La aventura de llevar a la pantalla chica la historia de un antihéroe de dudosa reputación, es un experimento que conlleva riesgos que Stan Lee como genio detrás de Marvel ha sabido superar con serie, la primera serie en que el escritor de cómics se sumerge al 100% como creador. Y como resultado, un producción que atrapa.
Publicado el 05.01.2017
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Durante la última década, los productos televisivos y cinematográficos de la factoría Marvel son lo bastante reconocibles como para crear un estilo narrativo único, tan identificable como rentable. Resulta innecesaria la insistencia de la editorial en bautizar a todas sus series y películas con su nombre: Desde la icónica Marvel’s “Daredevil”, “Marvel’s Jessica Jones”, “Marvel’s Agents of SHIELD” e incluso la fallida “Marvel’s Agent Carter”.

Las producciones de la editorial suelen ser exitosas no sólo por el hecho de pertenecer al fenómeno mediático que impulsa con facilidad sino también, por esa promesa implícita que llevan aparejadas como fenómenos de público y audiencia. Una nueva forma de comprender el entretenimiento comercial.

Tal vez por ese motivo, el mítico Stan Lee —  cabeza visible de la marca y además creador de la mayoría de sus cómics más populares —  haya decidido usar la misma identificación inmediata al momento de incursionar en la pantalla chica. Un guiño a la cultura popular que ayudó a construir y que con toda seguridad, le sobrevivirá. En su nueva aventura como productor televisivo, el conocido creador de universos fantásticos quería dejar muy claro que continúa siendo parte de algo más grande que sí mismo y que la serie “Stan Lee’s lucky man” es otra visión sobre el discurso de entretenimiento que ha sostenido por casi cincuenta años. El show lleva su nombre y por supuesto, también el espíritu innovador, rebelde y ligeramente irreverente que ha hecho famosa la pluma de Lee.

La aventura de llevar a la pantalla chica la historia de un antihéroe de dudosa reputación, es un experimento que conlleva riesgos que Stan Lee ha sabido superar con esa perspicaz capacidad suya de vigorizar el lenguaje tradicional sobre el bien y el mal. Porque el protagonista de “Stan Lee’s lucky man” tiene superpoderes, como cualquier otro personaje de la factoría, pero también es un hombre con un pasado turbio y ambiguo al límite de la bondad forzada que suele ser común en las historias de superhéroes.

La serie es mucho más que una nueva interpretación del heroísmo. Se trata de un recorrido malicioso y en ocasiones cínico por los límites de lo que consideramos casual y sus implicaciones. Es allí cuando alcanza su mayor fuerza y lo que hace, que la inteligente visión de Lee sobre sus propias creaciones sea más evidente que nunca.

El actor norirlandés James Nesbitt (conocido por su actuación en la serie “Jekyll”) da vida a un personaje complejo. Todo un rector que el actor asume desde un registro meditado y levemente inquietante. Gracias a eso el detective Harry Clayton resulta creíble y además, con una profundidad que sugiere —  y sostiene —  su dudoso proceder.

Ludópata, obsesivo y durante buena de la trama, muy cerca del abismo, el personaje se aleja de las usuales visiones sobre el héroe de turno hasta alcanzar una atractiva reflexión sobre lo moral que es quizás, el mayor triunfo de la historia. No hay nada claro en este detective que parece envuelto en todo tipo de problemas y al margen de la ley. Como si no fuera suficiente todO lo anterior, Clayton también debe lidiar con el misterio de una extraña joya en su muñeca que no puede quitarse y que tiene el insólito efecto de hacerle el hombre más afortunado del planeta. De pronto, este hombre venido a menos y que acarrea un largo historial de pequeñas tragedias y disparates, descubre que el brazalete que lleva puesto le asegura la buena fortuna. La mejor de ellas. Una tan exagerada y absoluta que casi resulta un insólito superpoder.

Hay que dejar claro que “Stan Lee’s lucky man” es una serie de policías. Por eso el show no disimula su identidad autoconclusiva y procedimental, con la habitual descripción de la rutina policial y todos los clichés al uso. Aun así, tiene una considerable carga de elementos sobrenaturales y fantasía que resulta quizás el elemento más intrigante en su propuesta. La serie avanza con buen pie en medio de dos escenarios por completo distintos y logra hacerlo con una inteligencia que se agradece.

