Desarrollan tres vinos, todos tintos, todos distintos. Un Syrah y un Pinot Noir de Casablanca, además de un fresco Cabernet Sauvignon.
Publicado el 09.02.2017
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Partieron con apenas 682 botellas, vinifican en bins y en huevos plásticos. Cargan cada vendimia entre ocho manos y la ayuda esporádica de vecinos con cajas y cajas de cerca de 14 kilos con fruta que proviene de Casablanca y Maipo. Desarrollan tres vinos, todos tintos, todos distintos. Un Syrah y un Pinot Noir de Casablanca, además de un fresco Cabernet Sauvignon. La historia ahora requiere un racconto que se los brindamos sorbo a sorbo.

Todo parte en el deseo del enólogo Roberto Carrancá que tras desempeñarse en la viña Indómita por más de una década decidió tomar un camino propio en 2015. Ya llevaba a su haber un par de vendimias de su proyecto íntimo y familiar en su recientemente estrenada razón social: Viña la Pluma, responsable del vino Tinta Tinto. Un proyecto que llevó a cabo en familia, junto a Javiera Fuentes, su mujer, y sus dos hijas (Sofía y Francisca). De pronto -más temprano que tarde- se ve en la necesidad de desligarse de la viña en la que ya había comandado procesos y había pasado a formar parte del grupo VSPT (Viña San Pedro-Tarapacá). ¿Coincidencia, casualidad? Hay veces que decisiones difíciles o vertiginosas resultan más sencillas de tomar.

Carrancá ya se había enamorado de su casa en Algarrobo, ya había encontrado su terruño, cerca de las vides, cerca de las olas. El proyecto de Viña La Pluma resume en su logo esta dualidad entre la tinta de los pensamientos y el tubo que hace una ola perfecta para surfear. De un momento a otro, su Tinta Tinto tenía enólogo a tiempo completo y más que un hobby esto pasaba a ser un proyecto de vida. Javiera, quien se ocupa de las etiquetas y gestiona las ventas, comenzó a visitar locales, restaurantes y desde ese entonces el boca a boca comenzó a hacer su trabajo. Hoy, cuentan con tres variedades tintas. De vinos 100% artesanales, puros, con un trabajo a mano, sin maquillajes y resultados que generan fanaticada.

Su syrah de clima frío es el pivote de esta familia de vinos. De un perfil más rústico, sanguíneo, terroso. Además, vinifican un Pinot Noir delicado y floral, además de un Cabernet Sauvignon del Maipo que realmente rompe el molde por su  frescura, aunque respeta la tipicidad de la cepa. Si no se ha topado con estos vinos antes, conviene dar un paseo a su bodega-garage, en su propia casa en Algarrobo. Sus botellas están en tiendas como Vinomio, Le Dix Vins, BBVinos y Santiago Wine Club. Pero si quiere viajar a la semilla, visite la web www.tintatinto.cl. Por un precio fijo por persona puede probar sus vinos, conocer los detalles de la producción, disfrutar de la hospitalidad de su casa y vivir una experiencia irrepetible.