Hollywood no dejó pasar la oportunidad y ya está en Tailandia. La producción de la cinta sobre el rescate de los 12 niños ya comenzó. Pero nada asegura su éxito. Al transformar la realidad en ficción se corre el riesgo de destruirla.
Publicado el 12.07.2018
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Horas después de que los 12 niños y su entrenador finalmente estuvieran fuera de la cueva, Hollywood aterrizaba en Tham Luang. La carrera por ser los primeros en lanzar la película del equipo de fútbol “The Wild Boars” había comenzado. Productores en terreno se apresuraban por conseguir entrevistas exclusivas con los protagonistas y  al mismo tiempo escribir un guión. Incluso conferencias de prensa se llevaban a cabo para dar el primer golpe. Seguros de que la historia tiene todos los elementos para transformarse en un blockbuster superaban el pudor de ser acusados de insensibles en un momento tan complejo. Su respuesta impacta por lo pragmática: “Habrán otras productoras que vendrán, así que tenemos que actuar con bastante rapidez”.

Esta historia conmueve porque es “real”. Los detalles que ahora se revelan muestran cómo la realidad supera el talento y la imaginación de cualquier escritor. Si una novela hubiese considerado a una cantante pop de Bangkok como uno de los personajes claves en la misión de rescate, nadie lo creería. Pero así fue. Gracias a la ayuda de la actriz y compositora Narinthorn Na Bangchang, el especialista en tecnología Ruengrit Changkwanyuen llegó al campamento y fue él quien instruyó a los buzos sobre las técnicas dentro de la cueva y los requerimientos de equipo. Luego bastó un llamado a través de la cuenta de Facebook de Narinthorn para contar con cientos de cascos y cuerdas. Y cuando la artista solicitó 200 estanques de oxígeno, sus seguidores juntaron 3400.

En “Reality Hunger” el académico David Shields afirma que los escritores tienen “las manos ocupadas, tratando de entender y luego describir y luego hacer creíble gran parte de la realidad”. Y en esta oportunidad es mejor dejar las “manos libres”. Buzos aprendiendo técnicas de  rescate dentro de la piscina de un resort mientras los pronósticos metereológicos anunciaban la inminente llegada de las lluvias; ruptura de una de las bombas extractoras –por lo que el seguir sacando agua de la cueva a la velocidad requerida ya no era posible, la que ya equivalía a 400 veces una piscina olímpica-; la muerte del buzo Saman Gunan… una operación permanentemente al filo del desastre donde los niveles de oxígeno dentro de la cueva descendían al 15% (lo normal es 21, 12 ya es crítico) mientras el genio tecnológico Elon Musk (dueño de Tesla y Space X) llegaba al campamento con un minisubmarino  desarrollado especialmente para sacar a los niños.

Sin embargo la creatividad de Musk no fue necesaria. En las cuevas se implementó una logística donde cada 25 metros los buzos tenían estanques de oxígeno a su disposición, una línea marcaba el trayecto y un sistema de luces ayudaba a aumentar la visibilidad. Paralelamente los niños recibían comida, agua, remedios y cartas de sus padres. Ellos respondían, pero cada intercambio epistolar tardaba cerca de 10 horas entre los pasadizos subterráneos. Lo mismo que en promedio duró el rescate de cada pequeño, quienes fueron trasladados en camillas por dos buzos. Así nunca debieron nadar ni caminar. Iban sedados, pero conscientes.

Con los niños recuperándose en el hospital, ahora es el turno de Hollywood. Para llevar la historia a la pantalla grande los hechos serán sometidos a las técnicas de la ficción y la realidad tendrá que adaptarse a los requerimientos de los guionistas. El peligro no es menor. La película “Los 33” pasó sin pena ni gloria. Lo mismo sucedió con las que intentaron reproducir el atentado terrorista en la maratón de Boston. La de los integrantes de “The Wild Boars” y su entrenador puede correr la misma suerte ya que cuando la vida real es tan impactante, una versión de película puede ser decepcionante.