El detective Clayton se convierte en el punto de unión entre el cinismo del mundo detectivesco y a la vez, en el reflejo de esa otra dimensión de la realidad, llena de amuletos y extrañas situaciones inexplicables. En medio de ambas cosas, la serie muestra su verdadero rostro: ese intento de Lee por construir una interpretación sobre lo paranormal y lo sobrenatural en medio de lo corriente. Y lo hace con un pulso de conocedor que sorprende por su originalidad: la trama avanza a pesar de los lugares comunes — que los tiene — pero también, reflexiona sobre lo singular y lo insólito desde cierto sarcasmo elegante que le otorga una personalidad única.

Quizás uno de los elementos más seductores de una serie donde nada es lo que parece, es la ciudad de Londres, convertida para la ocasión en un personaje más dentro de la trama. Inquieta, colosal, radiante y por momentos lóbrega, la Londres de Lee tiene mucho parecido con la Nueva York entusiasta y dinámica que dibujó tantas veces para Spiderman durante casi tres décadas. No obstante, la capital británica tiene un peso e identidad propios que dotan a la serie de un lustre cínico. De la misma forma que Peter Parker es parte de Nueva York — y la ciudad es parte suya, como escenario y contexto imprescindible para comprender al personaje-, el detective Clayton parece indivisible de la larga sombra de esta capital Imperial devenida en telón de fondo de una historia osada y oscura.

Detrás de los brillantes escenarios y una historia a mitad de camino entre la fábula y algo más retorcido, está la productora Carnival Films, responsable de la aclamada y multipremiada Downton Abbey. De la celebrada serie, “Stan Lee’s lucky man” hereda esa cierto desenfado que hace que toda la fauna de extraños personajes que le componen sean creíbles, en medio predicciones y golpes de efectos logrados a base de galletas chinas. Lo absurdo coexiste con una idea mucho más compleja sobre los caminos que sostienen lo que suele llamarse fortuna y destino.

“Stan Lee’s lucky man” se toma el atrevimiento de analizar los matices entre lo que consideramos correcto — y lo que no lo es — con una serie de guiños argumentales efectivos. Harry Clayton no es un buen hombre pero tampoco es un villano. La historia insiste en mostrarle cómo la suma de todos sus defectos y virtudes, en un panorama enrevesado que se enriquece por esa percepción de lo ético tan cercana al claroscuro moral. Pero más allá de eso, juega — y lo hace con gran maestría — con el tema favorito de Lee y que en esta ocasión aparece disimulado en medio de un juego de espejos: la responsabilidad sobre el poder que se ejerce. ¿Hasta qué punto Clayton puede utilizar su recién descubierta capacidad sin enfrentarse a las consecuencias? Desde esa visión de la fortuna como centro argumental, Lee juega una elaborada ruleta rusa sobre la conciencia, la voluntad y sus implicaciones inmediatas.

En paralelo, la serie no olvida su necesidad de reivindicarse como lo es: un producto televisivo de puro entretenimiento. A la vez que se cuestiona en voz alta sobre los rudimentos de la bondad y la maldad, el show también desarrolla la simplicidad de una trama policial que engancha por no competir de manera directa con la propuesta sobrenatural. De manera que Clayton continúa investigando sus propios casos, algunos relacionados con la línea principal que le compromete y también, asume el riesgo de intentar descubrir la procedencia de la joya a quien debe su recién descubierta fortuna. Todo lo anterior, envuelto en un ambiente urbano, una noción muy consciente sobre su procedencia y la inteligencia con que el guión maneja las implicaciones de la oleada de buena suerte que acompaña a Clayton.

Claro está, la serie no se toma muy en serio y quizás ese sea uno de sus puntos fuertes: Clayton avanza a medio camino entre el cinismo y algo más ligero, que sin embargo no deja de ser oscuro por momentos. Con una pieza mal encajada en un mecanismo complicado y cada vez más extravagante, el detective Clayton termina siendo un rehén de su propio laberinto o lo que es lo mismo, una presa involuntaria en un juego de caza mayor que la serie aún no muestra del todo.

Terminada su primera temporada y renovada para una segunda, el mundo de Lucky Man está en pleno trayecto de hacerse mucho más complejo y duro. Y seguramente lo será mucho más de lo que imaginamos: Stan Lee, creador de monstruos y villanos, héroes y guerras infinitas, sabe muy bien cómo hacerlo.

Aglaia Berlutti, fotógrafa y escritora venezolana.

“Stan Lee’s lucky man”

Temporadas: 1
Capítulos: 20
Creador: Stan Lee
Dónde verla: Todos los viernes en FOX 1 a las 23:00 hrs
Calificación en IMDb: 7,2

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