“Placer Culpable”, la crítica de TV de Vasco Moulian: Arturo Vidal, trovador del gol y Rodrigo Sepúlveda… me hicieron llorar

Publicado el 13.10.2016
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El martes Mega transmitió la última fecha de las clasificatorias para Rusia 2018 de esta ronda. Y un optimista Alberto Jesús López le dio a la estación un colchón de 25 puntos de rating, con 44,5 de promedio y un peak de 55,8. Como no, si estaba jugando Chile.

Puede ser que el estadio no se llene, pero la cantidad de televisores encendidos siempre arde cuando se trata de La Roja. Me cuesta contar la cantidad de cámaras que usó Mega para la transmisión, pero haciendo memoria y sin usar torpedo, creo que habían más de 12 y unos cuantos drones. La calidad de la imagen fue sencillamente extraordinaria. Las repeticiones cero falta. Y para los que no saben, repetir en el fútbol es muy difícil, pues hay un equipo que está guardando todas las imágenes y luego el director le dice “vámonos con esa toma”. Y como ustedes ya saben, no sólo vemos una toma, sino que vemos tres a cuatro repeticiones distintas.

En la transmisión hubo algunas repeticiones de plano cerrado, como por ejemplo una de Arturo Vidal poniéndose entre los ojos el corazón que suele hace con las manos cuando celebra un gol. Y aquí me quiero detener un ratito. Es que nombrar a Arturo Vidal me recuerda a Mel Gibson en Corazón Valiente. Ustedes dirán que soy un exagerado, que no es para tanto, pero no señores, no exagero. Porque yo vi la película de Mega del martes en la noche y, lo que ahí pasó, fue de una estructura dramática no apta para sistemas nerviosos como el mío. Un grande Arturo.

Cuando el árbitro da el pitazo inicial ya estábamos en 35 puntos de rating aproximadamente. Todo lo que iba sucediendo en el partido le jugaba a favor a Chile, a Pizzi y nuevamente a la casa televisiva de Vicuña Mackenna. Quiero pasar rápido al segundo tiempo, porque ahí había tres cámaras exclusivas para seguir a Arturo Vidal. Pero daba la sensación que eran más de 100. Todos sus gestos, las faltas, las muecas, las paradas de carro al árbitro y los goles eran capturados a la perfección. A esas alturas, por lo menos yo, lo único que quería ver a través de la pantalla era a Vidal. Es bien impresionante cómo todas las personas desde sus casas querían ver la misma película, con su único protagonista, porque no había actores secundarios. Insisto, lo único que queríamos ver era ese sueño colectivo del niño humilde que le ha ganado a la adversidad. La historia televisiva reciente la vimos en Primer Plano, S.Q.P, Intrusos, Mañaneros, y también en todos los noticieros de nuestro país. Cómo olvidar el bautizazo, el Ferrari chocado cerca de un casino y todas las otras que ya sabemos.

Hay que tener manos privilegiadas para contar la historia con más de 12 cámaras. Mis felicitaciones para Jorge Banderas por el gran trabajo de sus directores, camarógrafos, montajistas, utileros, productores y también sus mal llamados “rostros”. ¿Por qué mal llamados? Porque Rodrigo Sepúlveda no es sólo un rostro, sino que un tremendo periodista. Debo haber sido de los pocos columnistas en el país que disfrutó y se emocionó con el llanto de Solabarrieta en los Juegos Olímpicos de Atenas, cuando Massú y González ganaron medalla de oro. Pero a la familia del periodismo deportivo no le gustó. Al periodista elegante no le gusta la exageración de las emociones y es ahí donde yo discrepo. Cuando van en el minuto 80 y hay un relato que dice “¡Golazooo de Chile, mierda!”, a mí me parece emocionante, extremadamente emocionante. Y más me quiebra saber que hay un comentarista que no quiere hablar para que no se le vaya a notar que está llorando con lo ocurrido en la cancha. Eso fue lo que le pasó a Rodrigo Sepúlveda, me pasó a mí y me imagino que a usted que está leyendo. Qué tiene de malo que un político se ponga a llorar, qué tiene de malo que una profesora se ponga a llorar, o que un militar se ponga a llorar. No tiene nada de malo, todo lo contrario, no hay nada más maravilloso que ver en la pantalla a un ser humano, que además es periodista, llorando como un niño porque se produjo el milagro. Arturo Vidal, trovador del gol y Rodrigo Sepúlveda… me hicieron llorar.

Antes que se me olvide, felicitaciones a Felipe Bianchi por su aterrizaje en el departamento de prensa del señor Heller. Debo reconocer que soy un fanático del trío al que le tocará transmitir las clasificatorias para el mundial.

 

Vasco Moulian, académico UDD.