Los canales de televisión demostraron que sus departamentos de prensa no están dormidos. El despliegue exhibido en las elecciones es prueba de ello. Rostros emblemáticos salieron a la calle, los móviles se desplegaron a lo largo de todo el territorio y hubo poco dejado al azar. Ahora, a menos de un mes de la segunda vuelta, no pueden bajar la guardia.
Publicado el 23.11.2017
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Los gigantes despertaron. Y ya era hora de que pasara. En los canales de televisión abierta los departamentos de prensa son los portaviones. En ellos se juega el prestigio y la solidez de la señal, sus rostros deben ser respetados y su información debe ser fidedigna. Si en los matinales se premia la improvisación, acá las reglas son otras y cada error tiene costos que terminan mermando la credibilidad del medio. Sin embargo, entre el bombardeo de noticias magazinescas que invaden los noticiarios es difícil visibilizar y apreciar la importancia de estos espacios. Muchas veces dan vergüenza y cuesta entender qué hace dentro de su pauta una nota sobre el alza en el precio del mote con huesillo o la supuesta polémica por el diseño de un paso de cebra.

Las elecciones presidenciales fueron la plataforma que permitió que estos espacios demostraran lo que realmente saben y deben hacer: informar. Con un despliegue admirable y con errores técnicos casi imperceptibles, las áreas informativas dejaron en evidencia sus capacidades humanas y técnicas. Si bien hubo algunos momentos bochornosos, como el protagonizado por un periodista de TVN que le preguntó a Farkas a qué había ido al local de votación; también se registraron episodios para el bronce. Mención especial merece la reportera que interceptó a un joven robándose la urna, el cual declaró un insólito “tengo que dejar las drogas”. Pero más allá de las anécdotas, que sin duda tienen un rol dentro de una transmisión larga y con horas muertas, los periodistas salieron de las cuatro paredes del estudio, los móviles llegaron a los centros neurálgicos y los teléfonos celulares sirvieron para transmitir en directo desde lugares más remotos. Planificación e innovación se hermanaron.

Obviamente las elecciones son hechos puntuales, no todos los días se elige Presidente, se equivocan las encuestas y los vencidos aparecen como vencedores. Un análisis simplista argumentaría que con material así es imposible no hacer algo bueno. Pero se equivocan. Sí es posible. La alta inversión en equipos para generar gráficas como las que mostraron los principales canales no se justificaría si fuese lo mismo poner las barras en una hoja de papel o sobre un pizarrón. Los canales saben que si bien compiten entre ellos, su enemigo son los medios digitales y por eso deben luchar por la inmediatez, por una pantalla atractiva que se actualice tan rápidamente como la información de sus rivales. Y lo lograron. Una pantalla dividida con los datos del último minuto, resultados parciales a un lado, los oficiales al otro, comentarios en off, explicaciones claras y precisas. El espectador no tenía tiempo para buscar nada en internet. Ahí tenía todo, frente a sus ojos, contextualizado.

Para la segunda vuelta el desafío es mayor. La fachada de Canal 13 convertida en una pantalla, el patio de TVN utilizado como escenario de análisis o el desfile de rostros producto de la unión entre CNN y CHV ya no serán novedad, y la ansiedad por conocer un resultado que marcará un momento de inflexión en la política chilena estará presente en cada momento. Los canales tendrán que generar contenidos capaces de mantener la tensión desde que comiencen las transmisiones, no bajar la guardia, construir un tren programático que no dé tregua. La materia prima, esta segunda vuelta, tiene todos los elementos necesarios para que los gigantes muestren lo que son capaces de hacer. Y ojalá lo sigan haciendo después del 17 de diciembre.