Cada capítulo de esta serie es una clase magistral de comunicación estratégica. Y hay que estar muy atento, pues todo pasa muy rápido.
Publicado el 22.04.2016
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Aún no sé qué es lo que más me gusta de Olivia Pope, la protagonista de Scandal, pero confieso que después de cada capítulo me quiero parecer un poquito más a ella…

Si me voy por lo frívolo, adoro como se viste. Siempre impecable. Combinada. Elegante. Pelo perfecto. Uñas perfectas. Jamás trasnochada y, pese a que casi no tiene vida más allá de su trabajo, nunca se ve cansada. Adoro que sea brillante, habilosa, estratégica, que se le ocurran cosas propias de quien tiene un CI superior. Adoro que el Presidente de los Estados Unidos (así de guapo como es) muera por ella, y que en su lista de prioridades, Olivia sea más importante, incluso, que un eventual estallido de la Tercera Guerra Mundial. Adoro cómo la ama su equipo, la incondicionalidad que tienen con ella y lo mucho que la respetan. Y, por supuesto, adoro su capacidad infinita para resolver las crisis, minimizar los daños, enganchar emocionalmente con los clientes y, lo que es mejor, controlar a la prensa.

Probablemente no es la mejor serie que he visto en Netflix, ni la segunda, ni la tercera mejor; pero estoy completamente adicta.

La trama gira en torno a Olivia Pope, una ex directora de Comunicaciones de la Casa Blanca que, luego de dejar la administración, monta una oficina especialista en gestión de crisis. Su equipo, bastante singular, está formado por abogados, investigadores privados y un ex operativo de la CIA, que se encarga de hacer el trabajo sucio. A todos ellos los rescató de una vida miserable, y por eso le tienen una lealtad que muchas veces va más allá de sus propios principios (si es que tienen un poco de principios). Los clientes de la oficina son todos los poderosos de Washington, gente rica e influyente, que recurre a Olivia Pope cuando tienen un problema grave, personal o profesional, que podría afectar su patrimonio o reputación.

Cada capítulo es un caso que este equipo de trabajólicos -solitarios y perturbados profesionales- resuelve sin importar el medio, ni los “muertos”, que puedan quedar en el camino. A ningún cliente se le cierra la puerta, por lo que la mayoría de las veces este equipo se mete en caminos bastante poco ortodoxos.

Cada capítulo es una clase magistral de comunicación estratégica (con harta ciencia ficción). Y hay que estar muy atento, pues todo pasa muy rápido. Es imposible responder un WhatsApp o mirar el Twitter en el teléfono mientras Netflix está corriendo. Cada segundo hay algo nuevo.

Pero el mayor enganche de la serie, para mí -que soy una frívola en potencia- es la relación fenética e irracional que tiene Olivia con el actual Presidente de los Estados Unidos. Se conocieron durante la campaña presidencial. Ella, como experta en estrategia comunicacional, fue fundamental en su triunfo y se quedó trabajando con él los primeros años de su mandato. Pero llegó un momento en que seguir ahí, con la Primera Dama rondando por todos lados, guardaespaldas y cámaras secretas, fue imposible. Pero él la persigue. La llama. Ella le corta. Dejan de hablarse. Se echan de menos. Se buscan. Vuelven a la dinámica del teléfono secreto. Él viola todas las reglas y no le importa: está completamente enamorado.

Las actuaciones, salvo contadas excepciones, son bastante mediocres. La protagonista, Kerry Washington, dista mucho de ser una gran actriz. Sus gestos son siempre los mismos y si no fuera por el tremendo guión que la acompaña y la extraodinaria facha que tiene, pasaría sin pena ni gloria.

Los mejores personajes son el fiscal David Rosen, interpretado por Joshua Malian, que además es el único bueno de la serie. Y el abogado Harrison Writhg, interpretado por Columbus Short. Pero mi favorito máximo es Hack (Guillermo Díaz), lejos el personaje más interesante de toda la serie. Hombre atormentado y perturbador, clave en la resolución de todos los casos. Ex marine y espía sucio de la CIA, Hack es capaz de entrar en cualquier computador, obtener la información más confidencial y doblegar con la tortura a cualquier persona. Pero sus demonios internos le persiguen y es un ser desequilibrado, desquiciado y al borde de la locura por su pasado. Cabe decir que Díaz sólo había tenido un papelito insignificante en ‘Weeds’, pero aquí la rompe y es la auténtica revelación de la serie.

Debo decir, en todo caso, que voy recién en la tercera temporada. Yo siento que he visto mucho, pero según mis amigos, aún no he visto nada. Quedan muchas sorpresas y vuelcos en la trama que podrían incluso hacer que me desencante. ¡Quién sabe!

 

Lorena Medel, periodista.

Scandal

Temporadas: 5
Capítulos: 86
Escritor: Shonda Rhimes
Dónde verla: ABC, Sony Entertainment, Netflix
Calificación en IMDb: 7,9
Trailer: