La evolución de la protagonista de la serie es tan abrumadora y cautivante que se disfruta el paseo por una vida grandiosa, pero normal.
Publicado el 06.05.2016
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Tras verse envuelto en un escándalo sexual y de corrupción, el fiscal (state’s attorney) de Illinois, Peter Florrick, se enfrenta a la opinión pública estadounidense para pedir perdón y -si es posible- encontrar redención para su futuro político. Y lo logrará. No porque sea un gran político ni mucho menos una gran persona, sino por la imagen de marido arrepentido y abnegado que entrega al acompañarse con su señora, la desabrida Alicia. La abogada de Georgetown, pero con escasa práctica profesional dada su temprana decisión de dedicar su vida a criar a sus dos hijos ya adolescentes; es la perfecta imagen de “la buena esposa”.

La protagonista enfrentará la noticia de la infidelidad de su esposo con templanza y la de la cárcel con entereza y decisión: desempolvará su título y caerá en uno de los estudios de abogados más prestigiosos de Chicago. Apoyada por un antiguo novio de la época universitaria empezará como abogada junior para, poco a poco, ir ganando terreno, experiencia y seguridad.

Si bien el hilo conductor de la serie seguirá siendo la relación fallida entre Peter y Alicia, son las historias secundarias las que consiguen cautivar a un espectador que logra encantarse con la protagonista y su mundo, verdadero, cotidiano, real. Y más aún, la potencia de cada uno de los casos judiciales y los personajes que conllevan, a los que se enfrenta capítulo tras capítulo, es no sólo un curso de derecho de litigación sino lecciones constantes de ética, estrategia y comunicación.

Los personajes están tan bien estructurados y desarrollados que es fácil encontrar a alguno con quien identificarse y tomar su dirección. La serie está bien pensada para ser una sucesión de hechos -muchas veces independientes- pero que afectan de una manera u otra al panorama global. Sin embargo, las razones o consecuencias no están dictadas y el espectador puede dividir libremente sus preferencias y cambiarlas a su antojo de acuerdo a las circunstancias y momentos específicos de la historia.

La política, el poder judicial, el Estado, la religión, el amor, el sexo, los derechos de las minorías, las relaciones con los padres, con los hijos, con los compañeros de trabajo, incluso la mafia encuentran un espacio en esta serie, tal cual en la vida real. Y cada uno de ellos tiene sus defectos y sus bondades, sin nunca cruzar esa línea donde la exageración no permite disfrutar de la historia o hacer cambiar el canal.

Y si bien todo lo anterior aporta para hacer de ésta una serie entretenida y brillante, es la evolución de la protagonista la que atrapa al público. En una época donde el feminismo está tan de moda, pareciera que la primera imagen de Alicia es no sólo aberrante sino una caricatura de la mujer que se deja pasar a llevar. Y de a poco se puede ir viviendo y admirando cómo esta persona, común y corriente; se transforma en alguien excepcional. Decidida, perseverante, esforzada, firme, dispuesta, y libre. Libre de actuar, libre de pensar, libre de amar. Una oda a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.

El tema de los estudios de abogados ha sido ampliamente retratado por las películas y series americanas, mayoritariamente con un éxito abrumador. The Good Wife es, sin duda, una de aquellas que aportarán para engrosar esa lista y destacará por su delicadeza, fluidez y capacidad de convencer: la evolución de su protagonista es tan abrumadora y cautivante que se disfruta el paseo por una vida grandiosa, pero normal.

 

Pía Greene, periodista.

The Good Wife

Temporadas: 7
Capítulos: 156
Creadores: Michelle King y Robert King
Dónde verla: Netflix
Calificación en IMDb: 8,3
Trailer: