Destellan sus cortes únicos, como las carnes maduradas de Wagyu (el lomo vetado es un verdadero placer), los cortes de Angus y otros deleites para los carnívoros. Los puntos de cocción siempre a la perfección (manejan cinco niveles) y destacan cortes inusuales como el de la Costeleta, y trozos con hueso que siempre involucran más pericia (y sabor) a la hora de involucrarlos con el fuego, como el siempre complejo asado de tira.
Publicado el 30.11.2017
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A veces se concita una injusta valoración. A veces el chef es estrella y el parrillero una suerte de nigromante, apenas un hierofante encargado de las brasas, casi una dicotomía entre Hefesto y Apolo. En este caso no nos queda sino aplaudir el trabajo silencioso y quitado de bulla de Daniel Galaz, un cocinero que encarna la figura del chef-sacerdote de tomo y lomo. Hemos asistido recientemente a este comedor para constatar que el “chef” maneja bien la cocina y además toma parte en las artes del fuego en esta elegante parrilla que también tiene propuestas nuevas al cumplir una década desde que encendió sus fuegos.

Destellan sus cortes únicos, como las carnes maduradas de Wagyu (el lomo vetado es un verdadero placer), los cortes de Angus y otros deleites para los carnívoros. Los puntos de cocción siempre a la perfección (manejan cinco niveles) y destacan cortes inusuales como el de la Costeleta, y trozos con hueso que siempre involucran más pericia (y sabor) a la hora de involucrarlos con el fuego, como el siempre complejo asado de tira. Pero en los contornos de la proteína también hay joyas. Como su risotto de tres cebollas o el maíz con queso azul. Este es el “desde” de su propuesta. Esta temporada buscan convocar a un público más amplio con algunas acertadas inserciones dentro de su carta, partiendo por un puñado de vistosos cocteles que utilizan con acierto y frescura destilados como tequila, mezcal, bourbon y vodka con agradables resultados. De entrante probamos un Loly Pop de camarones con salsa de naranja, donde la esfera de carne de camarón se alinea bien con algunas notas dulces de la salsa con la que se involucra. Otro que saca aplausos es la pieza de Foie Gras sobre pan brioche casero, membrillos y salsa de zarzaparrilla. Sabrosa y delicada crueldad donde el hígado del pato se muestra sabroso, delicado y los soportes (pan, membrillo y también toques de maracuyá) son un agradable refuerzo de este insumo que acá optan por maridarlo con un Pajarete (Armidita) emulando un maridaje clásico (con Sauternes), pero en clave nacional. Bien por ello. El resultado es espléndido.

Para los que buscan pasar de las proteínas terrestres, la propuesta de la casa son unos Papardelle caseros con mariscos. Pero acá se congrega lo más selecto o refinado de nuestra costa. A saber, centolla, loco y, cuando la veda lo permite, pulpo. La pasta untuosa, con una base muy al estilo al burro, a la mantequilla, donde cada insumo coquetea con el carbohidrato de manera deleitosa.

Si buscan más sorpresas, esperen a ver en su mesa el desembarco de una tremenda Hamburguesa Ox, que no es otra cosa que casi 300 gramos entre carne, terrina de foie, cebolla caramelizada y con un contorno de papas rústicas, coleslaw y kétchup casero. La mezcla de la hamburguesa involucra carne de vacuno en una alianza con bratwurst, que le da una textura más compacta y aporta intensidad en cada bocado que se equilibra bien con la coleslaw, que con su nota más fresca y ligeramente cítrica llama al consenso, al equilibrio en el paladar.

Si aún queda espacio, no pierdan la oportunidad de probar la Pannacotta con berries que despacha esta “parrilla”, que es mucho más que hecatombes y fuego sobre proteínas en la ancestral danza entre fuego y carne.

En esta década, Ox ha demostrado que sabe combinar fuego, materias primas y fineza. Una parrilla perfecta.

Ox. Nueva Costanera 3960, Vitacura (ver mapa). Tel. 22 799 0260 y 22 799 0261. Más información en oxrestaurant.cl