado artista de este certamen, el colombiano Maluma.

En lo personal, disfruté el lunes con Los Fabulosos Cadillacs y Los Auténticos Decadentes. Retrocedí a las fiestas de los años 90 y fue nostálgico. En el humor, la verdad no me aburrió Juan Pablo López, una rutina directa y, más que graciosa, me pareció una crítica social (o política en rigor). Pero nada extraordinario. Lejos de un Coco Legrand o un Bombo Fica.

Mientras que la segunda jornada del martes, como era presumible, fue llena de suspiros. Sin Bandera mostró dominio e hizo lo que quiso con un público entregado.

El humor en la segunda noche dio qué hablar, y no precisamente por lo entretenido. “Chiqui” Aguayo causó polémica por su vocabulario, aunque por lo que vi a través de la pantalla, la gente en la Quinta Vergara se río de buena gana. No así la gente en su casa, quienes se manifestaron en redes sociales, tratando a la artista de “vulgar y fome”.

Personalmente, creo que me gusta más el humor estilo Coco Legrand, donde los garabatos y menciones sexuales no son necesarias cada 10 segundos y uno se ríe de buena gana. Y ojo que esta crítica no es porque sea mujer. Sinceramente considero que el contenido de su rutina no era para un festival internacional (y programa de televisión, no nos olvidemos de eso) como Viña, donde frente a la pantalla hay niños. Aunque el rating la avaló, pues promedió 44 puntos. Pero un alto rating no es sinónimo de calidad.

Pero tuvo que llegar el miércoles con la tercera jornada festivalera para que recién las gaviotas se ganaran con calidad y oficio. Porque hay que decirlo. El combo gaviota de plata y de oro parece que es obligación por un acuerdo comercial con una empresa de telecomunicaciones. Se las dan a cualquiera, sobretodo en el humor.

Doña Isabel Pantoja fue la primera “ARTISTA” de verdad de Viña 2017, con el debido respeto de los cantantes y grupos que salieron en los días previos. Pero ella devolvió el glamour de antaño de los festivales, con su calidad vocal y dramática para vivir cada tema interpretado. Fue un recital de más de dos horas y media. Una diva que tuvimos el lujo de tener en Viña por primera vez. Su presentación fue y será por lejos lo mejor de Viña de este año y por algo marcó un peak de 46 puntos.

Después del tremendo espectáculo de Pantoja había que tener las garras de King Kong para salir al escenario. Y peor, si era un humorista extranjero que no lo conocía nadie en Chile. Y Carlos “Mono” Sánchez tuvo esa fuerza elevada al cubo. Con humor blanco para toda la familia y sin las vulgaridades de Aguayo, hizo reír con un show internacional que lo entendieron en toda América Latina y se ganó merecidamente las dos gaviotas.

Cerró la tercera noche el romanticismo de “Río Roma”, saliendo a escena pasadas las 03.20 am. No daba más de sueño, así que sólo vi sus primeras tres canciones. Hoy supe que también se llevaron el pack gaviotero.

Bueno, el festival de festivales no tiene otro que se le asimile en trascendencia. Y asumamos, nos guste o no, sigue marcando el fin de la temporada estival de los chilenos. Viña tiene festival.

Vasco Moulian, académico UDD