La cuarta temporada de la serie, creada por Joe Weisberg, regresa con la acción y la sorpresa que ansiaban sus fanáticos. Elizabeth y Phillip, espías de la KGB infiltrados en EE.UU., comienzan la recta final de su historia pero no sin volver a ensuciarse las manos en este camino de traiciones, misterios y profundos descubrimientos.
Publicado el 24.06.2016
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Los espías rusos de la KGB terminaron de exhibir una cuarta temporada que mantiene una fama que se han ganado justamente. Esa de ser una de las series de drama en transmisión más potentes de acuerdo a la crítica. La historia de los infiltrados rusos Elizabeth (Keri Russell) y Phillip Jennings (Matthew Rhys), quienes se hacen pasar por estadounidenses dueños de una agencia de viajes en plena Guerra Fría, sigue capturando gracias a la complejidad de cada uno de los personajes, buenas ambientaciones, historias potentes y un desarrollo de trama interesante y coherente con lo ya entregado.

La tercera temporada dejó las expectativas bastante altas. Paige –hija mayor de la pareja- conoce de boca de sus propios padres qué era eso que escondían: su origen ruso y su trabajo como espías. Pero la adolescente no pudo con el secreto y le contó todo a su confesor, el Pastor Tim. Lo que dio inicio y trama para gran parte de esta cuarta temporada.

Pero este hecho no fue el único hilo en esta maraña oscura, ochentera y perfectamente musicalizada. La desaparición de la historia de dos personajes secundarios llegó en momento justo para sacudir las cosas. Ambas tramas ya estaban algo viciadas y parecían no tener muchas más salidas. Aunque uno de esos finales estuvo mucho mejor logrado que el otro. Ese, el más abrupto dejó una sensación de improvisación y de ser algo antojadizo. Incluso, por esta inmediatez poco explicada, los personajes que giraban en torno a esta historia parecen quedar en el abandono.

Otro punto bajo es la aparición de las armas biológicas como amenazas. No logran interiorizarnos lo suficiente y se queda un poco corto frente a otras misiones que han llevado los Jennings. Quizás la única excepción a esta trama es una escena donde Phillip parece olvidar todos sus demonios internos y asesina sin descaro a un policía en un bus. Todo mientras suena “Tainted love” de Soft Cell de fondo, convirtiéndose en escena oscura y fría, perfectamente lograda. Otro ejemplo que nos demuestra que la pareja, pese a sus vaivenes emocionales, problemas familiares y dudas, sigue llevando su misión a cabo.

El nuevo tipo de relación de Paige con sus padres y la de ellos mismos parece estar en riesgo constante. Las dudas sobre su misión versus su vida inquietan cada vez más a Elizabeth y aún más a su esposo, quien desde los primeros episodios se mostró más dudoso. Ambos en este ciclo se nos revelan como más humanos: con sus miedos y emociones; con sus rostros cansados y energía desgastada.

Esto no es Rusia contra Estados Unidos, ni el bien contra el mal. Todos los personajes que conforman la trama de “The Americans” tienen defectos y virtudes. Esto es solo la guerra de dos fuertes ideologías, tan invisibles como potentes. Tan antiguo, pero tan actual a la vez.

“The Americans” partió como una serie excelente y llena de sorpresas pero tuvo una segunda temporada lenta que hizo que muchos la abandonaran, pero que sin duda vale la pena retomar. Desde la tercera y, especialmente, con este cuarto ciclo regresó a aquello que le dio fama y que también le permitió asegurar dos temporadas más, con las que terminará. Su creador, Joe Weisberg, dice que la historia finalizará en los tiempos planeados y esperamos que mantenga la positiva línea que retomó y nos siga sorprendiendo.

Moyra Chellew, periodista y licenciada en historia.

 

The Americans

Temporadas: 4
Capítulos: 52
Creador: Joe Weisberg
Dónde verla: FX
Calificación en IMDb: 8,3
Trailer: