El 13 está en crisis. Y el haber comprado los derechos para la transmisión del Mundial es parte del problema. Se apostó por una Roja luciéndose en Rusia y se perdió. Un riesgo siempre latente, pero ¿para qué correrlo en un escenario tan complejo como el que vive este canal?
Publicado el 03.05.2018
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La situación de Canal 13 es compleja. Pérdidas que ascienden a 26 mil millones de pesos, despidos masivos y una inminente externalización de servicios. Un monto enorme que considera dentro de sus ítems el Mundial de Rusia, evento por el que esta estación -junto a TVN y Mega- pagó los derechos apostando por un gran desempeño de la Roja. Pero la selección no clasificó  y por ende los ingresos por publicidad serán más bajos de lo proyectado. En palabras de su director ejecutivo en la revista Capital, Javier Urrutia: “El punto es que vamos a emitir el mundial y vamos a perder plata”. Si siempre estuvo ese riesgo ¿para qué correrlo en un escenario tan complejo como el que vive el 13?

El  fútbol es un fenómeno único que trae consigo resultados de audiencia y publicidad. Siguiendo con esta lógica, la televisión aparece así tan sólo como una plataforma que depende humildemente de este deporte para obtener buenos resultados. Pero la relación no funciona de esa manera. Estamos frente a un matrimonio. Fútbol y televisión se necesitan y potencian mutuamente.

Sin la televisión el fútbol no sería lo que es. Los equipos verían sus arcas mermadas al no contar con los ingresos por los derechos de transmisión de sus partidos, imposible pensar en contrataciones millonarias, los jugadores no tendrían categoría de rock stars y  la cancha no estaría rodeada de estáticos con publicidad. ¿Y las camisetas? ¿Qué marca pagaría cifras estratosféricas si no fuese por la posibilidad de que millones de telespectadores la vean simultáneamente? Nike también apostó y cerró el 2015 con la ANFP un acuerdo por US$7 millones anuales para vestir a la Roja hasta el 2023. Nuestra polera quedó entre las más caras de Sudamérica, solo detrás de Brasil y Argentina. Pero con Chile fuera de Rusia, las ventas serán menores a las proyectadas. Tanto así que fue suspendido el lanzamiento del nuevo diseño.

Al comprar los derechos de fútbol se está apostando por audiencia y, por ende, publicidad”.

Por su parte, la televisión crece con eventos de este tipo que permiten generar una narrativa. Cada campeonato es una nueva serie, con un determinado número de capítulos, cada uno estructurado magistralmente con comienzo, medio y fin. El rol de los relatores y comentaristas no es menor. Ellos son los responsables de exacerbar el suspenso y desde una posición muchas veces omnisciente transforman cada jugada en un hito lleno de tensión, enganchando a la audiencia minuto a minuto. El escenario es la cancha. Los protagonistas son los jugadores que vemos crecer, cambiar, lucir sus camisetas y peinados, pasar de un equipo a otro, ovacionar un gol o resistir la derrota. Conocemos sus dramas, las rencillas internas, los celos, las rivalidades.

El tener los partidos le asegura rating y para muchos es el inicio de una nueva era en las transmisiones, ya que posiblemente abran nuevas señales para dar dieciséis encuentros por fin de semana”.

Los programas anexos nos nutren cada día con material que acapara preciados minutos en los noticiarios y los diversos medios de comunicación. Vivimos rodeados de estadísticas, proyecciones y de la farándula deportiva que lo impregna todo. Gritamos, sufrimos y celebramos. Y lo hacemos junto al público del estadio, junto a los que nos acompañan frente a la pantalla y también junto a los millones de hinchas que sintonizan simultáneamente el encuentro. Incluso una vez concluido el juego continuamos conectados, siguiendo aquella máxima de la literatura que considera que no hay lectura sin relectura. Sabemos el final, pero igual volvemos a las jugadas, opinamos, actuamos como expertos. ¿Existe otro evento televisivo que logre algo similar? No por estas latitudes. En Estados Unidos la locura está secuenciada en temporadas. Basketball, baseball y fútbol americano tienen su espacio. Y su propio negocio.

Al comprar los derechos de fútbol se está apostando por audiencia y, por ende, publicidad. Así lo hizo Turner -cadena dueña de CHV- con el pago de US$91,7 millones anuales por quedarse con el campeonato nacional; es decir, US$2 mil millones por los 15 años (el monto es reajustable en UF). Además desembolsó US$380 millones al contado. El tener los partidos le asegura rating y para muchos es el inicio de una nueva era en las transmisiones, ya que posiblemente abran nuevas señales para dar dieciséis encuentros por fin de semana. Post Rusia se viene un escenario en que Turner entrará con todo en las transmisiones y al que se suma la compra por CHV de los derechos para transmitir los partidos de la Roja camino a Qatar 2022 en US$119 millones -cifra record y superior a la que realizó anteriormente Mega (US$106 millones)-. Sin duda una buena negociación por parte de la ANFP llevada a cabo estratégicamente antes de que la Roja quedara fuera de Rusia.

Obviamente Canal 13 no tiene los recursos de un gigante como Turner. Imposible soñar con un deal de esta envergadura. Pero la apuesta por Rusia fue un paso en ese sentido, en la búsqueda de espacios que permitan potenciar la parrilla y sus plataformas asociadas. ¿Qué se trae el 13 entre manos? Difícil saberlo. Lo que sí está claro es que para generar narrativas de esta naturaleza y magnitud hay que invertir. Y como en toda inversión, siempre existe un riesgo que vale la pena correr.