Al menos la ficción debe superar a la realidad cuando se trata de retratar a las personas que toman las decisiones que afectarán las vidas de millones de personas a lo largo de todo el mundo.
Publicado el 15.01.2016
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Luego de siete excepcionales temporadas de The West Wing, se pensaría que cualquier serie que explorara minuciosamente la vida en la Casa Blanca sería no sólo un éxito, sino además un curso intensivo y dinámico sobre política, sexo y poder. Y si House of Cards ya demostró su fracaso intentando algo medianamente cercano a la vida real (por sólo mencionar un punto: la imposibilidad de que una persona gane todas las batallas), Scandal es la desilusión máxima para quienes disfrutan del mundo político en la vida real y pretenden encontrar un lugar para gozar de la realidad convertida en ficción.

Olivia Pope, la protagonista, es una mujer atractiva, inteligente, audaz. De profesión abogada, fue la secretaria de prensa de la campaña del actual Presidente republicano Fitzgerald Grant III y posteriormente su jefa de Comunicaciones de la Casa Blanca. Avanzada un poco la serie, Pope dejará el círculo más alto de poder para, usando sus contactos, formar O.P.A (Olivia Pope and Associates), una oficina que se dedica a “resolver problemas”. Los “gladiadores en traje” -como llama a los miembros de su equipo- deben estar siempre disponibles para, frente a cualquier situación y a cualquier costo, atender las necesidades de sus no siempre éticamente-intachables clientes.

La elegancia, elocuencia y perspicacia de Olivia hace que el público femenino se encante de su personalidad. Su influencia, astucia y capacidad de salir siempre intacta, independientemente del desastre que haya dejado en su camino, enamora a los hombres. Olivia es una heroína y un modelo a seguir.

Sin embargo, a poco andar, es fácil darse cuenta de las miles de facetas que tiene la protagonista, sus muchas contradicciones y su siempre latente sensibilidad/debilidad que capítulo tras capítulo pone en evidencia. Siempre corriendo para solucionar algún problema de terceros, tanto ella como el guionista olvidan (o intencionalmente desarrollan) una personalidad lejana y repulsiva.

Desde el principio de la serie, Pope predica insistentemente su misión como “sombrero blanco”, figura que emplea como metáfora de una suerte de justiciera moral, de correctora de abusos; no obstante, sus acciones y las de su equipo están lejos de ser éticas o responsables. Olivia no es casada ni tiene una relación, lo cual la deja en libertad para disfrutar de su vida amorosa y sexual a su antojo. Lamentablemente su elección -supuestamente con el corazón- es nada más ni nada menos que el Presidente del país más poderoso del mundo quien, además de estar casado y tener dos hijos, se muestra al mundo como un marido y padre ejemplar. Demás está decir que los asuntos privados no debieran influir en el público si se mantienen en esa esfera, pero el romance de los personajes va más allá del amor, cruzando todo límite cuando el “líder del mundo libre” comienza a tomar decisiones sobre la base de lo que hace, piensa o dice su amante.

Olivia Pope no tiene moral en los hechos -a diferencia de su discurso y auto-comprensión de sí misma- y cruzará cualquier límite para conseguir lo que busca. Incluso formar equipo con su padre, quien pertenece a una agencia ultra secreta financiada por el gobierno de los Estados Unidos y no dudará en eliminar (sí, matar) a quien se cruce por su camino.

Las primeras temporadas entretienen y dan tema para conversar en la sobremesa. Pero el personaje principal va perdiendo su fuerza que la hacía admirable y envidiable y se convierte en una mujer simple y ordinaria, vestida en trajes de miles de dólares, que toma vinos caros en exceso y sin mediar ocasión especial, que llora frente a cualquier circunstancia que la incomode y que debe gritar para hacerse escuchar. Sí, Olivia continúa solucionando problemas, pero a expensas de un público que ya no le cree ni comparte sus formas ni menos sus fondos para conseguir sus objetivos.

Scandal es una serie mediocre y sin ningún mensaje. Aparte del ministro de Justicia (Attorney General) quien resguarda al país con un mínimo de decencia, ética y servicio; la vicepresidenta, que es una caricatura de la bondad y rectitud; y la secretaria de Prensa -equivalente al vocero de gobierno- quien podría ser fundamental si no ocupara un cargo tan irrelevante en las democracias modernas como el de repetir ideas que producen otros, el elenco completo es un fiasco. Y no porque la política verdadera sea mucho mejor, sino porque al menos la ficción debe superar a la realidad cuando se trata de retratar a las personas que toman las decisiones que afectarán las vidas de millones de personas a lo largo de todo el mundo.

 

Pía Greene, periodista.

Scandal

Temporadas: 4
Capítulos: 69
Escritor: Shonda Rhimes
Dónde verla: ABC, Sony Entertainment
Calificación en IMDb: 7,9
Trailer: