Promiscua y desleal, la protagonista es un mito viviente que padece la bipolaridad.
Publicado el 29.12.2016
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Toda la vida es una novela intensa y cortísima que viene precedida por el impulso nostálgico de Adiós a los padres, la autobiografía de Héctor Aguilar Camín, quien retoma el aliento de un pasado pleno en Ciudad de México, sus bares y clubes, sus noches de juerga y de vida bohemia. El comienzo es memorable: “No sé por qué voy al velorio del difunto Olivares. No es mi amigo ni conozco a su familia…”.

El protagonista es un historiador que se pasa la mitad de su vida huyendo de una mujer y la otra mitad buscándola y encontrándola. Liliana es “tremenda”, con esa palabra la describe. Por un lado es promiscua, desleal, enferma, bipolar, egoísta, por otro de una belleza y una gracia inolvidables: “puedo decir por experiencia que la belleza de Liliana tiene la atracción del riesgo. Y la especialidad de la riña”. Esparce el efecto Hobbes, “devuelve a los varones el ánimo predatorio que les es natural, a partir de lo cual la vida amorosa vuelve a ser precaria y violenta, como quiere Hobbes, pero también intensa, llena de riesgo y del brillo de la gloria por la captura de la mujer deseada contra todas las reglas, antes de ellas”.

Liliana ha mandado a su novio a matar al novio de su hermana, ambos veinte años mayor que ellas, y con un presente turbio. La pista de este crimen le permitirá al protagonista reencontrarla.

El autor de las novelas Morir en el Golfo y La guerra de Galio escribe con la firmeza y el genio de quien quiere ser recordado tanto por historias como por su pluma; las frases tienen consonancia y regularidad, buscan mantenerse circulando segundos extra. “¿Puedes perdonarme que me gusten otros? ¿Qué me gusten muchos? ¿Qué me gusten mucho?”, se van pegando.

La descripción de la enfermedad bipolar que padece Liliana es ajustadísima. Da una imagen: el jacarandá que se seca hasta parecer muerto y que en verano explota de color. Como lo explica Liliana: “Me prendo y me apago…Voy del cielo al infierno. Para curarme me tengo que quedar flotando en el medio, pero en el medio no hay nada. Aquí, como ves, estoy en medio de la nada”. Liliana medicada es un ángel “hermosa, pero neutra”. En Aguilar Camín todo es sonoro: “Entiendo que mientras hayan pastillas habrá tedio, y cuando no las haya, intensidad. La intensidad traerá la intemperie, la intemperie el hospital”.