Me pregunto qué pasaría si en el mismo formato del Cubo, en vez de tener personajes asociados al deporte, la farándula o la música, pusiéramos a un político, un Sergio Jadue, o a un Sebastián Dávalos. Ver en sus rostros lo que les provoca ver lo que han hecho o el sistemático rechazo que provocan en la ciudadanía. Ante dichos entrevistados no habría telenovela turca que venza a la realidad de la contingencia.
Publicado el 15.12.2016
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¿Alguna vez ha ido al psicólogo o al psiquiatra? Yo sí, y muchas veces. La primera vez me incomodé por esta persona que veía por primera vez y se metía en mi vida privada preguntándome de todo. Y esa fue la primera imagen que se me vino a la cabeza cuando vi el programa nuevo de Chilevisión llamado “El Cubo”. Recién van cuatro capítulos emitidos y mal no le ha ido en rating. Sí, pues ha estado segundo en el rating promediando 14 puntos, tras la aún “invencible” telenovela turca de Mega, Medcezir, que no baja de los 16 tantos.

Pero analicemos el formato de este programa que -según la prensa nacional- es inédito para la pantalla chica chilena, aunque la verdad es que es una adaptación de La Caja, programa transmitido en 2009 en España por Telecinco y que por bajo rating fue quitado de la parrilla.

La versión chilena es más bien un programa de entrevistas en profundidad, donde los invitados son sometidos a un escenario “particular”. En primer lugar, según lo detallado en prensa, el invitado llega al canal y es despojado de pertenencias hasta su ingreso a este famoso cubo: un lugar donde se encuentran solos, únicamente con cámaras robotizadas que captan sus reacciones. Una voz en off es la encargada de hacer las preguntas, guiar la conversación, intentando llegar a una situación íntima con los personajes.

Esta labor es a mi juicio uno de los puntos bien logrados de El Cubo, pues tras la voz está la periodista Diana Massis (conocida por un pasado programa de TVN, Hora 25), quien con un tono agradable, empatía y buen humor logra preguntar a los invitados sobre temas personales y, por qué no, delicados. Su línea periodística se nota, pues sabe de los entrevistados, sigue el hilo de la conversación entre lo que muestran en las pantallas y las respuestas entregadas por el individuo sentado en la silla. Otro elemento destacable es el trabajo del equipo de producción, ya que en cada uno de los capítulos tienen material de apoyo útil. Es más, tengo latente que en el capítulo anterior, Raquel Argandoña le pidió a Massis una grabación sobre el funeral de su padre que ella “no tenía”.

Cabe destacar que en la versión original habían ciertos componentes que hacían la propuesta más sabrosa y polémica. Primero la descripción del programa era ser “una terapia psicológica personalizada”, donde los invitados eran individuos con fuertes historias -como por ejemplo un hombre que perdió a su hijo, hija, nieto y su nuera en el accidente de Spanair en Barajas- y que eran sometidos a una serie de preguntas de corte más psicológico. Tal como si la persona estuviera en una terapia, pero vista por televisión por miles de personas.

Situación que provocó descontento masivo entre profesionales del ramo y por lo cual el Colegio de Psicólogos de Cataluña manifestó su molestia en forma pública, ya que el programa decía ser una “terapia psicológica personalizada”. Ante ello los profesionales argumentaban que una sesión “podía ayudar”, pero que no “sustituía el trabajo continuado de un psicólogo”.

Sinceramente, una versión más dura que la supuesta “realidad” que emite el programa de Chilevisión. Me pregunto qué pasaría si en el mismo formato del Cubo, en vez de tener personajes asociados al deporte, la farándula o la música, pusiéramos a un político, un Sergio Jadue, o a un Sebastián Dávalos. Ver en sus rostros lo que les provoca ver lo que han hecho o el sistemático rechazo que provocan en la ciudadanía. Ante dichos entrevistados no habría telenovela turca que venza a la realidad de la contingencia.

Porque hay que decir que el éxito de un capítulo depende casi exclusivamente del calibre del invitado y ahí hay que reconocer el trabajo del productor periodístico del programa, Paulo Galleguillos. Qué pega te has mandado, mis felicitaciones. Como digo arriba, eres el 90% del programa pues no es lo mismo tener a algún hombre o mujer X que al Chino Ríos de invitado.

Sin embargo, me gusta pensar en una televisión que dé para la conversación larga y con entrevistas en profundidad, tenía la idea de que El Cubo iba a ser algo diferente y en la forma lo es.

Frente a una voz de un hombre, tono seco o frío, quizás los invitados no responderían. Pero tienen una mujer empática, simpática, con bromas acertadas y que sabe cómo llevar al entrevistado. Lo hizo con el Chino Ríos y así sacó secretos y confesiones.

El saldo es positivo, pero ojalá no se le acaben los invitados. Porque para decir en los 80 ‘voy a tener un hijo con o sin libreta’, solo puedes ser única grande y nuestra, Raquel Argandoña. Gran invitada.

 

Vasco Moulian, académico UDD.