La realidad muchas veces supera a la ficción. “El Mecanismo” es prueba de ello. La serie de Netflix que narra el mayor escándalo de corrupción en la historia de Brasil ha sido un éxito. En Chile también tenemos material suficiente para explorar este tipo de producciones. El empresario Julio Ponce Lerou sería, sin duda, un gran protagonista.
Publicado el 07.06.2018
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Un hombre canoso, elegante y con una sonrisa que deja en evidencia su soberbia desciende de un lujoso auto, mientras las cámaras de televisión lo rodean. Los periodistas intentan obtener una declaración, conocer cómo nuevamente logró salirse con la suya. Él no responde. Continúa su camino y desaparece detrás de las puertas de un edificio en el criollo Sanhattan. ¿Quién es? El protagonista de “El Rey del Salitre”, la hipotética nueva serie de televisión que narra la historia de Julio Ponce Lerou, el ex yerno de Pinochet nacido en La Calera y dueño de una de las fortunas más importantes de Chile.

¿Cómo logró convertirse en un millonario que incluso aparece en la lista de los más ricos del mundo según la revista Forbes? La vida de Ponce Lerou tiene material suficiente para transformarse en una gran serie de televisión. En ella se podrían desarrollar todos los elementos que permiten capturar al denominado “espectador sofisticado”: innovación genérica y potenciación de la serialidad, obviamente acompañada de una factura impecable, un tema contingente y actual, un poco de sexo y quizás -aunque no necesariamente- algo de violencia.

A propósito de la serie “El Mecanismo”, la ex presidenta Dilma Rousseff incriminó a Netflix por difundir “todo tipo de mentiras” y “noticias falsas” para atacar tanto a ella como a el ex presidente Lula.

Brasil ya lo hizo con “El Mecanismo”, producción que se interna en el mayor escándalo de corrupción de ese país y que fue estrenada por Netflix el 27 de marzo. En ocho capítulos narra la operación “Lava Jato”, cuyas esquirlas llegan incluso a Chile. Es una producción que advierte desde el primer capítulo que se trata de una ficción “inspirada en hechos reales” y donde “los personajes, situaciones y otros elementos han sido adaptados”. Las similitudes con los verdaderos protagonistas resultan evidentes, incluso los nombres son parecidos, tanto así que la ex presidenta Dilma Rousseff (“Janete Ruscov” en la ficción) incriminó a este servicio de televisión online por difundir “todo tipo de mentiras” y “noticias falsas” para atacar tanto a ella como a el ex presidente Lula, condenado a 12 años de cárcel por corrupción pasiva y lavado de dinero en el marco de “Lava Jato”. Incluso fue más lejos y acusó a José Padilha –director de “El Mecanismo y de “Narcos”- de utilizar las mismas técnicas que la prensa para “practicar asesinatos de reputaciones”, “vertiendo mentiras” que ni los grandes medios de comunicación nacionales “tuvieron coraje de insinuar”.

El concepto “hechos reales” es un atractivo gancho para la audiencia. Ejemplo de lo anterior son éxitos como “The Crown” (basada en la vida de la Reina Isabel II); “The People v/s O.J. Simpson” (que recrea el juicio por asesinato al que se vio enfrentado el ex deportista norteamericano); y “Narcos”, donde el protagonista logra una personificación tan impresionante que es complejo distinguir cuál es el verdadero Pablo Escobar. En todas ellas resulta difícil separar ficción de realidad, ya que tal como escribe David Shields en “Reality Hunger”, “la verdad, aunque no tenga juicios previos, siempre tendrá sus bordes irregulares”. Y continúa: “La semilla del material es fáctica -una narración con personas cuyos nombres se pueden buscar en la guía telefónica o que tienen existencias históricamente verificables-, pero es ficción en el sentido de que está fuertemente estructurado y tramado”.

Si Charles Dickens estuviera vivo, sería un gran guionista, con propuestas plagadas de personajes marginales y excluidos, que además tendría a su favor el haber descubierto cómo la realidad por sí sola supera cualquier propuesta.

¿Y cómo sería la estructura de la hipotética serie “El Rey del Salitre”? El caso SQM tiene un arco dramático soñado: el yerno de Pinochet parte administrando una empresa estatal para posteriormente tomar su control, todo bajo un complejo esquema de sociedades cascadas. Sobrevive a la llegada de la democracia reconvirtiéndose en el gran financista de la clase política concertacionista. Y cuando estalla el escándalo, logra mantener el poder, salir limpio de polvo y paja y quedarse con la explotación del litio hasta el 2030. Además, podría incorporar concursos ecuestres, mujeres hermosas y una buena dosis de glamour.

Las series son una forma de narrar. Para algunos incluso un género literario de nuestra cultura contemporánea. El novelista, dramaturgo y guionista irlandés Roddy Doyle afirma que “si Charles Dickens estuviera vivo, hubiera trabajado para la BBC hasta que HBO le ofreció mucho más dinero”. Sería un gran guionista, con propuestas plagadas de personajes marginales y excluidos, que además tendría a su favor el haber descubierto cómo la realidad por sí sola supera cualquier propuesta. Las figuras que pululan por ella son un material maravilloso y lleno de matices. Sólo falta atreverse a mostrarlas porque, como dice Shields, “las mejores historias son las verdaderas”.