Roberto Bolaño dijo una vez: "Alberto Fuguet tiene cierta ternura que lo hace por momentos entrañable. Noto una especie de fragilidad en el autor, en lo que está escribiendo y sobre todo en la relación autor-escritura". Las palabras van al hueso respecto de Sudor, su última novela.
Publicado el 06.12.2016
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Eran tiempos difíciles para los rebeldes. Los años noventa, la democracia y el lento fin del apagón cultural chileno se vinieron encima de la generación X, y a Alberto Fuguet le tocó el asiento del conductor tanto en la literatura como en la guía inesquivable de la cultura pop mandatoria que fue su labor como crítico. Al estar más visible que otros cronistas de su generación, Fuguet tocó lo bueno y lo malo directo en su cara. La furia del establishment beato y la pasión asfixiante de los fans. Mezcla rara de puta y santa, el mote de “fuguetiano” se ha acuñado durante décadas tanto como corona de laureles y como latigazo descalificador.

Este año, con un cuarto de siglo encima oscilando entre el nuevo periodismo inmersivo y la prosa de ficción furiosa y bukowskiana, Fuguet sigue representando el arte mayor en la realidad latinoamericana. Ese que hacen los artistas “de-a-de-veras”, ya sea filmando, grabando discos o publicando poesía y novela, donde el personaje, la realidad y los universos imaginarios se funden para crear un body of work coherente pero inasible. Sólido pero impredecible.

Sudor es una joya pop, y así se la debería considerar. Es probablemente el relato de ficción más sólido e impactante desde Mala Onda. Decir que es una novela gay es equivalente a calificar Cien años de soledad  como literatura fantástica. O sea, es quedarse tan corto como miope.

La textura general es extrema y -naturalmente- cinéfila, y eso significa que donde debiera haber sentimientos, Fuguet pone detalles pornográficos de flujo narrativo brillante y rudo. Sudor es la novela que Lars Von Trier o Gaspar Noé morirían por filmar. Con ojo de cineasta, Fuguet despliega una instantánea brutal del deseo y la ansiedad, en tiempos de hipertecnología y aislamiento virtual. Sin embargo, y como bien notó el gran Bolaño, detrás de la hoguera de las vanidades literarias y la muleta sexual de Grindr gravitando en Sudor, subyace la búsqueda de un remanso de amor, de una explicación intangible, de la aniquilación de la ansiedad inherente al siglo en que vivimos en peligro digital.

Salió en abril, pero Sudor es sin duda la novela del año de la que debiera seguirse hablando, y su nouvelle telonera No ficción ser estudiada por la nueva narrativa chilena, igual que los cineastas de fin de siglo debieron estudiar en cámara lenta “Life lessons”, el episodio dirigido por Scorsese en “Historias de Nueva York” (1989).

Cuico, gay, demasiado cinematográfico, whatever, este es el mejor Fuguet, en su forma más silvestre. Y después de todo, ¿No es esa urgencia y desparpajo la que buscamos en la buena cultura pop?

 

*Esta crítica fue publicada en el sitio www.lectambulos.cl