La nueva versión del clásico evento recibe a su público con una amplia paleta de estilos coreográficos, temas y puestas en escena. Cinco obras en tan sólo dos horas: la reposición del desafío técnico “Percusión para seis [varones]”, de Vicente Nebrada; “D a la cuarta”, de Esdrás Hernández; “Los pájaros de Neruda”, inspirada en una obra del poeta nacional; “Claroscuro”; y el estreno de “La Casa de Bernarda Alba”, una producción de Jaime Pinto basada en la pieza teatral de Federico García Lorca. Una tras otra, sin tiempo para digerir sus contenidos, su desordenada exhibición demuestra la necesidad de tener algún grado de “curatoría” más exigente en la programación de estos ciclos.
Publicado el 18.10.2016
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El festival comienza con la reposición de “Percusión para seis” (19 minutos, estrenada en EE.UU., 1969), un desafío técnico para seis varones, del fallecido coreógrafo Vicente Nebrada (1948-2002). La trama es sencilla, un sexteto de bailarines se desplazan lúdicamente, hacen marchas y flotan entre saltos. Luego, compiten amistosamente en una serie de demostraciones de solistas, donde cada uno revela su carácter a través de la danza, la música y el color de la escenografía. Ninguno se superpone a los otros, aceptando la complementariedad de sus personalidades.

La pieza está compuesta para demostrar la virtud técnica de sus bailarines, con múltiples y exigentes “solos”, que deben ser interpretados con el “tempo” implacable de la percusión de Lee Gurst. Tan implacable que delató en varias circunstancias a los bailarines de esta producción por más que su gestualidad fue apropiada y que consiguieron retratar esta sencilla trama con acierto.

Cae el telón y en seguida comienza “D⁴” o “D a la cuarta”, una creación de Esdrás Hernández para dieciséis bailarines cuyo nombre alude a la sigla DD.DD. (Detenidos Desaparecidos). Más allá de tratar la historia nacional reciente, construye un cuadro coreográfico del vasto tema de la opresión disgregante y la muerte. Empieza con una imagen compleja de digerir: una fila de roles en una coreografía que ironiza el sonido de las armas de fuego, y con ese contraste nos abre a un mundo enajenado.

Una iluminación impecable hace que se quiebren los pas de deux (paso de a dos) arrastrando a una mitad de la pareja hacia la oscuridad, el otro personaje debe seguir bailando, como si nada. Más brevemente, de la oscuridad, aparece esquinado un montón de cuerpos que recuerdan los registros fotográficos del genocidio nazi. La crudeza de estas imágenes se conjuga con la música minimalista de Esdras Hernández, una coreografía simple técnicamente y un vestuario sutil que dan la impresión de cuerpos vestidos a plena luz y desnudos en penumbras. El resultado es el protagonismo de las dinámicas restantes de quienes se enfrentan al rapto y a la muerte.

La seguidilla continúa con “Los Pájaros de Neruda”, con música de Patricio Meneses, coreografía de Eduardo Yedro y animaciones de Felipe Hernández. La producción se construye desde los poemas leídos de “Arte de Pájaros”, de Pablo Neruda y una visión libremente empalmada: las aves como versiones anímicas de los sentimientos que nos inundan. Por momentos revisa la gestualidad de los mamíferos voladores, sus formaciones y sus siluetas, pero la coreografía pertenece más a lo humano. Ecléctica y con momentos de vacío interpretativo, la mirada se distrae entre una variedad de elementos que no siempre confluyen: la animación, la danza y la locución del poeta. Estos pájaros anímicos comparan experiencias humanas con la tenacidad violenta de las aves, su fragilidad amorosa y su gregarismo coreográfico.

Tras el intermedio: “Claroscuro”, de la imaginación y la coreografía de Altea Nuñez. Un primer momento nos prenda en el suspenso de una escena barroca, y la disposición de los cuerpos entrega la fuerza de la escena antes de que empiece el movimiento. Las pinturas cobran vida y se dispersan, y sólo por instantes vuelven a recurrir a conformaciones similares a la inicial. La idea guía de esta producción tiene un interés estético que pudo haber sido profundizado: mantener el contrapunto entre quietud dramática (en conflicto) y movimiento resuelto (en concordia). Se advierte que esta experimentación, traspasar lo pictórico del barroco a la puesta en escena, es aún un proyecto en desarrollo. Promete convertirse en una pieza valiosa, de tener una iluminación minuciosa (considerando el tema) y una reflexión que se expresa sobre ese punto de vista, en tanto permanezca este festival, sólo queda imaginar un futuro posible..

Con el estreno de “La Casa de Bernarda Alba”, de Jaime Pinto cierra el Festival. Esta es la única producción que gira completamente en torno a un relato, y está basada en la obra teatral de Federico García Lorca (1898-1936) y presenta la actuación del bailarín invitado Alain Honorez (Bernarda). La historia trata del deseo amoroso  y envidia de cinco hermanas oprimidas por una matriarca obsesionada con los valores tradicionales (la dignidad familiar) y la fatalidad que gobierna las vidas de su pequeño pueblo.

Angustias, primera hija y heredera de las riquezas del primer matrimonio de Bernarda, va a casarse con Pepe, provocando los celos de sus hermanas. Bernarda apaga los faroles blancos de la escenografía, imagen de las estrellas de García Lorca, en un símbolo de erotismo y de libertad. Adela, rebeldemente, se dispondrá a ser la amante de Pepe. El odio de las hermanas portará de una pistola a Bernarda que disparará hacia Pepe, y Adela convencida de su muerte, se suicida.

Bernarda es retratada como una mujer loca y enérgica, que ejerce su dominio con violencia. Tiene el gesto recurrente de agitar los brazos a sus hijas (por no actuar debidamente) y dirigidos a Dios por ponerla en ese pueblo al que culpa de sus desgracias. Alain Honorez conjuga la danza con estos gestos histriónicos, y así describe el carácter de esta matriarca triste. “Es virgen”, anuncia al final, arropa a Adela con un paño bordado blanco, más preocupada de las apariencias que de la muerte. Con orgullosa impasibilidad, pide silencio.

La variedad y la multiplicidad de estímulos que entrega el Festival de Coreógrafos mantienen la atención del público entre actos. El problema es que así mismo les impide entrar en los contenidos de la obra y hacerse parte de la experiencia sensible que estas pretenden transmitir. La necesidad de vincular toda la muestra a partir de algún elemento, tema o idea común, es un asunto pendiente que en este tercer ciclo se hizo fundamental e imperativo. Considerando que no todas las funciones eran capaces de elaborar una experiencia interesante para las audiencias.

 PERCUSIÓN PARA SEIS

Música: Lee Gurst

Coreografía y producción: Vicente Nebrada

Repositores: Yanis Pikieris y Zane Wilson

Ensayista: Luis Ortigoza

Bailarines: Luciano Crestto, Alexis Quiroz, Hernán Montenegro, Gustavo Echevarría, Esdras Hernández, Emmanuel Vázquez

 

D (A LA CUARTA)

Música: Esdras Hernández

Coreografía: Esdras Hernández

Asistente coreógrafo: Montserrat López

Vestuario: Monserrat Catalá

Bailarines: Miroslav Pejic, José Luis Campos, Nicolás Rojas, David Saavedra, Mauricio Serendero, Yerko Navia, Carlos Aracena, Sebastián Bergmann, Francisca Montenegro, Enzo Fuentes, Edyson Araya, Milenka Kisilak, Kamila Aesnishanlins, Catalina Duarte, Constanza Sánchez, Belén Videla, Valentina Abarzua

LOS PÁJAROS DE NERUDA 

Música: Patricio Meneses

Coreografía: Eduardo Yedro

Pinturas y audiovisual: Felipe Hernández 

Bailarines: Romina Contreras, Ethana Escalona, Ioulia Koutenkova, Lara Costa, Mariselba Silva, Gabriel Bucher, Sebastián Lizama, Alexis Quiroz, Carlos Inostroza

CLAROSCURO

Música: Héctor González Sánchez, Clint Mansel, Philip Glass, J. Klimek, Max Richter

Coreografía: Altea Nuñez

Vestuario: Altea Nuñez y Ria Van Looveren

Diseño de luces: Altea Nuñez y Nicolas Moens

Bailarines: Gabriel Bucher, Agustín Cañulef, Montserrat López, Romina Contreras, Ethana Escalona, Camila Justiniano

BERNARDA 

Música: Henryk Górecki

Coreografía: Jaime Pinto

Escenografía y vestuario: Jorge Gallardo

Bernarda: Alain Honorez (Bailarín invitado)

Martirio: Elizabeth Espinoza

Adela: Michele Bittencourt / Esperanza Latuz

Angustias: Deborah Oribe

Magdalena: Esperanza Latuz

Amelia: Francisca Montenegro

Pepe: Agustín Cañulef

Iluminación: Ricardo Castro 

BALLET DE SANTIAGO

Directora artística: Marcia Haydée