“Victoria & Abdul” narra la relación que se desarrolla entre la Reina Victoria –en sus enfermizos 15 últimos años- y su sirviente/profesor/confidente Abdul Karim, un indio que, absolutamente al azar, termina dando un salto desde su trabajo administrativo en una cárcel de Agra, hasta el mismísimo Buckingham Palace.
Publicado el 14.12.2017
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Justo ahora que estamos felices con el compromiso del Príncipe Harry y Meghan Markle, rompiendo estereotipos y marcando un hito en  la modernización de la monarquía británica, llega esta película a recordarnos los tiempos oscuros. Y de una manera bastante engañosa, pues parte como una comedia genial, pero termina en drama e impotencia.

“Victoria & Abdul” narra la relación que se desarrolla entre la Reina Victoria –en sus enfermizos 15 últimos años- y su sirviente/profesor/confidente Abdul Karim, un indio que, absolutamente al azar, termina dando un salto desde su trabajo administrativo en una cárcel de Agra, hasta el mismísimo Buckingham Palace.

Tal como anuncia la propia cinta, está basada “mayoritariamente” en hechos reales, pues recién en 2010 se encontraron los cuadernos de Abdul que permitieron a Shrabani Basu hilar lo que se conocía de oídas y escribir el libro en el que se basó el guión de Lee Hall. Cuadernos que se convirtieron en tesoros cuando se supo que inmediatamente muerta la reina, su hijo Bertie, sucesor en el trono, ordenó quemar todos los documentos que los relacionaran.

Judi Dench como la reina Victoria de 81 años -a la que ya había interpretado en “Mrs. Brown” de 1997-, está perfecta como siempre. En el papel de Abdul, Ali Fazal, débil, soso.

Exquisita de ver por el despliegue de banquetes (con jaleas gloriosas), protocolos y palacios, el ambiente de contrastes y erráticos comportamientos de los indios, traídos sin mayor explicación a Londres para ofrecer una medalla conmemorativa a la Reina por su jubileo, provoca situaciones muy graciosas, pero sospechosas. ¿De qué se trata esta comedia sin juicio crítico o respeto por los sirvientes trasplantados y disfrazados con atuendos escoceses? ¿El colonialismo como anécdota?

El único aterrizado es el compañero de Abdul, Mohammed (Adeel Akhtar) que se resiste a ser dominado por esta cultura occidental ajena, a su juicio cruel y ridícula. Poco a poco, la ironía del director Stephen Frears se va despertando y va quedando expuesto el abuso y la injusticia a que son sometidos estos “súbditos” y, por ende, lo caro en lo humano del capricho de Victoria, su majestad.

Frears ha demostrado tener fuerza para exponer a la realeza, como lo hizo en “The Queen” con Helen Mirren, interpretando a Isabel II en su fallida reacción ante la muerte de Lady Di. Esta vez, lo hace de nuevo al poner en evidencia a una reina casi intocable como Victoria, Reina del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda durante casi 64 años y primera emperatriz de la India.

Genio y figura hasta su muerte, Victoria quedó maravillada con el mundo desconocido que representaba Abdul y rápidamente lo ascendió de criado a maestro –munshi– para aprender su idioma, y luego a miembro de la nobleza, incorporándolo junto a su familia en dependencias reales. Obviamente, cada una de estas subidas de status caen pésimo en el staff de autoridades de palacio, partiendo por su hijo Bertie y su médico de cabecera, a quien incluso se le ordena examinar las partes íntimas de Abdul, pues a la reina le inquietaba que no engendrara hijos.

Las situaciones jocosas se van tornando más y más humillantes, incluso la misma Victoria –obnubilada- perdona descriterios y falsedades de su munshi, humillándose también a sí misma. Se rinde ante la ternura y simpleza de este “amigo” a quien le revela sus tristezas, pero no hay épica. Queda como una historia forzada por un capricho senil de una reina de temperamento fuerte que siempre hizo lo que quiso. Entretenida.

En todos los cines desde la próxima semana, 112 minutos.