Lo que vimos el lunes entre Hillary y Trump fue un show de televisión. Con muy poco contenido, pero con roles claros. La verdad es que hacía mucho tiempo que no me entretenía tanto viendo un programa de televisión como ese.
Publicado el 29.09.2016
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El día lunes vivimos el primer debate presidencial en Estados Unidos, que fue realmente una clase magistral de cómo hacer de la política una vocación entretenida y televisable. Es por eso que esta columna la dedicaré a analizar nuestros pobres debates presidenciales locales, que están a años luz de los que se dan allá en el país del norte (todo esto con mucho respeto por nuestros departamentos de prensa).

En Chile, los debates en general son bastante fomes y creo que esto tiene que ver con los paradigmas y la poca flexibilidad de nuestra televisión. También por la falta de conocimiento del rubro de algunos directores de los canales de nuestro país, realidad aún más notoria en el canal de todos los chilenos, donde no hay ningún miembro del directorio que haya visto o vea televisión en serio, acorde con la dignidad del cargo. En corta, los jefes del director de programación, Eugenio García, saben poco o nada del tema. Siempre me he preguntado qué hablarán en los directorios de TVN. Me imagino a un director cuoteado políticamente, comiendo galletas, tomando café y haciendo preguntas tan básicas para el mercado de la TV como cuántas casas tienen el aparato que mide el rating on line.

El día que el canal de todos los chilenos vuelva a ser el pionero de antes, el vanguardista, aquel TVN de Jaime de Aguirre o de Cortázar, volveremos a prender el canal 7. Pero por ahora ver la pantalla de TVN es lo más surrealista del mundo. No transmiten la Copa Davis pero transmiten campeonatos de atletismo de Estados Unidos. En fin, volviendo al tema que nos convoca, le pido al ministro Marcelo Díaz que le exija al directorio que vean el debate entre el magnate Trump y la ex secretaria de Estado. Y se lo pido sólo a TVN porque los otros canales tienen dueño. En cambio, como TVN se financia en parte con mis impuestos, entiendo que me pertenece un poquito.

El debate en Estados Unidos fue simplemente extraordinario, porque pusieron a un gringo encantador y con ritmo televisivo, una especie de Tomás Mosciatti o, más sencillo todavía, una especie de Julio César Rodríguez, los dos grandes comunicadores, cada uno para públicos distintos.

Pero ¿han visto algo más fome y sin ritmo que los debates en Chile? No lo digo yo, lo dice el rating, lo dicen ustedes. Los días que hay debates, en Chile baja la cantidad de televisores encendidos en un 15%. Y lo más dramático es que no sólo los políticos hacen que los debates en Chile sean malos y sin sangre, sino que los culpables son los canales y los iluminados que hacen las reuniones creativas. Qué pobreza y poca visión. Tema aparte es el lobby que hacen los periodistas para ser elegidos como el rostro que representará al canal. Eso lo he vivido, no me lo han contado.

Por eso en esta columna propongo barrer con lo que estamos acostumbrados a ver para estas ocasiones y los invito a soñar. Imaginen un debate conducido por Martín Cárcamo y Diana Bolocco en formato Vértigo. O un debate conducido por Julio César y mi musa, Fran García Huidobro, tipo Primer Plano, con Pamela Jiles haciendo las preguntas. Eso yo no me lo pierdo por ningún motivo. Pamela fue periodista de Informe Especial, es muy preparada, y creo que hoy hace farándula no porque necesite la plata, sino porque se entretiene.

Pensemos. ¿Qué le preguntaría Pamela Jiles a Ricardo Lagos? Tal vez hasta lo trataría de anciano, pero todos estaríamos esperando las preguntas de la periodista.

Bajemos a Mega y ahí sólo se me ocurre como moderadora mi otra musa, Paty Maldonado, acompañada de Kike Morandé, Álvaro Escobar o Jorge Zabaleta, pero en el personaje de Señores Papis (te pasaste Zabaleta, estás extraordinario, eres un grande).

Como directora general de este programa la gran Quena Rencoret, la mejor en mi humilde opinión. En el switch, el mejor director cuando de cámaras se trata, Cristián San Miguel. En los guiones a Francisco Bobadilla y Rodrigo Bastidas. ¿Y de TVN quién puede ser el rostro? ¿Iván Torres? ¿El francés del matinal? ¿Moisés, tal vez? ¿O algún actor de la repetición de Amores de Mercado? Difícil la cosa. Es realmente dramático ver cómo los rostros de TVN tienen que luchar para existir, no hay ningún trabajo para desarrollarlos. Queridos rostros de TVN, fuerza. Ya se irán los que creo nunca debieron haber llegado y llegarán ejecutivos que nunca hayan renegado de la televisión. De La Red me gusta Julia Vial, una periodista preparada y con algo que escasea: es de verdad, no hace ningún personaje, me gusta mucho su pega. Ella podría estar acompañada de Salfate. ¿Se lo imaginan haciéndole preguntas a Sebastián Piñera? Sería un lujo de momento televisivo.

Es entretenido esto de escribir, ya que uno puede soñar. Porque créanme que en los próximos debates estarán sentados los mismos de siempre. Y yo aún no sé cuál es la diferencia entre una pregunta de Álvaro Escobar o de Salfate o la de un periodista más formal de noticiero. Un buen entrevistador, según dicen quienes entienden de este negocio, es el que deja que el entrevistado se presente. Ahí tienen el ejemplo de Julio César con Rafael Garay, en esa entrevista que ya se ha repetido en todos los canales (felicitaciones JC por la cantidad de aciertos en SLB de VIVE VTR). En cambio sabemos que los rostrillos de prensa muchas veces quieren ser ellos los protagonistas del debate y lucirse con sus preguntas eternas.

Lo que vimos el lunes entre Hillary y Trump fue un show de televisión. Con muy poco contenido, pero con roles claros. La verdad es que hacía mucho tiempo que no me entretenía tanto viendo un programa de televisión como ese.

Ojalá el próximo año, cuando tengamos nuestro debates locales, nos despeinemos un poco y dejemos de hacer la misma lata de siempre.

PD: Se me había olvidado mi gurú Don Francisco. En el formato local creo que sería un tremendo notero para el debate. Imagínenselo ahí, entre el público, gritando entre cada pregunta ¿¡Dispara usted o disparo yo!?

 

Vasco Moulian, académico UDD.