La serie que cuenta con Neil Patrick como el Conde Olaf es mucho más de lo que promete y mucho más de lo que muestra. Un misterio dentro de un misterio que los televidentes deberán revelar  y seguramente lo harán con gusto. Aquí una mirada tras ver cuatro episodios antes de su estreno, este 13 de enero.
Publicado el 12.01.2017
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La adaptación de la saga de libros “Una serie de eventos desafortunados” de Lemony Snicket — seudónimo del escritor y guionista Daniel Handler — es uno de los proyectos más ambiciosos de Netflix para la parrilla televisiva del año 2017. Basada en un universo rico y variado, la plataforma ha creado una serie a la medida de una nueva generación de jóvenes televidentes a quienes no es sencillo entretener ni tampoco cautivar.

Pero el show — cuyos primeros cuatro capítulos pudimos ver antes de su estreno, que es este 13 de enero— parece reunir todos los elementos no sólo para convertirse en otro éxito de Netflix, sino también, una reinvención exitosa del concepto de entretenimiento para los más pequeños de la casa. A diferencia de la película del 2004, del director Brad Silberling, la serie parece mucho más interesada en profundizar en la historia de los libros — éxitos de librería infantil desde hace más de una década — y sobre todo, analizar su curiosa historia con minuciosidad. Se trata de una apuesta inteligente que retoma el aire gótico y decadente de la anterior versión y lo transforma en un producto novedoso y con personalidad propia, más cerca de una mirada burlona sobre una historia compleja que de un drama típico. Elabora un mensaje profundo en un paquete en apariencia inofensivo: el de la esperanza que triunfa sobre el odio y especialmente, la capacidad del amor para enfrentarse a la adversidad.

Podría parecer un tema común — y lo es, bajo determinado contexto — a no ser por la manera sutil como el guión de la serie desarrolla la historia. A pesar que en la trama se desenvuelve una inaudita sucesión de tragedias inexplicables, la narración utiliza el humor para crear una perspectiva fresca sobre el mensaje moral que desea transmitir. Todo eso, utilizando como telón de fondo el particular mundo imaginario de Daniel Handler. Un lugar que puede resultar tan terrorífico que podría obligar al lector — espectador — a cerrar los ojos ante tanta crueldad…o esa es la rimbombante advertencia entre líneas. No en vano, tanto libros como cada capítulo de la serie comienza de la misma manera: Con la admonición que no deberías ver lo que ocurrirá a continuación…pero que aun así, querrás hacerlo.

Se trata de un juego de palabras — de escenas y puntos de vista — que la serie toma prestada de su hermano literario para entablar un tipo de comunicación muy especial con el futuro lector/espectador. Una invitación que desde los primeros minutos, convierte show en una ingeniosa travesura.

Cada episodio muestra al Conde Olaf de Neil Patrick Harris — a quien recordamos por su papel estrella en “How I met your mother” y que ahora está, quizás, ante la mejor actuación de su carrera — insistiendo a la audiencia que debería “evitar ver” lo que ocurrirá a continuación. También lo hace el misterioso Lemony Snicket — encarnado por Patrick Warburton — testigo excepcional de la aparente tragedia que nos espera y a que las primeras de cambio deja muy claro que lo que ocurrirá a partir de entonces será “atroz”. “Si estás interesado en historias con finales felices, entonces estarías mejor en otro lugar”, insiste Snicket y habrá que creerle: la serie es una pequeña recreación de la habitual tragedia gótica, con sus héroes y villanos bien definidos, pero también es un cuento de hadas macabro, donde la moraleja ética está lo suficientemente cerca de la superficie como para pasar desapercibida a pesar de ser el mensaje central que la serie desea transmitir.

Porque son adultos (uno malvado y otro misterioso) quienes se deshacen en consejos que suponemos bienintencionados. Pero este es un show para niños y “Una serie de eventos desafortunados” no lo olvida. Hay un aire de jugarreta tierna y también una profunda inocencia en esta visión del aterrador mundo adulto desde la perspectiva de los hermanos Baudelaire, llegados a la tenebrosa mansión del Conde Olaf sin desearlo y sin tener otro remedio que ponerse bajo su supuesta mano protectora. De la misma manera que en los libros, el cuidado guión de Mark Hudis avanza con ojo asombrado por los esfuerzos de los tres huérfanos por vencer la desesperación insondable de la serie de inimaginables desgracias que les acechan. Y lo hacen con una gracia y una dulzura que cautiva al espectador de inmediato.

Tanto Violet (Malina Weissman), como Klaus (Louis Hynes) y el bebé Sunny luchan con enorme entereza para evitar ser aplastados por las artimañas del Conde Olaf, que demuestra a cada escena que la maldad tiene formas muy imaginativas de mostrarse. Pero los niños perseveran usando la razón, la verdad y una profunda bondad contra la maldad de su siniestro tutor. Y de alguna manera, siempre vencen. Siempre logran no sólo sobrevivir a las numerosas tragedias que les persiguen como una maldición misteriosa sino también a la ignorancia de quienes están destinados a protegerlos y no lo hacen. Como si de una metáfora casi dickensiana se tratase, los Baudelaire demuestran que su mejor arma contra el desaliento es esa necesidad de demostrarse a sí mismos y quizás a quienes les rodean — incluyendo los televidentes — que el bien siempre vencerá en cualquier condición y bajo cualquier auspicio, sobre la maldad.

Se trata de una alegoría evidente que el show muestra como un elemento imprescindible para comprender el sentido último del argumento. Lo hace además con enorme gracia y elegancia: en medio de los accidentes estrafalarios y terrores de pesadilla, la inocencia de los niños Baudelaire brilla como una rara joya, que la dirección de Barry Sonnenfeld — director de la recordada e incompleta “Pushing Daisies” (2007) y de la taquillera trilogía de “MIB” (1997, 2002 y 2012) — se encarga de adornar con una curiosa melancolía. El resultado es un impecable ejercicio de imaginación que combina el ideal del héroe y el individuo ejemplar y lo lleva a un nuevo terreno donde la infancia parece ser el tesoro más preciado.

Netflix no escatimó esfuerzos — o inversión — en que la nueva adaptación de la exitosa serie de libros de Daniel Handler fuera lo más minuciosa posible y el canal parece dispuesto no sólo a adaptar la historia de modo general, sino que prestó especial atención a la saga literaria completa. La primera temporada cubrirá los primeros cuatro libros de la serie y de resultar un éxito — cosa que muy poca gente duda a estas alturas — las siguientes abarcarán la colección completa de trece historias. Con una duración por capítulo de 42 a 50 minutos, todo parece indicar que Netflix tiene toda la intención de llevar a la pantalla hasta los más pequeños detalles de un universo complejísimo y lleno de matices.

“Una serie de eventos desafortunados” es mucho más de lo que promete y mucho más de lo que muestra. Un misterio dentro de un misterio que los televidentes deberán revelar — y seguramente lo harán con gusto — en la pequeña caja de travesuras que Netflix construyó para ellos.

Aglaia Belutti, fotógrafa y escritora venezolana. 

“Una serie de eventos desafortunados”

Temporadas: 1
Capítulos: 8
Creador: Mark Hudis
Dónde verla: En Netflix, a partir del 13 de enero

Tráiler